Cine

Crítica de “Dune”: de gusanos y mesías ★★★★☆

Denis Villeneuve se enfrenta al reto de 'Dune': "La mayor presión es la que me pongo yo mismo"
Javier Bardem en Dune WARNER BROS 10/09/2020 FOTO: WARNER BROS

Director: Denis Villeneuve. Guion: E. Roth, D. Villeneuve y J. Spaihts (novela de Frank Herbert). Intérpretes: Timothée Chalamet, Zendaya, O. Isaac. EE.UU., 2021. Duración: 155 min. Ciencia ficción.

«Los sueños son mensajes desde las profundidades», se nos alerta al inicio de «Dune». Con ese aforismo, que alude a los recuerdos del futuro que el joven Atreides tendrá sobre su misión en el mundo en los años 10.000, podríamos entender por qué el surrealista Alejandro Jodorowsky y el visionario David Lynch podían ser los mejores candidatos para adaptar la epopeya sideral de Frank Herbert. De hecho, la adaptación de Denis Villeneuve se entiende mejor, por contraste, a la luz de lo que hizo Lynch y de lo que imaginó el gurú de la psicomagia. Por ejemplo, allí donde el director de «Terciopelo azul» mostraba un cierto desprecio por las alambicadas guerras coloniales y las intrigas palaciegas que desataban el destino de un nuevo Mesías ecológico –que Kyle MacLachlan interpretaba con más ironía que el ídolo «emo» Timothée Chalamet–, Villeneuve se pone el cinturón de seguridad y nos informa, en apenas diez minutos de metraje, de lo que ocurre en Arrakis, de la invasión por la puerta de atrás de los Harkonnen, de la mística raza de los Fremen y de la atracción que todos sienten por la especia lisérgica que esconden los desiertos del planeta.

Allí donde Lynch invocaba un coro de voces interiores –siendo fiel a la novela– y conjuraba imágenes oníricas que se repetían como mantras, Villeneuve prefiere un enfoque más clásico, más narrativo, sin renunciar a potenciar la fascinación por los escenarios y criaturas del libro -el desierto, que parece recién salido de «Lawrence de Arabia», y, por supuesto, los gigantescos gusanos de arena-. Es decir, Villeneuve está más cerca de David Lean que de David Lynch. Sería injusto pensar que el director canadiense ha limado las aristas de la novela de Herbert solo para gustar al público objetivo de «Star Wars» o de la marca Marvel.

«Dune» trabaja la épica con notabilísimo estilo visual, reconvierte hallazgos del filme de Lynch –el purulento emperador de los Harkonnen, ave oscura y ominosa, príncipe de las tinieblas que reina en lo sombrío; las luchas acorazadas, ahora con una capa protectora de glitches y desenfoques– con brillantez, tiene un fantástico diseño de producción -esas naves en forma de libélula- y demuestra que el discurso contracultural de la novela, nave nodriza de la ideología hippie, le sienta como un guante a estos tiempos ecoconscientes y anticoloniales. Cierto es que Villeneuve nos deja al pie del abismo, cuando Atreides empieza a tomar conciencia de que será Kwisatz Haderach, el Mesías que liberará al oprimido pueblo de los Fremen, pero habla muy bien de la película, que demuestra que se puede hacer cine-espectáculo sin insultar la inteligencia del espectador, que tengamos ganas de ver la segunda parte a la voz de ya.