César Aira posa como galardonado del Prix Formentor en Sevilla
César Aira posa como galardonado del Prix Formentor en Sevilla FOTO: CATI CLADERA EFE

César Aira: “si un escritor no es raro, ¿qué es?”

El autor argentino recibió ayer en Sevilla el Premio Formentor 2021 con un discurso sobre “Una educación defectuosa”

Tras la apariencia de persona tímida e introvertida del argentino César Aira (Coronel Pringles, Buenos Aires, 1949) se esconde un escritor iconoclasta e irreverente con un agudo sentido del humor, a menudo cáustico y surrealista. Con más cien títulos publicados, Aira es posiblemente uno de los autores literarios más prolíficos del mundo y, para muchos, un autor de culto que desborda originalidad e imaginación. Ayer recibía en Sevilla el Premio Formentor que le había sido adjudicado en abril por un jurado que reconocía, entre otros atributos, «sus incesantes variaciones literarias que han hecho de su escritura una fuente inagotable de gozo, deleite y asombro».

Según el autor, detrás de toda su obra hay una curiosidad constante, «en eso me identifico con los niños, que lo quieren todo y saberlo todo, pasan de un interés a otro, y también con el enciclopedismo, porque un novelista tiene que saber y yo he querido saber todo con esa curiosidad infantil». La literatura de Aira va destinada a un tipo de lector concreto: «Siento que lo que yo escribo se dirige a un tipo de lector literario, que ya se ha hecho un camino por la literatura, no para quien va al libro para entretenerse y pasar el rato». Y lo ilustra así: «Una vez, caminado por Buenos Aires, me saludó un señor. Miré para ver si lo conocía. Pero me dijo: ‘’No me conoce, soy un humilde lector suyo’'. Me quedé pensando: ‘’¿cómo que un humilde lector?’’ Un lector que me lee no es humilde, es un lujo. Humilde es el que lee esos “best seller” que se venden para consumo. No quiero decir que lo mío sea un lujo, pero sí que necesita haber hecho un camino por la literatura».

A pesar de esto, asegura que trata «de ser lo menos exigente posible con ellos, porque escribo con la mayor claridad posible, me gusta contar una historia desde el principio con toda la claridad posible, por eso alguna vez me comparé con Salvador Dalí en el sentido de que, teniendo una imaginación tan barroca y desbocada, necesito una prosa que sea lo más clara y simple posible». Para el autor, la literatura no debe tener un fin social: «su objetivo debe ser el arte por el arte, la torre de marfil, el juego por el puro placer del juego, y nada de buenos sentimientos, porque estos matan la literatura. La literatura con mensaje no me interesa lo más mínimo, como ciudadano sí, pero como escritor, no».

En cuanto a su método de escritura, ¿cuál es su procedimiento? «Escribo a mano y apenas corrijo porque al escribir tan lento voy pensando cada frase y la prosa correcta y no hay necesidad de corregir». Para establecer el recorrido argumental de una idea, «necesito dos cosas, primero algo intuitivo, una idea paradójica, algo raro, como en los cuentos de Borges, pero por otro lado también algo mí, que me toque en lo personal. Si solo fuera esa idea sería como hacer palabras cruzadas, y si fuera solamente lo mío, sería como tantas cosas que se escriben ahora, un desahogo narcisista. Cuando se junta la idea intelectual con lo emocional con buena comunicación es cuando sale algo interesante» Por otro lado, prosigue, «soy incapaz de pensar en una historia, me va saliendo según la voy escribiendo. Necesito apenas una idea, lo más esquemática posible y a partir de eso va saliendo todo a medida que lo voy escribiendo».

Desinterés por la autoficción

Como lector, el premiado confiesa no leerse nunca a sí mismo, «como autodefensa. He ido más bien hacia la relectura, de cada diez libros que leo, nueve son relecturas, me gusta estudiar y releer a los clásicos. A los contemporáneos dedico poca atención, me mantengo al día, pero ahora hay una oleada casi imparable de eso que se llama autoficción, de desahogo personal, monólogos donde contar lo que le pasa a estos jóvenes escritores, pero en general hay muy poco cuidado formal», explica. En cuanto al estilo, Aira sigue reivindicando el surrealismo en su literatura, «lo que pasa es que parece que siempre estuvo muerto, que ya pasó, dicen, pero cuando era joven, todos éramos surrealistas y para mí sigue muy vivo».

¿Se considera un vanguardista desde el punto de vista literario? «Hay dos posibilidades, o escribes de forma convencional como todos, o se busca una innovación, algo distinto, y yo siempre he estado buscando lo diferente y si a eso le queremos llamar vanguardismo…». Con todo esto, al autor argentino se le ha tachado muchas veces de autor «inclasificable», pero ¿cómo lo asume? «Es cierto que en general me dicen: ‘’usted es un escritor muy raro”. Y a eso digo: ‘’si un escritor no es raro, ¿qué es? ¿convencional, igual que todos los demás? Si ser raro es salirse de lo corriente, asumo con gusto el calificativo, es más, me gustaría ser rarísimo», concluye.

El Nobel lo justifican, «pero no por lo literario»

César Aira pronunció un discurso de aceptación del premio titulado, «Una educación defectuosa», pero afirmó que será el último. «No necesito más honores y con lo difícil que se ha vuelto el mundo, no quiero viajar, esto ya no es para mí, no me voy a adaptar”. ¿Y se le dan el Nobel?, le preguntó alguien. «No me lo van a dar, porque son premios que tienen que justificar, aunque no sea por lo literario. El recién concedido (al tanzano Abdulrazak Gurnah) lo justifican por su lucha contra el colonialismo y los migrantes, pero de literatura no se dice nada».