Crítica de “Mi niña”: El síndrome del nido vacío ★★✰✰✰

Sandrine Kiberlain en un fotograma de la película "Mi niña"
Sandrine Kiberlain en un fotograma de la película "Mi niña"ImdbImdb

Dirección y guión: Lisa Azuelos. Intérpretes: Sandrine Kiberlain, Thaïs Alessandrin, Arnaud Valois, Yvan Attal, Patrick Chesnais. Francia, 2019. Duración: 85 minutos. Comedia.

Dice Lisa Azuelos que la inspiración para rodar “Mi niña” le vino de aquella preciosa escena de “Boyhood” en la que Patricia Arquette rompe a llorar cuando su hijo se va a la universidad. En aquellas lágrimas notábamos el peso del tiempo, la sensación de fracaso, la frustración de ese divorcio entre alguien que ha vivido mucho y alguien a quien le quedan por disfrutar unas cuantas primeras veces. Intentamos percibir algo de la autenticidad de ese momento y ese personaje en la crisis de esta madre ejemplar, parisina, divorciada y dueña de un restaurante, que se enfrenta al abismo del nido vacío cuando se entera de que su hija ha sido aceptada para estudiar en la Facultad de Bellas Artes de Montreal. Lo intentamos sin éxito, porque aquí el buenrollismo de reportaje de suplemento dominical impregna cada gesto, cada supuesto gag sobre los desfases generacionales, cada mueble, cada amante, maduro y/o adolescente.

La película es enormemente benévola con su protagonista, que ha renunciado a sí misma para cuidar de sus hijos y de su padre enfermo, y a la que Lisa Azuelos dedica unos cuantos flashbacks presuntamente amables, para que el espectador empatice con sus esfuerzos de madre liberal y atareada cuando sus retoños aún eran alumnos de primaria. La directora no puede evitar la tentación de caer en el clip musical plagado de sonrisas y chupetes. Teniendo en cuenta que la hija que se nos va está interpretada por la propia hija de Azuelos, que a su vez ha colaborado en el guion, podemos inferir que “Mi niña” tiene mucho de autobiográfico. Tal vez por eso la película resulta tan autocomplaciente, tan impostadamente luminosa. La que se lleva la mejor parte es Sandrine Kiberlain, que, en sus mejores momentos, deja intuir a la Kristen Wiig que lleva dentro, con una energía cómica digna de una más atrevida empresa.

Lo mejor

La oportunidad de disfrutar de la vis cómica de Kiberlain

Lo peor

Cuando uno piensa en la autenticidad de la madre de “Boyhood”, el alma se le cae a los pies