ARCO y los reyes del mate

Los Reyes y el matrimonio Macri inauguraron ayer la 36 edición de la feria, con Argentina como país invitado. Visitaron varios stands y pudieron ver los primeros puntos rojos, que van en aumento. «Esta edición marcará un antes y un después», vaticina Juana de Aizpuru

En el stand de Barro Arte Contemporáneo, en el pabellón 7, se muestra una reinterpretación de «El jardín de las delicias»

Los Reyes y el matrimonio Macri inauguraron ayer la 36 edición de la feria, con Argentina como país invitado. Visitaron varios stands y pudieron ver los primeros puntos rojos, que van en aumento. «Esta edición marcará un antes y un después», vaticina Juana de Aizpuru

No había que madrugar tanto otros años. Sin embargo, ayer la inauguración oficial de la feria se adelantó casi en un par de horas. Y hubo empujones y carreras porque la Prensa necesitaba poder seguir de cerca a la comitiva para saber por dónde iba a transcurrir el recorrido, que lo hubo, como cada edición. Una hora de paseo que arrancó en el stand de Helga de Alvear, una histórica que acaba de recibir uno de los premios que concede la feria al coleccionismo: «Les he enseñado los cuatro cuadros que hemos vendido: uno de José Pedro Croft, una escultura de Ana Prada («Brides Dream»), uno de Axel Hutte («Irati», 2014) y otro de Cándida Hofer («Zisterzienserstift Schlierbach»). Este año vamos estupendamente bien. Pero así, con estas prisas, los Reyes no pueden ver nada. Si les gusta algo, vendrán después, solos», comentó. De ahí pasaron a Filomena Soares, que exhibe una bellísima pared literalmente tomada por la portuguesa Helena Almeida, con fotografías en blanco y negro. Se demoró su tiempo y siguieron ruta con destino claro: Michel Soskine, donde se entretuvieron unos minutos y preguntaron varias cosas sobre los artistas. Pararon después a la de Henrique Faría, y ahí el diálogo fue más fluido. Doña Letizia se interesó por alguna obra concreta de un artista que mezcla lo conceptual con lo estético. La siguiente parada era obligada: Plataforma ARCO para ver de cerca y tomar el pulso a la realidad del arte argentino. Inés Katzenstein, comisaria de la selección, habló a la Reina y a Juliana Awada sobre las piezas expuestas. Hacía calor y la Prensa se amontonaba. El recorrido paró en el pabellón infantil. Hubo abrazos y besos a los críos y una autógrafos valiosísimos que los pequeños exhibían como trofeos, como el de Valentina: «El Rey, la Reina y la señora argentina me firmaron una hoja. Yo también soy argentina», dijo emocionada. Y después, nada mejor que reponer fuerzas. La sommelier Karla Johan estaba al quite. Y les ofreció mate: «Les estaba invitando a que probaran la infusión nacional de Argentina. Lo bebieron y les encantó». Los cuadros de Ana Bergman en Jerome Poggi acapararon miradas reales y las telas-protesta de Badi Badalov. Hubo guiño también para José María Sicilia y parada con una clásica, Juana de Arco, con la que siempre departen . Y ella, que es una anfitriona perfecta, les mostró la obra de Jordi Colomer, el artista que representa a España en la Bienal de Venecia y que ha vendido. «Me preguntaron de que está hecha la escultura (unos pequeños coches) y les conté que de exaduro. Pusieron la misma cara de interrogación que tú. Es la mezcla con que los dentistas empastan las muelas. Quería dar una sensación de fragilidad, pero en realidad es un material durísimo», explica. Y dice con rotundidad que «esta edición va a marcar un antes y un después». Elvira González, otra galería histórica, se convierte en el punto final del recorrido. Vieron mucha pintura, abundante, como ya dijimos ayer. Es éste un ARCO en el reino de la pintura en el que, sorpresa, el rey es una escultura, un móvil de Alexander Calder que pulveriza a Dalí, Juan Muñoz y Alex Katz juntos: a 2,5 millones se vende «The Red Base» en la galería Mayoral. Guillermo de Osma también mostraba su contento con varios puntos rojos (¿una de ellas es el valioso Torres-García?). La fotografía ocupa el segundo lugar en cantidad y registra, nos decían ayer, buenas salidas. Una fotografía de Marina Abramovic, «Retrato con un cordero», se adquirió por 70.000 euros en Art Bärtschi & Cie. ¿Se mantendrá el ritmo?

El deber de mecenazgo

ARCO es un bullir de actos diarios desde hace más de una semana. El pasado lunes se celebró una cena en la que se entregaron los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo. Los galardonados fueron Patricia Phelps de Cisneros, una de las grandes damas del coleccionismo de Latinoamérica, y el Duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart. Ella aseguró que «si hay un mensaje que me gustaría poder comunicar esta noche es que el mecenazgo es un deber, pero además un enorme placer. El arte nace del deseo de compartir, desde el artista en su taller hasta el galerista que apuesta por mostrarla, el historiador que la evalúa, al coleccionista que la adquiere». La gala contó, entre otros invitados, con Miguel Zugaza, Carmen Thyssen, la escultora Cristina Iglesias, Elena Ochoa, Carmen Iglesias, Carmen Posadas o empresarios como Manuel Arango, Julio Ardila y Simón Pedro Barceló, entre otros.