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Adamo: «Cuando una canción de amor es sincera no suena ñoña»

El artista italo-belga que conquistó a toda una generación de jóvenes en los guateques de los años 60 y 70, actúa en Madrid en el Teatro Nuevo Apolo los días 21 y 22 de enero

  • Adamo / Foto: Cristina Bejarano
    Adamo / Foto: Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

18 de diciembre de 2018. 01:11h

Comentada
Juan Beltrán.  18/12/2018

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Si a finales de los 60 ydurante los 70 había alguien imprescindible en los guateques de España ese era Salvatore Adamo (Comiso, Italia, 1943). Con un disco de canciones en castellano, el cantante ítalo-belga se ganó al público español. «Mis manos en tu cintura», «La Noche», «Un mechón de tu cabello» son emblemas de muchas parejas de entonces. Pero Adamo, uno de los más grandes, no ha parado de componer y de evolucionar y, a sus 75 años, vuelve a Madrid al Teatro Nuevo Apolo en enero.

–¿No cree que tiene algo abandonado al público español?

–Me sorprende que sin haber grabado en español desde hace años, me recuerdan igual y para mí es una gran emoción.

–¿Para cuándo un disco en nuestro idioma?

–Este año hemos adaptado trece canciones, que son las mismas de mi último trabajo en francés.

–¿Sabe cuántos guateques bailamos con sus canciones?

–Sí, me han contado anécdotas muy curiosas. En Chile me dijo un señor que conoció a su mujer y se enamoraron bailando una canción mía y con otra se separaron (risas). Es una responsabilidad terrible.

–¿Qué veremos en Madrid?

–Mi intención es revivir el espíritu de aquellos guateques. Sería muy presuntuoso por mi parte no cantar las canciones que el público espera, pero me gusta mostrar mi evolución, así que habrá también canciones del último disco.

–¿Espera que sea «Su gran noche»?

–Lo espero cada vez que subo al escenario, para mí es como levitar. Es el público quien nos lleva con su calor.

–¿Sabe que Raphael ha hecho de ella un himno en España?

–Lo sé y lo agradezco muchísimo. Hay gente que no sabe que yo compuse esta canción. A Raphael le gustó tanto que la adoptó cambiando la letra. Me produce gran placer oírla como un himno cantado en muchas fiestas.

–Sigue saliendo de gira... Va bien el motor, supongo.

–Sí, sí, la llama del corazón está siempre encendida. Ojalá tenga salud y dure mucho tiempo.

–Jacques Brel lo llamaba «el jardinero del amor».

–Es el tema principal de mis canciones, pero con el tiempo cantarle al amor es más y más difícil. Sin truco, porque después de cincuenta años se saben las fórmulas para hacerlo. Cuando termino una canción que me satisface, soy el hombre más feliz.

–¿Y no teme que a veces puedan parecer una ñoñería?

–No, porque se pueden hacer canciones de amor profundas, que suenen sinceras –que es lo más importante–. Cuando es así no suenan tontas o ñoñas.

–¿Se podrían escribir ahora aquellas canciones sin ser acusado de machista?

–Ahora hay que cuidar mucho las palabras. Yo me alegro porque para mí la mujer siempre ha sido más fuerte. Hice una canción hace tres años que decía «te dices sin defensa, pero tu fuerza es inmensa, me gustaría ser tu igual».

–¿Su manera de abordar el amor ha cambiado con los años?

–Ahora lo veo de forma más tranquila, más sosegada, los amores a los 18 rozaban el drama, escribía canciones desesperadas, ahora son menos sufridos y las canciones más serenas.

–También canta canciones de contenido social.

–Sí, como «Inch’Allah» o «Chantez», sobre los atentados a Charlie Hebdo. Cantaré una canción sobre los emigrantes porque es un tema que me importa mucho. No podemos quedarnos en una nube ignorando lo que pasa en la tierra. Es necesario tender la mano, no podemos construir un muro, sino puentes más bien. Mi padre fue emigrante.

–¿Sigue siendo embajador de Unicef?

–Sí, no viajo como antes a los conflictos, pero doy mis mensajes de otra manera, por televisión o radio.

–¿Es el amor ahora más necesario que nunca?

–Es vital, porque las diferencias entre pobres y ricos son cada día más grandes y tendríamos que encontrar un punto intermedio, no por compromiso, sino por justicia.

–Ha compuesto unas 500 canciones. ¿Se puede seguir su evolución personal en ellas?

–Sí, mi trayectoria sentimental y mi visión del mundo. Cuando comencé con 19 años solo hablaba de mí. Ahora, desde que necesito gafas, veo mejor lo que pasa a mi alrededor y canto de los otros.

–¿Hubiese imaginado llegar aquí?

–No podría, he superado con mucho mi sueño.

–¿Le dice algo la palabra jubilación?

–En mi vocabulario no existe, solo lo dejaré el día que mi mujer o mis hijos me lo digan.

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