Crítica de “The Good Traitor”: la doble cara del embajador ★★☆☆☆

Un fotograma de "The Good Traitor"
Un fotograma de "The Good Traitor"ImdbImdb

Dirección: Christina Rosendahl. Guion: Kristian Bang Foss, Dunja Gry Jensen. Intérpretes: Ulrich Thomsen, Denise Gough, Burn Gorman. Dinamarca, 2020. Duración: 115 minutos. Drama histórico.

En 1963, el que fue embajador de Dinamarca en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, Henrik Kauffmann, es asesinado por su esposa mientras se recupera de un cáncer de próstata. El baño de sangre es torrencial: su esposa se suicida después de rebanarle el pescuezo. Es una escena que nos hace pensar en otra película, mucho más granguiñolesca y excesiva; por supuesto, mucho más loca y divertida de lo que “The Good Traitor” está dispuesta a ser. Al final, lo que quiere demostrar Christina Rosendahl es que detrás de todo gran político hay un hombre incapaz de gestionar los conflictos entre lo público y lo privado, y que esa carencia siempre le acaba pasando factura.

La cuestión es que lo único interesante del filme es descubrir las paradojas morales de la diplomacia, encarnadas en la figura de un embajador que decide unilateralmente erigirse en portavoz de la sensatez política para salvar a su país de la cobardía de su gobierno al aceptar las draconianas condiciones colonizadoras del régimen nazi. En ese sentido, “The Good Traitor” es una película de despachos, donde el futuro de un país como Dinamarca, que pasa por ceder a los americanos la isla de Groenlandia para que instalen allí sus bases militares, se dirime entre reuniones y negociaciones que, solo puntualmente, alcanzan a transmitir la angustia y la presión que deben de sentir los altos cargos diplomáticos en conflictos tan inabarcables como una guerra mundial (pienso en el momento en que Kauffmann está a punto de ser deportado a Dinamarca).

Da la impresión de que la película necesita airear los trapos sucios de la vida íntima de su protagonista -que no son otros que la historia de amor con su cuñada, y el creciente alcoholismo de su celosa esposa- para dinamizar el burocrático desarrollo de su trayectoria política, pero nunca consigue integrar esas dos líneas narrativas con fluidez, tal vez porque la hierática interpretación de Ulrich Thomsen, que tiene poco que hacer con la carne de su personaje, es demasiado opaca como para hacernos entender sus motivaciones. ¿Ha utilizado a su esposa, íntima amiga de Roosevelt, para que le facilite un contacto más directo con el presidente? ¿Miente cuando dice que la quiere? Lo de Kauffman no es ambigüedad, sino hermetismo, y todo lo que nos cuesta llegar a él es lo que nos cuesta que nos guste esta plomiza película.

Lo mejor

Lo que aprendemos de un episodio de la Historia cuyo interés parece inagotable.

Lo peor

La opacidad emocional de su protagonista, que impide que su turbulenta vida emocional nos afecte.