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Batalla cultural por el «bikini» de las noruegas

La cantante Pink pagará la multa «sexista» de 1.500 euros a la selección escandinava de balonmano playa tras cambiar la braga por el pantalón

La noruega Julie Aspelund Berg (9) ante la española Patricia Conejero Galán, en el Europeo de Balonmano Playa de este mismo verano
La noruega Julie Aspelund Berg (9) ante la española Patricia Conejero Galán, en el Europeo de Balonmano Playa de este mismo verano. EHF

Costará creerlo, pero se les doy mi palabra: hay vida deportiva más allá de Tokio. Hay vida más allá de las Olimpiadas. No todo va a estar bañado de oro, plata o bronce. De hecho, eso es solo la excepción. La inmensa mayoría de involucrados en la competición regresará del país del Sol Naciente con las manos vacías y con varios kilos de felicidad en el buche y en la maleta por la simple experiencia de haber dormido en la Villa. Estos «perdedores» son el paso intermedio entre usted y yo y esos mitos inalcanzables, aunque, advierto, a estos actores secundarios tampoco les cogeremos si intentamos enfrentarnos a ellos, sin embargo, al menos veremos que no todo el deporte es para extraterrestres.

En ese segundo escalafón se encuentran esas otras disciplinas no olímpicas (algunas de las de los Juegos también lo son) que no te dan de comer y que se practican porque sí. Solo para matar un gusanillo que, aun dentro de la excelencia, se debe compaginar con el trabajo en la notaría, panadería u oficina postal. Aquí podemos meter el balonmano playa, un híbrido de su hermano de salón que estos días ha saltado a la primera fila de la actualidad. Como en tantas otras situaciones, la fama no ha llegado por su virtuosismo ni por su elevada afición, sino por la polémica.

Una disputa que hace que uno escriba estas líneas, pero que también sirve de excusa para demostrar la gilipollez marca de los tiempos. Difícilmente se explica que la selección noruega femenina de este deporte haya sido multada por taparse el culo. 1.500 euros de penalización por hacer lo mismo que sus compañeros los hombres. Se ve que las mujeres se cansaron de que la braga se les metiera entre nalga y nalga y optaron por la calle del medio, por lo práctico, por un pantalón ajustado con el que ofender a aquellos que querían ver carne y que ahora, durante la Eurocopa, debían concentrarse en la pelotita.

Con la norma en la mano, más de 10 centímetros de tela tienen un coste de 150 euros por barba: diez jugadoras, 1.500 lereles. Bingo. «Ridículos», llamó Abib Raja, ministro noruego de Cultura, a los de la EHF (Federación Europea de Balonmano) por no hacer la vista gorda ante el incumplimiento e, inmediatamente después, actualizarse. Lo mismo pensó Pink, cantante estadounidense de padre católico, madre judía y antepasados europeos, pero dio un paso más: «Pagaré felizmente la multa por ustedes, sigan así», denunció en redes ante las «reglas sexistas». Por cierto, aunque más cómodo, tampoco piensen que el uniforme les dio ninguna ventaja, las guerreras españolas de la playa les arrebataron la tercera plaza del campeonato.