Antonio Rojano: “Hay lecturas que son como un gancho al mentón”

El ganador del Premio de la Fundación Antonio Gala de novela, que actualmente rueda un serie para ATRESPlayer, recomienda para esta Feria del Libro “La novela luminosa”, de Mario Levrero.

El escritor Antonio Rojano
El escritor Antonio Rojano FOTO: La Razón La Razón

Dramaturgo y guionista, Antonio Rojano (Córdoba, 1982) es autor de más de una quincena de textos teatrales y varios premios en su haber. Acaba de publicar su novela “El libro de Toji” (Berenice), ganadora del III Premio de la Fundación Antonio Gala y es coautor, junto a Miguel del Arco, del guión de “Las noches de Tefía”, una serie en rodaje para ATRESPlayer. Rojano recomienda la lectura de “La novela luminosa”, del uruguayo Mario Levrero.

-¿Cuándo lo descubrió?

-En 2019 por recomendación de un amigo editor. Me comentó que el libro tenía mucho que ver con mi proyecto: una novela sobre alguien a quien le habían concedido una beca y estaba, como un condenado, obligado a escribir. Alguien que debe entregar algo a la institución que le ha dado dinero.

-¿Por qué este libro?

-El impacto de su lectura fue como un gancho al mentón. Es uno de esos libros que cada cierto tiempo regresan a mi memoria. Nunca había visto con tanta lucidez y desparpajo a un escritor hablando de sí mismo. Su autoficción es muy adictiva. Lejos de la importancia que se dan otros autores, posee un gran sentido del humor. Un libro fundamental para re-enamorarse de uno de los caminos más transitados de la literatura de este siglo.

-¿Qué destaca de él?

-Levrero confirma que la imposibilidad de escribir también puede convertirse en motivo literario. Es más, con el diario de su beca, crea una obra de mayor envergadura que la propia obra que está escribiendo. Su estructura es todo un desafío.

-¿Se sintió identificado?

-Creo que es un libro en el que el lector debe sentirse identificado. Si no, quizá la experiencia no funcione del todo. Su vida, entre su computadora y la observación de las palomas, está llena de símbolos y correspondencias con el lector que observa desde la página. En mi caso, su vacío vital era mi vacío.

-¿Aprendió algo?

-Como en la vida o en Shakespeare, se puede aprender todo y nada. Uno se divierte o aburre como el propio Levrero. Las entradas del diario avanzan y, en apariencia, no hay trama. Nada importante sucede. Quizás, al final aprendemos que lo cotidiano puede convertirse en fenómeno literario: un tema para escribir una novela.

-¿A quién lo recomendaría?

-A lectores, puede que curtidos, que disfruten con las peripecias de los escritores que admiran. También lo considero ideal para los amantes de las aves, la autoficción y el “buscaminas”.