“Othello”: Ridículos, machitos y celosos ★★★☆☆

El "Othello" de Voadora se acaba de estrenar en La Abadía madrileña
El "Othello" de Voadora se acaba de estrenar en La Abadía madrileñaEstrella MeleroVoadora

Autor: William Shakespeare (versión de Fernando Epelde). Directora: Marta Pazos. Intérpretes: Joaquín Abella, Ángel Burgos, Ana Esmith, Chumo Mata, Mari Paz Sayago y Hugo Torres. Teatro de La Abadía, Madrid. Hasta el 6 de junio.

Buscando siempre su propia manera de contar y representar las cosas sobre un escenario, los integrantes de Voadora han dado una vuelta de tuerca a “Otelo” para acomodar formalmente la obra de Shakespeare a su estilo plástico y sensorial, por un lado, y para escarbar conceptualmente, por otro lado, en algunos asuntos muy concretos –el racismo y el machismo, sobre todo– de cuantos este clásico puede seguir sugiriendo hoy al espectador. Pero lo más curioso, y quizá lo más atrevido, es que la compañía gallega liderada por Marta Pazos ha querido, además, transformar en comedia –una comedia muy ácida, eso sí– el tono trágico que el Bardo imprimió a esta archiconocida historia del celoso moro de Venecia.

La versión, firmada por Fernando Epelde, sacrifica en buena medida la literatura del original –es habitual que así sea en los trabajos de Voadora– para depurar las ideas y los símbolos más primarios que subyacen al texto y expresarlos luego con un nuevo lenguaje. La femenina propuesta –o feminista, si se prefiere– apunta con inteligencia hacia sugerentes lugares muy bien advertidos, pero cae al mismo tiempo en ciertas incongruencias dramatúrgicas. Es interesante, por ejemplo, que Desdémona –muy bien interpretada por Mari Paz Sayago– se convierta en el principal eje dramático, y que el público conozca el periplo hacia su fatal destino a través de sus ojos y de su voz. Y también es interesante que esa perspectiva se enriquezca con en el punto de vista de Emilia –muy divertido Ángel Murcia en este papel–, que es el otro gran personaje femenino de la función. Pero no se comprende muy bien por qué, en la parte masculina, se da tanta voz a Yago y se les quita prácticamente a todos los demás. Tampoco resulta lógico, o bien estructurado, que Desdémona nos cuente su propia historia, convertida en una suerte de narradora, y que la obra se acabe con ella muerta. ¿Cómo nos la ha estado contando entonces? ¿Desde qué plano narrativo o de representación? ¿Por qué no se recupera el presente de esa narración que plantea la ficción?

En cuanto a la concepción plástica, Pazos consigue crear, como de costumbre, algunas escenas de enorme belleza y extraordinaria fuerza expresiva, si bien el ritmo dramático del conjunto se resiente al estar, algunas de ellas, muy recreadas. Aunque no siempre dé sus frutos, se agradece, además, el perspicaz tratamiento del humor en la función; un humor que no se limita a la ocurrencia de alguna que otra réplica, sino que emana de ciertas situaciones que la directora ha sabido mostrar con toda su aterradora ridiculez.

Lo mejor

La composición de algunas escenas, como la de Otelo moviéndose como una pantera junto a Desdémona, es memorable.

Lo peor

El formidable trabajo físico de algunos actores no está en consonancia con su aportación en el plano verbal y dramático.