Arte

Pål Enger, el futbolista que robó "El grito" de Munch, muere a los 57 años

En apenas 50 segundos, que fueron recogidos en vídeo de una cámara de seguridad, con la ayuda de un cómplice y una escalera, salió con la pintura valorada en 55 millones de dólares.

“El Grito” de Munch
“El Grito” de Munchlarazon

Apenas tardó 50 segundos en dar el golpe maestro. Pål Enger era un talentoso jugador de fútbol noruego con una obsesión: el arte. Y lo había planeado todo para hacerlo cuando nadie miraba. El 12 de febrero de 1994, el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Lillehammer, Noruega, Enger logró robar la celebérrima obra de arte de Eduard Munch, “El grito”, de la Galería Nacional. Enger ha fallecido a los 57 años de edad.

Así lo confirmó Tina Wulf, jefa de prensa del club de fútbol de Oslo Vålerenga Fotball, en el que jugó Enger antes de convertirse en ladrón de cuadros, aunque no reveló las causas del fallecimiento. Mientras era una promesa del balompié, Enger, fascinado con las historias de mafiosos como "El Padrino", fue detenido en distintas ocasiones por robos de joyas y piezas de arte. Incluso en 1988 realizó un ensayo general de su golpe maestro, cuando se encaramó a una ventana en el Museo Munch en Oslo y robó la pintura “Amor y dolor”, también de Munch.

Posteriormente, llevó a cabo, con maestría, el golpe de "El grito": en apenas 50 segundos, que fueron recogidos en vídeo de una cámara de seguridad, con la ayuda de un cómplice y una escalera, rompieron una ventana y salieron con la pintura valorada en 55 millones de dólares. Incluso se permitió una chulería: dejó una nota manuscrita en la que podía leerse “Gracias por la falta de seguridad”.

La noticia abrió los informativos de todo el mundo y Enger se convirtió en una celebridad internacional. En su país se sucedieron los documentales y hasta una serie de televisión sobre su historia. Su personalidad siguió atrayendo muchos años después, como prueba el documental de 2023 “El hombre que robó el grito”. La pintura fue recuperada intacta después de que Enger confesara que la había escondido en un lugar secreto de su casa familiar..

Enger fue condenado en repetidas ocasiones por robo de arte y otros hurtos, así como delitos de drogas durante las siguientes décadas. En 1999, incluso se fugó de una prisión de mínima seguridad pero fue capturado 12 días después. Durante su estancia en prisión, Enger desarrolló una afición por la pintura que tanto codiciaba. Pintó autorretratos, animales y después motivos abstractos. Debutó como artista profesional en 2011.