Alfredo Alvar: «Para que exista un sistema educativo debe haber una nación»

Historiador. Recupera la biografía de Juan López de Hoyos, maestro de Cervantes

Alfredo Alvar
Alfredo Alvar

España es una nación descuidada, despreocupada por su pasado, que tiende a olvidar a los hombres que han formado su historia. De vez en cuando, un investigador asoma para recuperarnos, con un monografía o un estudio, una figura, un nombre, un retrato. Alfredo Alvar es un historiador inusual, que sabe que las cosas serias no son compatibles con el humor y que la cultura, aunque muchos no lo sepan, está hecha para aprender y divertirse. Ahora ha publicado una semblanza de Juan López de Hoyos, que para muchos sólo es un nombre del callejero de Madrid, en «Un maestro en tiempos de Felipe II» (La Esfera de los Libros). Un volumen ambicioso, que no sólo explica el personaje, sino que se adentra también en la época y aclara cómo era la enseñanza en el siglo XVI, esa época donde los españoles se adentraban en los espacios en blanco de la cartografía.

-No era un protagonista principal.

-Es un humanista importante, de segunda fila si se quiere, que con toda certeza fue el maestro de Miguel de Cervantes. Pertenecía a la última generación de humanistas de esa centuria. No era Lope de Vega ni tampoco Calderón, pero su nivel intelectual resultaba muy importante, aunque creador intelectual no nos sirve. Hay que subrayar que fue el primer historiador serio de Madrid y que en esa obra aplicó los modelos retóricos y conceptuales de cómo se debía escribir la historia según habían propugnado los escritores latinos: veracidad de fuentes, discurso solemne. Es un historiador a la usanza clásica, de escuela. Es interesante que en aquella España trascendental de la Contrarreforma cita a Erasmo y en su biblioteca aparecen seis libros de él. También es un helenista. Estudió griego en un periodo en el que estaba perdido. Y todo esto se lo transmitió a sus alumnos, y a Cervantes que, probablemente tuvo clases particulares, de él. López de Hoyos es quien le enseñaría a ser historiador, erasmista, a ver el mundo de una manera diferente a como dicta la Contrarreforma.

-¿Cómo fue esa relación?

-No sabemos nada. Esto lo declara López de Hoyos y dice que lo aprecia. Publica versos de Cervantes cuando todavía no era nadie dentro de un libro suyo. Un año después se pierde el rastro del autor de «El Quijote». Aparece en Italia, Lepanto, Messina, Argel. Vuelve en 1582 a España. Desde 1568 hasta 1582 no existe ningún contacto entre ellos. Al poco tiempo, moriría López de Hoyos. Tras su fallecimiento se procede a subastar sus bienes, algo que era normal. En esa almoneda no aparece Cervantes, que está acabando de escribir «La Galatea». Se conserva la relación las personas que acudieron a esa venta y él no estaba.

-¿Eso qué indica?

-Intuyo que su relación no terminó muy bien. Si te enteras de que tu maestro se muere, a lo mejor vas y adquieres algo, aunque sea como recuerdo de su memoria. Cervantes no tenía que ir, claro. Pero si sumas que más adelante elogia la educación de los jesuitas, los enemigos de López de Hoyos y que en la segunda parte de «El Quijote», un humanista, que es la encarnación de la estulticia, habla de cosas semejantes a las que decía su profesor... Además, Cervantes escribió tres antologías de hombres de su tiempo y en ninguna hace mención a López de Hoyos. Si guardara un buen recuerdo le habría citado. En todas las referencias que incluye en sus libros ni una sola vez cita a López de Hoyos. Y sin embargo, volvieron a encontrarse en vida en los textos preliminares de un libros: el antiguo maestro daba la aprobación y el escritor incluía un poema en alabanza. Volvieron a reencontrarse intelectualmente.

-También habla de la educación en el Siglo de Oro.

