El estilo y la voz de Polenzani

El tenor de Illionois arrasa en el Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela

Matthew Polenzani acompañado del pianista Julius Drake
Matthew Polenzani acompañado del pianista Julius DrakeRafa MartínRafa Martín

Obras: Lieder y canciones de Schubert, Schumann, Poulenc e Ives. Músicos: Matthew Polenzani, tenor. Julius Drake, piano. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 14-XII-2020.

Un claro triunfo ha cosechado este tenor norteamericano (1968) en lo que suponía su presentación en el Ciclo de Lied del CNDM. Es cantante de clase, dotado de una buena técnica de emisión. Logra largas frases, lo que demuestra un fiato bien trabajado, y, particularmente, domina el manejo del falsete y del “falsettone”, no tanto la de la media voz pura. Hay, sin embargo, un punto, y este es muy subjetivo, el de la calidad del timbre. La voz suena ligeramente pecorina, con un vibratillo no siempre agradable, es muy clara y penetrante, dotada de un metal brillante pero no confortable, Abusa de sonidos algo abiertos, aunque, y eso lo demostró, por ejemplo, en el segundo bis, una canción -dicha en inglés- de Rachmaninov, puede alcanzar la zona aguda (La natural) a plena voz con adecuada proyección.

Por momentos, su voz nos recordó lejanamente a la del tenor alemán Peter Schreier, fallecido hace unos meses. Con todo ese bagaje Polenzani nos ofreció un recital ameno y de buen nivel. Quizá lo menos afortunado fuera Schubert, de quien cantó cinco lieder. En “Im Frühling” puso de manifiesto ya sus sonoridades muy en punta y también su facilidad para los reguladores, bien que, dada la naturaleza de su instrumento, aquí, como en casi todo el recital, echáramos de menos el claroscuro.

Musitó delicadamente “Ständchen” e “Im Abendrot “y nos situó en la línea de salida para los nueve breves lieder del “Liederkreis op. 24” de Schumann, servido con devoción. Nos quedamos con los excelentes contrastes y la acentuación aplicados a “Es treibt mich hin”. Y con la afortunada coloración dada a “Lieb’ Leibchen” y el apasionamiento desplegado en “Warte, warte, wilder Schiffmann”. Apacible en “Berg’ und Burgen schau’n herunter” y corajudo en la pieza que remata el ciclo, “Mit Myrten und Rosen”.

Cambio total de tercio para acometer las seis bienhumoradas “mélodies” de “Fiançailles pour rire” (“Esponsales de risa”) de Poulenc sobre significativos poemas de Louise de Vilmorin. Especialmente destacada la interpretación que el tenor hizo de “Il vole”, donde estuvo ágil y poniendo toda la carne en el asador; y matizó a conciencia “Mon cadavre est doux comme un gant”. Subrayó bien el toque abiertamente cómico de “Violon” y desgranó lenta y cadenciosamente “Fleurs”. Tres canciones muy contrastadas de Charles Ives, una faceta que se conoce poco del compositor americano –que, sin embargo, como recuerda Martín Bermúdez en sus sucintas notas, publicó un libro con 114 piezas- y que dieron pie a Polenzani para mostrar sus habilidades ligeramente histriónicas. Y siempre acompañado magníficamente por el piano de Julius Drake, hábil, seguro, expresivo, colaborador, matizado al máximo.