Dudamel convulsiona el Liceo

El director venezolano muestra su cara más inspirada en el coliseum cultural de la ciudad condal

Carlos Álvaret (Yago) y Gregory Kunde (Otello) en uno de los ensayos
Carlos Álvaret (Yago) y Gregory Kunde (Otello) en uno de los ensayosDavid Ruano David Ruano

Obra: “Otello”, de Verdi. Director musical: Gustavo Dudamel. Director de escena: Amélie Niermeyer. Intérpretes: Gregory Kunde, Carlos Álvarez, Airam Hernández, Francisco Vas, Felipe Bou, Fernando Latorre, Krassimira Stoyanova, Mireia Pintó. Teatro del Liceo, 27-III- 2021.

El director musical Gustavo Dudamel tuvo un importante éxito con Il Trovatore de Verdi en versión de concierto al inicio de esta compleja temporada 2020-2021 del Gran Teatro del Liceo, y ahora, con este Otello no solo convence al público barcelonés de su valía sino que ha llevado a la Orquesta Sinfónica y el Coro del Liceo y a un gran nivel de excelencia. Una dirección de musical que pasó de la explosión musical de la llegada de Otelo al puerto de Chipre a pasajes exuberantes y otros de sutil y delicada elegancia. Destacó especialmente la conjunción y el cuerpo impreso a las cuerdas y la calidad sonora de los vibrantes metales y cuidados vientos. Aunque en ocasiones se demorase el director venezolano en unas pausas un tanto excesivas. Desde el punto de vista vocal ha sido un lujo contar con el estadounidense Gregory Kunde como un Otelo de gran presencia escénica. Su timbre broncíneo y de potente emisión y muy destacados agudos a pesar de que ya va cumpliendo años. En un rol donde no existe en la actualidad una verdadera competencia y con el que fue premiado con la más aplaudida y larga ovación de la noche junto a Dudamel y Álvarez.

Kunde solventó con gran eficacia tanto el “Esultate” inicial como un memorable “Niun mi tema” antes de darse muerte al tras haber asesinado a su adorada esposa carcomido por los celos. A su lado destacó muy especialmente el Yago de Carlos Álvarez, un rol del que también ha obtenido numerosos éxitos por todo el mundo y que domina a la perfección. Álvarez es capaz de llevar las riendas de la acción dramática desde los más angostos recovecos de su alma perversa. Un personaje mezquino y ególatra cuyas aspiraciones se concretan en ese inmortal “Credo en un Dio crudele” con el que le dotó Verdi y que el barítono malagueño hizo una vez más suyo en esta excelente recreación del personaje. Una gran actuación canora y actoral especialmente en esta minimalista y más bien discreta producción de la Bayerische Staatsoper de Múnich que el Liceo hubo de alquilar de última hora por culpa de la pandemia.

Krassimira Stoyanova y Greg Kunde en su representación de la ópera ’Otello’ en el Liceu
Krassimira Stoyanova y Greg Kunde en su representación de la ópera ’Otello’ en el LiceuDavid RuanoDavid Ruano

La Desdémona de Krassimira Stoyanova brilló por la calidez y el volumen de su bello timbre, en una interpretación muy destacada de la infeliz esposa del general moro. Lástima de un vestuario y una puesta en escena que la mantuvo en segundo plano casi permanentemente y sin ningún atractivo especial hacia el personaje que se presenta como el de un matrimonio burgués. Stoyanova cerró su actuación con una emotiva “Canción del sauce” y una inspirada “Ave maría”. Muy destacada por su parte la labor de Airam Hernández como Casio con una interpretación elegante y muy cuidada del personaje y la de Mireia Pintó como una excelente Emilia. Muy correcto el resto del reparto y merece una mención especial el trabajo del excelente y amplio Coro del Liceo.

La propuesta escénica de Múnich -en vez de la programada del Covent Garden-, con dirección escénica de Amélie Niermeyer no aportó nada especial, más bien dejó desdibujada y desnuda esta universal trama shakesperiana. Una escenografía basada en una grande y desangelada habitación oscura para la mezquina trama de Yago y el ofuscado Otelo y otra habitación idéntica pero menor y blanquecina, al fondo, para una Desdémona aburguesada. Una propuesta poco interesante y atractiva, pero más ajustada a la trama que la del caótico montaje de Andreas Kiegernburg en la anterior producción ofrecida en el Liceu en 2016. Todo ello contando con una dirección de actores de poco atractivo e interés y un vestuario especialmente ecléctico y poco afortunado que obligó a todos los intérpretes protagonistas a esmerarse para sacar lo mejor de sí. Todos ellos arropados por brillante actuación de la Orquesta y el Coro del Liceo con un inspirado Gustavo Dudamel que afortunadamente ya está contratado para próximas temporadas.