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Agilidad narrativa y sublimación visual

Los lectores saben que los capítulos del libro no se dividen por números, sino por el nombre de los personajes y lo que les sucede.

  • Agilidad narrativa y sublimación visual

Tiempo de lectura 4 min.

19 de mayo de 2019. 03:08h

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Alberto Chicote.  19/5/2019

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Ni me acuerdo cuando empecé a leer los libros de la saga de «Juego de tronos». Creo que fue en 2000 cuando los publicó en España la editorial Gigamesh. Como me gusta mucho la literatura fantástica les seguía desde hace mucho tiempo, en el momento en el que sacaron a la venta «Canción de hielo y fuego» en nuestro país pensé: «Vamos a ver de qué va esto». Me flipó. Siempre cuento que el primer libro de la saga es que más he regalado, unos 30 ejemplares. Quería «envenenar» a mis amigos. Pensaba: «Te suelto el primero y luego los demás te los compras tú». Tengo uno firmado por George R. R. Martin. Vino a la Feria del Libro de Madrid cuando nadie conocía a ese señor gordito.

El personaje que más me interesa es Tyrion. Le admiro por su inteligencia. Los lectores saben que los capítulos del libro no se dividen por números sino por el nombre de los personajes y lo que les sucede. Siempre estaba deseando voltear la página para que apareciese él. Me gusta cómo entiende las cosas. Estoy muy contento de que esté en la temporada final. Lo bueno de «Juego de tronos» es que todos los personajes evolucionan, pero no me esperaba lo que ha ocurrido con Daenerys. Sin embargo, bienvenido sea, otro giro del guión y sin olvidar la esencia de la saga literaria, porque una de las cosas que me llamaron la atención es que no había ningún personaje imprescindible. Cuando empiezas a ver la serie parece que va a ser la batalla entre los buenos, los Stark –sobre todo Ned Stark que está ahí siendo superguay– y los del Desembarco del Rey. Sin embargo, luego le dan un cuchillazo y hasta luego. Lo primero que pensé fue: «Anda Dios, ya me he quedado sin el bueno». Luego esperas que sus hijos permanezcan. Llega la Boda Roja y otros que se van.

Por supuesto no puedo dejar de nombrar la épica de las batallas. Todas las escenas que conllevan un mayor número de personajes y de extras le dan grandiosidad a una ficción. Eso ya lo descubrió Cecil B. de Mille hace décadas. Y por supuesto no puedo obviar «El señor de los anillos». Peter Jackson fue uno de los primeros que dijo: «Puedo rodar una batalla de 40 minutos que sea interesante y que se va a mantener viva desde el primer minuto hasta el último». ¿Eso en qué se traduce? En una agilidad narrativa y en una sublimación visual. En principio parece que los personajes se van a dar mandobles por todos los lados y van a salir miles de cosas volando y es mucho más: se monta la mundial. Hemos descubierto que en una batalla de una hora y pico de duración se puede mantener la tensión al no saber lo que va a ocurrir.

Si fuese uno de los guionistas pensaría: «¿Quién es el que todo el mundo quiere que se siente en el trono de hierro, que recuerdo que ya no existe? Sin duda, Jon Snow». Ahora todo el mundo quiere que Daenerys se meta el dragón por donde le quepa y que se vaya a coger espárragos, aunque puede que cumpla lo que en principio quería. Sin embargo, cuando quemó Desembarco del Rey con todos dentro creo que pensó: «Pues mira, me quito competidores de encima, ya que estamos... Y, además, como tampoco veo mucho desde arriba pues me lo llevo todo por delante y hasta luego Lucas».

No sé qué serie sustituirá a «Juego de tronos». Por lo que leo, las plataformas de pago ya están buscando material para cubrir su hueco. Lo que no se sabe es si pondrán toda la chicha que hace falta. Yo les recomendaría dos fantasías épicas: «Malaz» y la saga de «El archivo de las tormentas» por su extensión, las cosas que ocurren, los personajes y lo maravillosos que son sus escenarios.

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