¿Por qué se dice «contigo», pero no «sintigo»? La RAE responde

El organismo lingüístico explica la peculiaridad de los pronombres personales «conmigo» y «contigo» y por qué es erróneo decir «sinmigo» o «sintigo»

Diccionario de la lengua española
Diccionario de la lengua española

Los idiomas tienen mil y una peculiaridades, como por ejemplo, la aparición de palabras cuya estructura difiere de otras similares que sí siguen una estructura común. El castellano no es una excepción y una de sus peculiaridades son los pronombres personales conmigo, contigo y consigo.

Quienes estudian nuestra lengua se sorprenden a ver la estructura de estas palabras, ya que la mayoría de las preposiciones de los pronombres personales se escriben de forma separada, como por ejemplo, hacia mí, hacia ti, hacia sí; de mí, de ti, de sí; para mí, para ti o para sí. Por lo tanto, la lógica dicta que estos pronombres deberían ir separados de sus preposiciones y decirse con mí, con ti o con sí.

Obviamente, estas expresiones no son aceptadas por la Real Academia de la Lengua (RAE), pero todo tiene una explicación. Para encontrarla, hay que remontarse a la época en la que se utilizaba el latín. El organismo lingüístico ha asegurado que “en el latín clásico, la preposición cum presentaba la particularidad de escribirse unida y pospuesta a la forma de ablativo de los pronombres personales: mecum, tecum, secum, nobiscum, vobiscum”.

Entonces, “en los primeros estadios del romance hispánico, las formas latinas mecum, tecum y secum dan lugar, por evolución fonética, a migo, tigo y sigo”. La RAE prosigue afirmando que “los hablantes, perdida ya la conciencia de que en el étimo de esas formaciones estaba presente la preposición latina cum, les anteponen la preposición romance con, en una suerte de redundancia preposicional”.

El organismo lingüístico añade también que en la época medieval existieron “conglomerados semejantes para el plural”, es decir, connusco ‘con nosotros’ y convusco ‘con vosotros’”, pero finalmente estas formaciones se perdieron en el Siglo de Oro, quedándose únicamente las formaciones en singular hasta nuestros días.

En relación a la preposición sin, sí que sigue el patrón genérico, es decir, se escribe primero dicha preposición y después, separado, le sigue el pronombre correspondiente, de ahí que digamos sin mí o sin ti y no sintigo o sinmigo. La preposición sin proviene del latín sine, que aparecía siempre antepuesta: sine me, sine te.