Franco Battiato, el peor político de la historia

El músico, fallecido a los 76 años, fue consejero de Turismo sin sueldo de su Sicilia natal, pero llamó “putas” a los parlamentarios italianos y fue cesado a los cinco meses

Franco Battiato en el festival Internacional de Cine de Roma, en 2019
Franco Battiato en el festival Internacional de Cine de Roma, en 2019Alessandra TarantinoAP

La historia merece un filme de Paolo Sorrentino. Franco Battiato había formado parte de la candidatura de Rosario Crocetta para la región de Sicilia, cuna del artista, y Battiato aceptó el cargo de Consejero de Turismo con dos condiciones: no cobraría ni un euro y tendría la libertad de organizar eventos que “uniesen a Sicilia con el resto del mundo”. Dos decisiones que hablan bien de la personalidad del genio y que no salieron como esperaba.

Battiato, fiel a sí mismo, incumplió la primera norma de los políticos profesionales renunciando al sueldo y no tardaría en incumplir la segunda cuando llamó “putas” a todos los políticos italianos y les pidió que abandonen el Parlamento y abriesen un burdel. Fue durante un acto en el Parlamento Europeo, cuando el artista, de 68 años, afirmó: “esas putas que se encuentran en el Parlamento serían capaces de cualquier cosa”. Corría el año 2013 y aquellas palabras levantaron una oleada de críticas en Italia, sobre todo por parte de las diputadas y senadoras del país, que le acusaron de “sexista”.

Crocetta cesó a Battiato tras solo cinco meses en el cargo, a consecuencia del escándalo, quien se defendió de las acusaciones de sexismo, porque, según dijo, se refería “por igual a hombres y mujeres parlamentarios”. En realidad, cargaba contra la corrupción y la venta de su país al capital de las corporaciones y los magnates, siempre con la previa condición de que un político comprometiese su integridad. Irónicamente, al poco tiempo estallaría el caso Ruby, por el que se investigaba la prostitución en el sentido más literal del término en la misma casa del primer ministro, Silvio Berlusconi. Poco tiempo después de aquello, Battiato, un hombre comprometido, dejó de votar.

Como músico, ya había denunciado estas situaciones en canciones como “Pobre Patria” y otros temas escritos en clave de canción protesta, llenos de rabia y críticas contra la avaricia y la falta de solidaridad. Escribió aquel himno en el año 1991, en la madurez de su carrera, al revés revés de como le sucede al resto de músicos, que sucumben a la protesta en las fiebres de su juventud. Battiato ya había pasado por la música de vanguardia y del pop electrónico, la canción romántica y la comercial. Incluso probaría después en la ópera. Pero “Povera Patria” fue un puñetazo en la mesa, un lamento desgarrador por el mundo que entre todos habíamos construido.

Y es que el plano terrenal fue una fuente constante de decepciones para Franco Battiato, que creía en la reencarnación, en la vida después de la muerte. Aunque se consolaba pensando que los políticos corruptos y asquerosos pagarían el karma, nunca comprendió que su país (y muchos otros) siguieran produciendo generaciones de políticos corruptos. Le interesaban todas las religiones, la meditación y el budismo tibetano y, aunque miraba las estrellas con el telescopio, creía en la existencia de la divinidad celestial. “Todos nosotros somos divinidades pero no somos conscientes de ello”, decía el genio siciliano. Ahora él lo es.