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83 veces Lorca: las luchas que protagonizó

Hoy hace 83 años que el autor granadino falleció fusilado por el bando sublevado de la Guerra Civil

  • Federico García Lorca
    Federico García Lorca

Tiempo de lectura 2 min.

18 de agosto de 2019. 18:42h

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C. Lorca 18/8/2019

El día 18 de agosto de 1936, justo hace 83 años, fallecía el que probablemente sea el máximo exponente de la poética española: Federico García Lorca era fusilado por el bando nacionalista en Granada, su tierra natal. Después, su cuerpo, como el de muchísimas víctimas de la represión, fue abandonado en una fosa común de la cual aún no se ha sabido nada. El Lorca físico, sus restos óseos, viven condenados al ostracismo en un lugar desconocido de la geografía andaluza; el ideario de Lorca, sin embargo, permanece perenne casi de manera indefectible.

Entender la obra de Lorca es entender su vida. Lorca fue un luchador: no le quedaba otra. La primera que protagonizó fue contra su propio padre. Federico García Rodríguez nunca fue proclive de que el autor migrase a Madrid tras acabar su ciclo de estudios universitarios en Granada. Nunca veía futuro en las letras, en la música, en la palabra; confiaba más en su capacidad como refugio que como sustento vitalicio sobre el que apoyarse.

Pero el escollo lo salvó gracias a un agente inesperado: el profesor Fernando de los Ríos, profesor de Derecho. Fue él quien fraguó las conversaciones con los progenitores y quien, indirectamente, abrió la puerta del poeta a la Residencia de Estudiantes, donde se hizo amigo de cineastas como Luis Buñuel, pintores como Salvador Dalí o escritores como Rafael Alberti. El resto es historia.

La otra gran lucha que vivió el poeta fue contra su tiempo. 1936 fue el año en el que falleció, pero los previos supusieron un auténtico caldo de cultivo de odio y desidia que acabó estallando en un conflicto con nombres y apellidos que duró tres años. Lorca sólo aguantó dos meses de guerra, los que tardó el bando sublevado en capturarle y fusilarle.

Lógicamente, la condición de Lorca era muy incómoda para el bando franquista: homosexual, socialista y con voz. Unos ingredientes que, combinados, actuaban como receta flatulenta para los sublevados. Y así se lo quitaron: comenzaron a perseguir al poeta hasta encontrarle en Granada, en la casa de los padres de su amigo Luis Rosales. Dos días después le dieron el famoso “paseo”. El resto, aquí también, es historia.

Lorca fue un luchador cuya figura ha trascendido a mucho más que su poesía. Lejos de los versos, de los endecasílabos o de la rima asonante, el poeta ha marcado una cruz en los libros de Historia de España, por no hablar de los de Literatura. Tiene sentido: los héroes pueden irse y volver, aparecer, desaparecer, reaparecer. Sin embargo, y siempre será así, las leyendas son para siempre.

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