Caso Charles Manson: toda la verdad sobre el crimen más sádico

Cuando se cumplen 50 años de los asesinatos de Sharon Tate y otras cuatro personas, aparece en español «Helter Skelter», la narración del caso, y el libro «Manson, la historia real».

De izda. a dcha., tres de las cinco víctimas del asesino en Cielo Drive: Wojciech Frykowski, Sharon Tate y Steven Parent
De izda. a dcha., tres de las cinco víctimas del asesino en Cielo Drive: Wojciech Frykowski, Sharon Tate y Steven Parent

Desconfiamos cuando un libro (y no digamos una persona y ni hablar de un político) nos promete la verdad, luego es normal enarcar las cejas cuando dos libros con teorías divergentes nos anuncian que la tienen sobre un caso tan alucinante como los crímenes de la Familia Manson. Pero, en el 50 aniversario de las matanzas que se cobraron las vidas de al menos ocho personas salvajemente asesinadas, acaban de publicarse dos volúmenes que se asoman a la mente de un criminal que fascinó al mundo. El primero es la «versión oficial» de la investigación, pero sin ninguna duda la mejor fuente: «Helter Skelter» (Contra) incluye 800 adictivas páginas con el relato del fiscal que encarceló a Manson y logró la pena de muerte para sus secuaces, Vincent Bugliosi. El segundo, «Manson. La historia real» (Roca) es obra de Tom O’Neill, un periodista que, tras 20 años obsesionado con los hechos, ha tratado de dar forma a la «teoría de la conspiración» del caso. Pero hay más. Tarantino ha ambientado su filme «Once Upon a Time In Hollywood» en el fatídico año 69 y la nueva temporada de «Mindhunter», serie que produce Charlize Theron y dirige David Fincher, toma a Manson como «leit motiv». Todo con un afán imposible en 2019 pero condenadamente entretenido: conocer la verdad del caso Manson.

Incapacidad policial

Si la verdad es inasible, podemos recordar, al menos, los hechos. El primero es la endeblez de la investigación: todas las pruebas condenatorias fueron circunstanciales o testimoniales, pero casi ninguna material. La Policía de Los Ángeles (LAPD) fracasa estrepitosamente en el rastreo de la escena y de los sospechosos. Un departamento perezoso e incompetente que, por otra parte, tampoco tiene opción porque las dos masacres (la de Sharon Tate y otras cuatro personas y la segunda, el matrimonio LaBianca) dejan una carnicería mayúscula y pruebas físicas nimias. Cuerpos cosidos a puñaladas, letras pintadas con sangre en las paredes, disparos y ahorcamientos... y nada. Ahí es donde reside el componente adictivo del volumen clásico, en cómo se arman las piezas para construir una acusación. Los hechos se despliegan como una trama policial, judicial, filosófica, como un «thriller» real en toda regla.

En esta historia todo el mundo miente sobre su edad y sus apellidos, todo el mundo tiene un apodo o dos y graves problemas de memoria y de humor. No recuerdan cuando son preguntados, ríen a carcajadas y a destiempo y sostienen teorías delirantes con aplomo. La mayor parte de los implicados tienen encefalograma plano y es su estupidez la que les condena. El caso comienza a construirse por una completa casualidad. Susan Atkins, presa en la cárcel por otro asesinato, confiesa a una interna que ella participó en la matanza de Tate. Así descubren el rancho donde se ocultan Manson y los suyos, donde guardan el botín de sus robos y llevan a cabo sus orgías. Cuando llegan los agentes, se topan con «hippies» de 20 años medio desnudos que viven en lo que ha sido el decorado de varios westerns, cantina incluida. El propietario, medio ciego, les cobija porque una de las chicas se convierte en su concubina. Hallan una anciana acurrucada dentro de la caseta del perro y a dos bebés con quemaduras por el sol. En la furgoneta que les lleva detenidos, cada palabra de Manson es contestada por un «amén» del resto. Fue fichado por el LAPD como «Manson, Charles; alias Jesucristo, Dios».

Bugliosi comienza a adentrarse en las historias de un harén lunático y criminal, a abrirse paso en una maraña de alucinaciones. La historia del poder mental de Manson se ha contado muchas veces pero sigue pareciendo inverosímil. ¿Cómo es posible que un hombre logre que cuatro personas maten inocentes –entre ellos, una embarazada– por él? Resulta inconcebible. Sin embargo, el libro construye la fascinante psicología de Manson, abandonado por su madre, hecho que alimentó su misoginia y racismo hasta una sociopatía total. Su primera detención, por atraco a mano armada, se produjo con 13 años. Hasta la treintena solo conocerá el correccional o la prisión, donde ingresa parece, casi a propósito. Manson no sabe vivir fuera de una institución y desarrolla una increíble capacidad de supervivencia en entornos hostiles, una resiliencia mental que contrasta con su escasa estatura, en torno al metro sesenta. En prisión aprenderá algo de filosofía oriental, de Cienciología, algo de la Biblia y de sabiduría carcelaria. Suplicará para que no le pongan en libertad. También hará contactos que le permitirán convertirse, en los escasos momentos de libertad, en proxeneta. Recluta chicas engañadas, nunca con violencia. Durante una década perfecciona todos los talentos de una perversa mente controladora, con una capacidad para obtener información y leer en el interior de los desconocidos que solo tienen los trileros y tahúres. Sus dotes de embaucador, su cháchara espiritual, se completarán con la llegada del LSD.

