«Recuerdo y no recuerdo»: El legado definitivo de Lorca

Con el poeta como nexo, su casa natal expone «uno de los archivos más importantes de la Generación del 27»

Fotografía original de Lorca, en su llegada a Buenos Aires, con Manuel Fontanals (a su derecha) y Gregorio Martínez Sierra (a su izda.)
Fotografía original de Lorca, en su llegada a Buenos Aires, con Manuel Fontanals (a su derecha) y Gregorio Martínez Sierra (a su izda.)Miguel Ángel MolinaEFE

Uno de los mayores riesgos que conlleva el paso del tiempo es la tendencia a desdibujar la historia. Dicen que a una persona le llega su segunda muerte con el olvido, y que por ello el recuerdo se vuelve tan esencial como delicado a la hora de preservar, sobre todo,a las grandes figuras de nuestro pasado. En este sentido, se debe agradecer hasta la saciedad el trabajo que Juan de Loxa llevó a cabo para nunca olvidar a Federico García Lorca. Su primera muerte fue trágica y enigmática, pero la segunda nunca le llegó, además de por su extraordinario legado literario, porque De Loxa, a lo largo de los años, «recuperó archivos, documentos de amigos y estudios» sobre el granadino. Puerta a puerta, «supo rescatar a gente que la vida había dejado en un segundo lugar, que había quedado olvidada», y que fueron cruciales para el poeta. El resultado es «uno de los archivos más importantes que hay de la generación del 27» y ahora, gracias a la generosidad del Museo Casa Natal de Lorca, en Fuentevaqueros (Granada), se recupera este material para una exposición inaugurada ayer: «Recuerdo y no recuerdo».

De carpetas y armarios

«El título se toma de un poema de Blas de Otero dedicado a Lorca», prosigue explicando a LA RAZÓN el comisario de la muestra y periodista de este diario, Víctor Fernández. «Hemos abierto carpetas, sacado cosas de armarios», y las han expuesto como «un archivo para investigadores, pero también para los que quieran ser testigos de la memoria tanto de Lorca como de sus amigos».

El comisario, Víctor Fernández, señalando una fotografía que Ian Gibson tomó en los años 60, donde se aprecia el osario del cementerio de Granada, con cráneos de fusilados en 1936 FOTO: Miguel Ángel Molina EFE

«Es un milagro que algunas piezas se hayan conservado». Existen alrededor de un centenar de elementos, y están repartidos en varios ámbitos. «El primero es una colección de retratos de Lorca hechos por amigos suyos, como Gregorio Prieto, José Caballero, Ismael González de la Serna o Federic Amat», afirma el comisario. De ahí pasamos a una colección de dibujos, fotografías, manuscritos y primeras ediciones de libros de Lorca. «Hay diez dibujos que son de la época, a finales de los años 10 y principios de los 20, que formaban parte de la tertulia “El rinconcillo”, en Granada», indica Fernández. Así como hay dibujos «que Lorca hizo en todas las páginas de un “Romancero gitano” que escribió a mano Eduardo Rodríguez Valdivieso».

Tomando al poeta como piedra angular, la muestra refuerza la idea de que en Fuentevaqueros se ha construido uno de los mejores archivos literatios que se conocen. Pues también incluye primeras ediciones, todas firmadas, como la de «Impresiones y paisajes» que dedicó a su tía, así como una carta original del granadino a Rafael Alberti. Otra parte de la muestra, dice Fernández, se ciñe a los amigos de Lorca: «Hay una libreta de poemas original de Luis Cernuda, un manuscrito de Ignacio Sánchez Mejías o el programa de mano de “Los títeres de Cachiporra” que hicieron Lorca y Manuel de Falla en el año 23», y que el último dedicó a Stravinsky.

La exposición recoge estas cintas de casette, donde Eduardo Molina Fajardo grabó las entrevistas que usó para sus estudios, así como un ejemplar del célebre libro de Ian Gibson, dedicado al anterior FOTO: Miguel Ángel Molina EFE

Como otra prueba de la cantidad de tesoros que alberga su casa natal en referencia a la vida, obra, personalidad, ambiente y muerte de Lorca, también se exponen una serie de documentos de quienes dedicaron sus vidas a investigar al poeta. Destacan «los de Claude Couffon, que fue uno de los primeros estudiosos sobre su muerte, así como de Eduardo Fajardo y, sobre todo, de Ian Gibson», explica el periodista. Por ejemplo, se aprecia una fotografía que Gibson hizo durante los años 60: «Se trata del osario del cementerio de Granada», y se observan cráneos juntos, revueltos, de quienes fueron fusilados en el verano de 1936, y cada uno con la marca del tiro de gracia. «Hoy es imposible hacer esa foto», asegura Fernández, quien también destaca otro aspecto de los investigadores de Lorca: en una vitrina figuran varias cintas de casette que incluyen las entrevistas que dio Fajardo sobre su investigación. Así como una bovina en la que Gibson, a escondidas, registró una conversación con Ramón Ruiz Alonso, implicado en la detención de Lorca. Una exposición, en definitiva, que, en el 123 aniversario del nacimiento del poeta y en el 35 de la apertura al público de la casa natal, saca a la luz una nueva visión de la Generación del 27 y del «Recuerdo y no recuerdo» de Lorca.

El guiño a toda una generación

El vaso en el que Lorca bebió limonada en Cuba, que le regaló Dulce María Leinaz y del que Juan Ramón Jiménez habla en «Españoles de tres mundos», también figura en «Recuerdo y no recuerdo». «Le hemos dado una dimensión museográfica a objetos cotidianos», dice Fernández, como al bastón que Ignacio Sánchez Mejías regaló a Lorca, y éste a José Caballero. Hay además un abanico de la amiga y confidente del poeta, Emilia Llanos, y «la antigua puerta, restaurada, de la casa o la llave con la que Isabel García Lorca la abrió el día de la inauguración». O «una botella de 1927», dice el comisario, «a modo de guiño a la Generación».