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Crítica de “In fabric”: noches de rojo satén ★★★★✰

"In fabric", de Peter Strickland, llega a España tres años después de que viera la luz
"In fabric", de Peter Strickland, llega a España tres años después de que viera la luzLa Razón (Custom Credit)

Dirección y guión: Peter Strickland. Intérpretes: Marianne Jean-Baptiste, Sidse Babett Knudsen, Caroline Catz, Julian Barratt. Reino Unido, 2018. Duración: 118 min. Terror. Movistar +

En esta hilarante mezcla de «giallo» y episodio de la serie «Thriller», sazonado con sardónicos homenajes al realismo social británico, el secreto está en la salsa. Una premisa imposible (un vestido asesino, de color «rojo arteria») se abre paso con descaro entre las ruinas de una sátira sobre la sociedad de consumo, en la que unos grandes almacenes ofician de secreto templo satánico con sacerdotisas-dependientas que hablan como catálogos de moda escritos por un letraherido decimonónico y los encargados de un banco intimidan a una de sus empleadas con el inquisitivo deseo de minar su autoestima. Doctorado en majestuosos ejercicios de estilo, Peter Strickland utiliza su sofisticada poética, perversa y sensual, hecha de sutiles rimas y duplicidades, para dejar en cueros los pecados del capitalismo. Strickland es un impagable creador de atmósferas, y así lo demuestra en secuencias tan bizarras como el ritual de limpieza de un maniquí con pubis humano, a la vista de un masturbador que llega al clímax en dos planos que hermanan, ojo, eyaculación y menstruación. Desafiando la noción de verosimilitud con una insolencia entre solemne e irónica, «In Fabric» es de esas películas que funcionan como eficaz antídoto a la indiferencia. Cierto es que pierde algo de fuelle en su segunda parte, cuando el reparador de lavadoras, que parece recién salido de una vieja «sitcom» de la BBC, coge el testigo de Miss Corazón Solitario, pero cómo no admirar un filme que es más brillante que una noche de rojo satén.

Lo mejor

Fatma Mohamed, con su acento centroeuropeo y su retórica de bruja de la moda

Lo peor

Lamentablemente, el final no está a la altura de la premisa de la que nace el filme