Matar a Tom Jones y Sinatra

Manson fue un músico con alma de proxeneta o quizá mejor al revés. Sus sueños musicales fueron frustrados por Terry Melcher, importante productor e hijo de Doris Day al que conoce por medio de Brian Wilson (batería de los Beach Boys), cuya mansión invade la recién formada Familia Manson. Wilson se gastará 100.000 dólares en alimentar, vestir y curar la gonorrea a estos hippies antes de echarlos de su casa. La vivienda donde murió Sharon Tate era la de Melcher, quien rechazó las canciones de Manson, pero la elección del escenario no fue un error. Manson ya sabía el el productor musical, el «cerdo» por partida doble, como miembro del establishment social y cultural, no vivía allí.

Despreciaba a los negros, pero pensaba que había llegado la hora de su revolución, el Helter Skelter. ¿Cuál era su plan con los asesinatos? Sembrar el pánico, favorecer la represión blanca y la consiguiente revuelta de los afroamericanos, mientras él y su familia se refugiaban en un búnker en el desierto del Death Valley y se reproducían hasta alcanzar las 144.000 personas. Esa cifra se obtiene de las 12 tribus de Israel, tal y como aparecen mencionadas en el Apocalipsis 7, integradas cada una por 12.000 individuos. Para ello, Manson y su tropa ya estaban buscando un «pozo del abismo» en el desierto que les conduciría a un paraíso subterráneo donde ocultarse hasta que pasase el Helter Skelter. Un absoluto delirio.

Esto nos conduce a la mayor inspiración de Manson, The Beatles. Su «White Album» apareció un año antes y le obsesionó. En él estaba incluido «Helter Skelter», pieza angular de su alucinada cosmogonía. Casi todas las 30 canciones del disco estaban repletas de mensajes ocultos que resonaban en su cabeza. «Rocky Racoon» hablaba de los «coon» (negros) y «Sexy Sadie» contenía la prueba de que los de Liverpool y él hablaban el mismo idioma, pues él había rebautizado a Susan Atkins (tal era su poder) como Sadie Mae Glutz. «Blackbird» habla de un pájaro con las alas rotas que trata de volar en la noche. Manson lo interpretaba como el levantamiento de los negros. Por eso, la palabra «rise» apareció pintada con sangre en la escena de los crímenes. Otro término era «pigs» (cerdos), con el que asimilaba a la clase dirigente y que también tenían su canción, «Piggies», en la que Los Beatles describen a los cerditos llevando vidas humanas. La letra dice que salen a cenar y agarran sus cuchillos y tenedores para comer beicon. Vayamos al escenario del crimen de los LaBianca: Leno fue hallado con doce puñaladas, y siete perforaciones con un tenedor, que se quedó hundido en su estómago. En el cuello apareció clavado un cuchillo de carne. En la pared escribieron con su sangre «Muerte a los cerdos».

También escuchaba mucho otras dos canciones: en «Revolution 1» hay un detalle curioso: la letra acreditada dice: «Dices que quieres una revolución / bueno, mira / todos queremos cambiar el mundo (...) / si hablas de destrucción / ya sabes que puedes descartarme». Sin embargo, en la letra cantada, una voz en segundo plano dice lo contrario. «Revolution 9» incluye sonidos de metralletas y gente gritando y hacía alusión, en la retorcida psique de Manson, al Apocalipsis 9. Por estos desatinos, Manson interpretaba que los Beatles le estaban diciendo que era la hora de llevar a cabo su plan mesiánico. Los de Liverpool eran los cuatro jinetes del Apocalipsis. El libro da cuenta del juicio y su maldición: dos abogados defensores aparecieron muertos en extrañas circunstancias. El resto se arruinaron. Los miembros del jurado, que permanecieron en aislamiento el tiempo récord de 228 días, recibieron asistencia psicológica. También deja un último detalle: los planes de la Familia para asesinar a Elizabeth Taylor y Richard Burton con un cuchillo incandescente que usarían para extraerles los ojos. A Tom Jones le obligarían a mantener relaciones sexuales y le rebanarían la garganta en el momento del orgasmo. Steve McQueen y Frank Sinatra serían los siguientes. Se lo había dicho una voz, la de Charles Manson.

El FBI, cómo no

Como en toda historia que se precie que transcurra en EE UU, es obligatorio que aparezca el FBI. Lo hace en el relato de Tom O'Neill, que le ha ocupado 20 años de investigación, y que sugiere que Manson fue parte del programa secreto del MKULTRA, orientado al control mental para adiestrar asesinos usando el LSD, que, se pensaba, permitía aumentar las capacidades mentales. Resumiendo muhco un libro que le llevó 20 años de infructuosa investigación, Manson habría disfrutado de la vista gorda de la policía hasta que, al considerarlo peligroso e inestable, le habrían cargado el mochuelo la conspiración. Cabe recordar que Manson no mató a nadie en realidad.

Hitler y el control mental

Manson simpatizaba con Hitler y con Jesucristo. Aseguraba haber vivido hacía casi dos mil años y haber muerto en la cruz. Tuvo una iluminación de LSD y desde ese momento se cambió el nombre. Pasó a ser Charles Willis Manson, que, pronunciado muy despacio, se convierte en Charles’ Will Is Man’s Son, es decir, que su voluntad era la del Hijo del Hombre, una autoproclamación como enviado de Cristo. La Familia eran los cristinaos y el “establishment”, los romanos. Sobre sus tácticas de control mental, un testigo cuenta: “Si era una chica poco agraciada, le decía que era preciosa. La controlaba con el sexo. Si tenía una fijación con el padre, él ocupaba ese lugar. Si estaba perdida, él era el líder. Tenía talento para detectar y sacar partido de los complejos o deseos de las personas. Y cuando eso no bastaba, utilizaba el miedo. Decía que el miedo te permite vivir en el ahora, y que cuanto más mideo tienes, más consicente eres. Por eso la muerte era bella, porque era la primera causa de miedo. Quería infundírselo a toda la sociedad”.