Crítica de “El padre”: un Hopkins inolvidable ★★★★✩

Anthony Hopkins y Olivia Colman en "El padre", que llega esta semana a las salas españolas
Anthony Hopkins y Olivia Colman en "El padre", que llega esta semana a las salas españolasLa Razón (Custom Credit)

Director: Florian Zeller. Guión: F. Zeller, Christopher Hampton (Obra: Florian Zeller). Intérpretes: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Imogen Poots. Reino Unido, 2020. Duración: 97 min. Drama.

La emoción contenida durante una hora y media de metraje se derrama, desoladora, con una certeza y pena brutales, durante los últimos compases de la excelente película con la que debuta en la dirección Florian Zeller, que adapta en el filme su propia obra teatral; y una procedencia que jamás enmascara y que en absoluto lastra a la cinta. Como en «Dublineses» (John Huston, 1987), aquella pieza delicada y maestra en la que parecía que no pasaba apenas nada hasta que las puertas de la memoria se abrían de par en par, los instantes postreros de «El padre» condensan la tragedia, resumen el dolor, el miedo ante todo lo contrario; sí, en este caso, a olvidar lo que parecía que no olvidaríamos jamás.

Abarcan, en fin, una vida que se aleja entre brumas, el tan maldito e inexorable paso del tiempo y la cercanía, al cabo, de la muerte. Anthony (Hopkins, pocas veces un actor ha sido merecedor de un Oscar tanto como él por este sobrecogedor trabajo; hasta hoy fue nominado ya a cuatro, solo lo ganó por «El silencio de los corderos»), un hombre de 80 años culto, inteligente, sarcástico, decidido a seguir viviendo solo, ese tipo de inglés que no entiende qué hace todavía en pijama cuando ya dieron las siete de la tarde, rechaza con metódica rotundidad todas las cuidadoras que su hija Anne (notabilísima Olivia Colman) intenta contratar para que lo ayuden en casa. E inventa el inexistente robo de un reloj, por ejemplo, o el deseo, también imaginario, de que alguien piensa en robarle el reloj cuando este aparece. Él prefiere oír música clásica, cenar una vez y otra pollo, hasta que, un día, las piezas del rompecabezas no ajustan y aparecen personajes extraños y desconocidos que nadie invitó.

De vez en cuando, en medio del paulatino caos, se le viene a la mente aquella chica que no ve desde hace años y tan querida. Quizá vaya pronto a visitarlo mientras se preguntan por qué demonios vuelve de nuevo Anne a presionarlo con lo de buscarle compañía. Además, ella se ha enamorado de un francés y piensa cambiar Londres por París. Pero sufre porque parece que al anciano comienza a jugarle malas pasadas la mente, que confunde historias y a los protagonistas. Espléndidamente orquestada y con dos interpretaciones memorables, esta nueva y elegante inmersión cinematográfica en el mundo de la demencia senil resulta inevitablemente conmovedora, dura y real. Sobre todo, como decíamos, durante los últimos minutos de metraje, cuando alguien desesperado ya únicamente puede llamar a su madre.