Música

Juanita Reina, la estrella de la copla que rivalizaba con la Piquer

Su padre le prohibió grabar «Cinco farolas» y su adversaria convirtió la canción en uno de sus éxitos

Juanita Reina lucía en público
una presencia majestuosa
Juanita Reina lucía en público una presencia majestuosa FOTO: La Razón (Custom Credit)

De haber una estrella de la copla andaluza que pudo medirse con Conchita Piquer durante la posguerra esa fue Juanita Reina. A los trece años debutó en el coro de una zarzuela de aficionados cantando una copla de Estrellita Castro. Su padre, que no quería que su hija fuera artista, acabó siendo su apoderado y montándole su primer espectáculo: «Los churumbeles». El éxito de la tonadillera fue tal que la función recorrió toda Andalucía y acabó en Barcelona, donde la «La Voz de su Amo» la contrató por 125.000 pesetas para grabar su primer disco. En la cresta de la ola, su padre, que era un humilde pescadero, le propuso a Rafael de León que le escribiera un espectáculo, que tituló «Tabaco y seda». La canción que «saltó a la calle» fue «Doña Mariquita de los Dolores». De sus siguientes espectáculos surgió la inmortal «Callejuela sin salida», cumbre del masoquismo: «La razón clavo mi puerta / no puedo entrá ni salir / ni estoy viva, ni estoy muerta / ni contigo, ni sin ti».

Con veintidós años se consagró en el cine con «La Lola se va a los puertos» (1947), cantando las coplas andaluzas escritas por Quintero, León y Quiroga con un dramatismo majestuoso y una vis cómica que enamoró al público. Nadie paseaba la bata de cola como ella, excepto doña Concha. Cuenta Juanito Valderrama en su biografía «Mi España querida» (2002) que cuando la compañía de Conchita Piquer en la que él trabajaba se embarcó para América en 1943 «a quien le vino mejor que a nadie fue a Juanita Reina que era competidora en los espectáculos folklóricos. Concha Piquer se fue a América y Quintero, León y Quiroga se quedaron sin figura, y entonces empezaron a escribirle a Juanita Reina. Todo lo que tenían preparado para la Piquer fue entonces para Juanita Reina, que debutó con el espectáculo «Solera de España» con todos esos temas que tenían guardados, y ya le hicieron «Francisco Alegre» y todo lo suyo grande».

Juanita, igual que doña Concha aprendió de Rafael de León cada gesto, entonación y forma de «decir» las canciones. El mismo amor que tuvo el letrista con otras tonadilleras consagradas lo tuvo con debutantes hasta el final de sus días, como Rocío Jurado e Isabel Pantoja, a quien montó sus últimos espectáculos con música del maestro Solano.

A él se debe la majestuosidad y dramatismo de las tonadilleras entonando las coplas. Todas ellas y muy en especial Juanita Reina se parecen a la hora de decir la copla y desenvolverse como divas por las tablas con la desenvoltura y tronío que les enseñaba Rafael de León. Por su belleza y también por su elegancia cantando, Juanita Reina encarnó la figura de la «Reina y Señora de la copla española», con su potente voz y su forma de modular unas letras tan sentidas como «Capote de grana y oro», «Madrina», «Yo soy esa» y su mayor éxito «Y sin embargo, te quiero», con estos famosa estrofa de Rafael de León: «Que se me paren los pulsos si te dejo de querer / Que las campanas me doblen si te falto alguna vez». Una copla que hace daño de bonita que la canta.

Un duelo de divas

La rivalidad entre doña Concha y Juana Reina se evidencia en la copla «Cinco farolas», escrita para Juanita Reina por Ochaíta, Valerio y Solana a raíz de su primer amor, pero su padre le prohibió grabarla. Concha Piquer se apresuró enseguida a grabarla, consiguiendo uno de sus últimos éxitos: «Con carbones encendidos que le quemen esa boca / al que juró tantas veces que estaba por mi persona».

Las películas folclóricas eran sainetes y folletines ingenuos, con tenue un hilo argumental para que las tonadilleras entonaran las coplas, a modo de videoclips. Su impronta antes de la Guerra Civil española lo marcaron Estrellita Castro e Imperio Argentina: gitanas salerosas acompañadas de un personaje cómico, normalmente Miguel Ligero. No es por tanto un invento del franquismo. La copla nació con la República y se consagró en la posguerra porque tanto los nacionales como los rojos sentían esas canciones con idéntico fervor patriótico.

La paradoja del éxito que tuvo la copla durante las décadas del franquismo fue que la creara Rafael de León, un homosexual falangista que no escondía para nada sus amores oscuros gracias a su anonimato. Los rojos lo encarcelaron y le rompieron los dientes en la cárcel durante la contienda del 36 por amanerado, al igual que los falangistas apalearon por mariquita a Miquel de Molina, «La Miguela».

Las divas de Rafael de León se enseñorearon de España durante cuarenta años y Juanita Reina fue una de sus puntales paseando la copla por los teatros con la majestad de una reina.