La valentía del arte: Pinault abre un museo en plena pandemia

La pudiente familia parisina se atreve con su nueva pinacoteca, situada en la antigua Cámara de Comercio de la capital francesa

GRAF6705. PARÍS (FRANCIA), 07/10/2020.- Vista interior del futuro museo parisino del magnate francés François Pinault, que se inaugurará en enero. El magnate francés François Pinault, fundador del grupo del lujo Kering, anunció este miércoles que su museo parisino, dedicado al arte contemporáneo y con sede en la antigua Bolsa de Comercio, se inaugurará el próximo 23 de enero. EFE/Agencia Claudine Colin/SÓLO USO EDITORIAL/NO VENTAS
GRAF6705. PARÍS (FRANCIA), 07/10/2020.- Vista interior del futuro museo parisino del magnate francés François Pinault, que se inaugurará en enero. El magnate francés François Pinault, fundador del grupo del lujo Kering, anunció este miércoles que su museo parisino, dedicado al arte contemporáneo y con sede en la antigua Bolsa de Comercio, se inaugurará el próximo 23 de enero. EFE/Agencia Claudine Colin/SÓLO USO EDITORIAL/NO VENTASAgencia Claudine ColinEFE

Si la situación sanitaria lo permite, el próximo 23 de enero se inaugurará, en pleno centro de París, la Bourse de Commerce-Pinault Collection: un fastuoso museo, situado a dos manzanas del Louvre, que acogerá la colección del multimillonario François Pinault, y que ha sido diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando. La meándrica historia de este proyecto se remonta a 1984, cuando Pinault decidió crear un espacio en la capital francesa que le permitiera mostrar su prestigiosa colección de arte.

Tras fracasar el intento de reconvertir una antigua fábrica de Renault en un espacio artístico de primer nivel, el proyecto ha encontrado por fin su sede adecuada en un edificio del siglo XVIII dedicado a la venta de cereales. La importancia que tiene la inauguración de esta nueva institución artística es doble. En primer lugar, supone mostrar públicamente una de las cinco mejores colecciones de arte moderno y contemporáneo, integrada por más de 2.500 obras firmadas por artistas como Pablo Picasso o Joan Miró.

Pinault, además, está considerado como la tercera fortuna de Francia, con un patrimonio valorado en 30.500 millones de dólares. A través del holding Artemis, administra 60 empresas pertenecientes al sector de la comunicación (le pertenecen el diario «Le Monde» o la revista «Le Point») y del lujo (suyas son marcas de prestigio mundial como Gucci, Balenciaga o Yves Saint Laurent). Pero –y he aquí su principal relación con el mundo del arte–, Pinault es dueño de Christie’s, la célebre casa de subastas que también es la más importante del planeta si atendemos a sus cifras de facturación anuales. Solamente por este hecho, el empresario francés constituye una de las figuras más influyentes del universo artístico, controlando dos de los sectores más determinantes en la definición del rumbo del mercado: el del coleccionismo y el de las subastas.

Pinault es mucho Pinault, pero el alcance de la Bourse de Commerce no se explica exclusivamente por el currículum mareante de su impulsor. Sumado a esto, no debe obviarse el contexto en el que nos encontramos: en pleno desarrollo de la tercera y más virulenta ola de la pandemia que asola el mundo. Allá por el mes de mayo, los expertos en arte pronosticaron que, a consecuencia de la crisis de la COVID-19, uno de cada cinco museos menguaría en estructura, y uno de cada diez centros de exposición cerraría sus puertas.

Son malos tiempos para las instituciones museísticas: sin apenas turistas o con una agenda muy limitada, sus ingresos por visitas han decrecido hasta la insignificancia y, con ello, sus enteros modelos de funcionamiento y de programación. Exposiciones canceladas, trabajadores despedidos, políticas de adquisiciones que han saltado por los aires… El mundo del arte, tal y como lo conocíamos, ha quedado en suspenso y no sabemos cuánto tardará en volver. De ahí que un acontecimiento como el de la inauguración de la Colección Pinault constituya algo más que la única buena noticia en varios meses dentro del mundo de arte. En rigor, se trata casi de un milagro, de un hecho a contracorriente, desafiando el espíritu de catástrofe y desolación que circula por las arterias de la cultura.