-En la España del siglo XVI y XVII no existía un sistema de educación. Cada territorio

poseía sus mecanismos de enseñanza que funcionaban según sus criterios. Tenían sus

especializaciones y tradiciones de enseñanza. El resultado fue un Siglo de Oro. Faltó una revolución científica en el XVII, quizá por la Inquisición. Esos escritores compartían puntos en común a pesar de todo. ¿Por qué? Por pura lógica. ¿Qué se necesita para pertenecer a la República de las Letras: leer a Quintaliano, Erasmo, Luis Vives, Virgilio, Tácito... Todo eso se enseñaba. Es lo que había que aprender. Los niños que no hubieran leído a Virgilio o aprendido a componer poesía no alcanzarían un espacio en esa República.

-¿Hoy existe un sistema?

-Para que exista tiene que haber unas causas, un fin. Si no se sabe para qué se forman los niños, ¿para qué lo quiero? Para que haya un sistema educativo debe existir una nación. Ese diseño tiene lugar durante el siglo XIX, porque se construye un sistema nacional, necesitas una historia común, ingenieros que hagan Estado y que los niños aprendan física y química. Requieres plantillas de médicos. Cuando tienes eso en la cabeza diseñas un plan de estudios que conduzca a un Estado. ¿Pero ahora? Los sistemas de socialización son más potentes que la escuela y en la enseñanza privada, aparte de estar mal pagados los profesores, se les echa en verano.

-Cervantes no fue a la universidad y se convirtió en un gran escritor. Hoy, con todo el acceso a la cultura, deberíamos tener un nivel altísimo...

-El nivel cultural de la población del siglo XVI es más bajo que el actual. Pero debemos tener en cuenta que esa gente tenía una gran nivel cultural de visión y auditiva. Ya se encargaban los púlpitos de eso... El acceso a textos escritos no tiene por qué conducir un mayor nivel cultural. ¿O Wikipedia es de un elevado nivel cultural? Hoy en día la mayor parte de la población se conforma con una lectura breve o un fogonazo de la Wikipedia.

-La educación hoy es el talón de Aquiles de nuestro país.

-Si para una nación la educación no es una prioridad pueden ocurrir dos cosas: que se fracture y se pierda la necesidad de esa educación pública y que esa juventud que pierde estudios no sirva para nada. Eso está ocurriendo en España. Uno de los más graves problemas de la democracia española es la debacle de la educación. Se afirma que éstas son las generaciones mejor formadas, pero al mismo tiempo lees que el 30 por ciento no tiene estudios. En España, encima, ha fallado, y mucho, la educación privada, incluidas las universidades. Y hay que señalar que no se piensa demasiado en la importancia de la educación, porque muchos padres, criados en la democracia, no saben en qué consiste la educación de sus hijos. Los problemas de la educación en nuestro país los tienen los gobiernos y los padres, no los profesores. Y no soy profesor.

-Se muestra muy crítico.

-Le señalaré otro problema. La consideración en la educación, en cualquier nivel, del estudiante como un cliente. Y un estudiante no es un cliente. Él sólo aporta la matrícula y estudia. Nada más. También ha declinado la «autoritas» del profesor, que tampoco es un producto barato más del mercado, alguien al que se paga 800 euros al mes y en verano se le echa a la calle. Eso hace la privada.

-Si se mira a Francia no se ven esos problemas.

-Claro... En el sistema influyen cuatro elementos: educación, los grupos de pares, lo que es la pandilla, la familia y los medios de comunicación. Con eso hace una educación. Pero si en la televisión, como en general aquí, en vez de procurar que la gente tenga más formación y sea menos vulnerable, lo que sale es Belén Estaban, «Supervivientes»... es que a veces es más reconfortante ver los anuncios que los programas. De las familias ya hemos hablado, los grupos de pares son producto de todo lo anterior. Hay estudiantes que prefieren ser camareros o albañiles porque consideran que ahí ganan mucho más dinero. ¿Es que nadie enseña en nuestro país que existe algo más que ingresar mucho al mes?

-¿Es importante lo que se lee?

-Por supuesto. Un niño debe leer todo lo que le apetezca. Un adulto sólo lo que debe leerse. Un adulto no debe guiarse sólo por «best-seller». Y no hay que tener miedo a entrar en las librerías. No pasa nada. No muerden. Y así descubren obras. Pero moverse sólo entre los listados de los más vendidos no es más que seguir los dictados del márketing.