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  • Ensayo de «Policías y ladrones», el primer montaje que sufre la huelga en la Zarzuela
    Ensayo de «Policías y ladrones», el primer montaje que sufre la huelga en la Zarzuela

Tiempo de lectura 4 min.

07 de abril de 2018. 03:25h

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Gonzalo Alonso 7/4/2018

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El jueves se concentraron alrededor de mil personas a las puertas del Teatro de la Zarzuela entre público, artistas, medios y curiosos. Escucharon las piezas que el coro del teatro prepararon para la ocasión, se gritaron consignas y se leyó un manifiesto. Días antes ya se superaban los mil firmantes del manifiesto de profesionales de todos los ámbitos de la cultura y las artes en defensa del Teatro de la Zarzuela ante la posible absorción del coliseo por el Teatro Real. A través de Change.org se han sumado a la iniciativa casi 30.000 firmantes. Radio 3 dedicó el jueves casi una hora al tema, con largas intervenciones telefónicas de Montserrat Iglesias, Emilio Casares y yo mismo. Otros muchos medios han tratado también el tema. La dirección del Teatro Real reunió el martes a más de 20 críticos para dialogar sobre él. La cosa está que arde. A estas alturas de la película parecen claras varios aspectos y, como en todo, hay verdades, medias verdades, mentiras, fondo y formas. Es cierto que cuando se inició la nueva andadura del Real tenía sentido unificar su gestión con la de la Zarzuela en una misma fundación. Incluso hubo una orden ministerial traspasándola, que fue rechazada por la misma fundación ante su falta de concreción. El fondo era positivo, pero fallaron las formas tal y como ha sucedido 20 años después. La Zarzuela es una mera unidad de producción del Inaem, que no ha logrado la independencia de otras y eso crea muchas ineficiencias en su funcionamiento administrativo. Basten dos ejemplos: los fondos captados para patrocinios o la misma taquilla no van al teatro sino a las arcas de Hacienda y hasta la sustitución de un cantante enfermo habría de pasar por la intervención previa. Pinamonti se fue por aburrimiento. El Real tiene un presupuesto de segunda división, similar al de Lyon, y sumar el de la Zarzuela le haría cobrar más relevancia internacional. Hay más razones, pero han fallado las formas. Quien debía encabezar públicamente el proyecto es el propio ministro de Cultura, no el presidente del patronato del Real. Encabezarlo para anunciar que se abría el proceso y se dialogaría con todos los implicados. Solo después de las presiones se ha empezado a hablar, por ejemplo, con la Orcam. Y, por esas presiones, el Ministerio decide declarar el género como patrimonio cultural inmaterial. Bien, pero tarde. El oscurantismo es la tónica dominante. Se afirma que están estudiados todos los temas, pero sin negociarlos ni darlo a conocer y, en consecuencia, las inquietudes están a flor de piel. Y, así, los sindicatos hablan de una privatización que en modo alguno es tal, ya que el Real es una fundación de carácter público comandada muy mayoritariamente por Cultura y Comunidad. Y los coristas desmadran hablando de dietas. Y Tomás Marco paga el pato porque, entre unos y otros, le roban su zarzuela «Policías y ladrones». Y una concentración a las puertas del Real en plena celebración del World Opera Forum, encuentro de lo más granado de los teatros del mundo, no ayuda por más que se entienda la necesidad de presionar. Por eso, señor ministro de cultura, salga por fin a la palestra para enfriar el asunto y anuncie que, pasados unos meses, se reemprenderá el proyecto en reuniones conjuntas de Ministerio, Real e Inaem buscando soluciones a todos los problemas laborales, orquestales, corales, etc. La transparencia y la lógica han de imponerse.

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