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Cecilia, la «salvadora» de Borja

La cadena inglesa Sky Arts ha viajado hasta Borja para recuperar una historia que salió de los confines aragoneses y tiñó todo el mundo de humor en un documental.

  • Original de la obra y su «transformación»
    Original de la obra y su «transformación»
  • Cecilia, la «salvadora» de Borja

Tiempo de lectura 8 min.

06 de julio de 2016. 03:25h

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6/7/2016

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«Lo tocabas y se iba todo. Yo lo que veía estropeado lo reparaba. (...) Decía: “Ay, qué pena”. Entonces, lo manché con aguarrás para que se secara, pero claro, se emborronó, la pintura se corrió... Estaba sin terminar, porque si me pongo hago la “carica”, los “ojicos”... Los hubiera hecho bien, pero es que no lo terminé. Me fui de viaje y quien fuera avisó de que estaba en esas condiciones...». Fue el origen del fenómeno –en palabras de su protagonista–. De no haber existido tal excursión, chivatazo y/o gazapo nada hubiera sido igual. Aquel final de verano de 2012 hubiera tenido que entretenerse con los deportistas convertidos en héroes que regresaban de las Olimpiadas de Londres, una nueva vuelta al cole o con un verano apocalíptico por ser «más seco y cálido que la media». Pero no, era tiempo de «Ecce homo». Gracias a él, muchos situaríamos Borja en el mapa, 60 kilómetros al oeste de Zaragoza concretamente, en el valle de Huecha; las redes sociales devorarían el enésimo tropezón ajeno hasta agotar los chistes y los memes; y su autora, Cecilia Giménez, se haría eterna con su «chapuza» –como ella misma la define–. Además de relanzar la carrera del pintor que ocupó aquel pilar antes que ella, Elías García Martínez.

La historia la recoge ahora la cadena inglesa Sky Arts en «Fresco fiasco», un documental de Victoria Wimpenny que mañana estrena en España, en el epicentro del terremoto: el Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia de Borja (a las 20:00 horas). Porque el cuento del «Ecce homo» traspasó fronteras más allá del valle de Huecha. «Conocemos a los protagonistas para que nos cuenten una historia positiva, informativa y emocional», resume la productora.

Repercusión mundial

Si el 20 de agosto llegaba la noticia a la redacción de «El Heraldo», un día más tarde la información saltaba a las cabeceras nacionales. Después, ocuparía los titulares europeos, internacionales... Hasta dar la vuelta al mundo y hoy, cuatro años después, una televisión británica ha recuperado los hechos. Todo porque el retrato original de 1930 había sido vilipendiado de malas maneras por «delincuentes», como se dijo inicialmente. Entonces, «Potato Jesus», «Monkey Jesus», «Beast Jesus» eran algunos de los motes que resonaban fuera de los límites de Borja. El montaje se mete en los archivos de la villa aragonesa para comprobar todo ello en una habitación entera en la que se recogen los centenares de textos de todo el mundo que se hicieron eco de la noticia durante esos días.

«Ésta es la historia de un fresco que hizo reír al mundo y de la transformación de su artista, que pasó de ser la vergüenza local a la salvadora de la ciudad», introduce el montaje de Wimpenny. En él, Assumpta Serna recorre Borja para tocar cada una de las piezas implicadas. Una de ellas, García Martínez, representado en su nieta Teresa García, que no pudo aguantar las carcajadas al ver el nuevo y «curioso» panorama: «La última vez que subí al santuario lo vi muy deteriorado y el alcalde me dijo que querían restaurarlo. Y a los pocos días estando en una exposición de pintura en el Centro de Estudios Borjanos el presidente me dijo: “Teresa, tienes que venir, que ha ocurrido una cosa con la pintura de tu abuelo”. Entonces me enseñó la “restauración”, entre comillas. De primeras, me entró un ataque de risa porque me parecía inconcebible lo que había pasado. Luego, al ver la cara de circunstancia de todos los demás, me di cuenta de que era un hecho real, así que a la mañana siguiente fui al Ayuntamiento a reclamar y se me dieron las garantías de que se iba a restaurar», explica en el documental.

Sin embargo, la recuperación no sería tan sencilla. La magnitud era tal que el nombre del pueblo empezaba a resonar por todos lados. Persona que pasaba cerca de la noticia, persona que se acercaba hasta el santuario. Parecía imposible estar en la localidad y no acercarse a comprobar que lo que contaban por tierra, mar y aire era cierto. La «campaña» publicitaria fue inmejorable. «The New York Times», «The Guardian» y la CNN, entre otros, hablaban del «Ecce homo» de Borja. En quince días, 23.000 personas habían visitado el rebautizado centro de «Santa Cecilia». Impensable a mediados de agosto. La fuerza era tal que el responsable del templo, José María Aznar, propuso aprovechar el tirón y cobrar un euro a cada uno de los curiosos. Que en los meses posteriores seguirían peregrinando al lugar. «No es una obra de arte, pero a la gente le gusta, conoce el santuario y visita Borja. Y eso es bueno», comenta el guardés. Una repercusión positiva que apoya contundentemente Eduardo Arilla, alcalde: «No hay que volver al fresco original».

Un poco de miedo

En el otro lado, Cecilia Giménez, una anciana octogenaria que se fue de viaje para desconectar y a la que a su vuelta al pueblo todo se le había puesto patas arriba: «Me dio un poquitín de miedo. Lo sentía, iba a mi casa y lloraba». «Lo pasó mal –habla Assumpta Serna–, no tenía las herramientas suficientes para detener esa avalancha de gente que la ponía por los suelos, le exigía daños y responsabilidades. Hasta que vieron que lo había hecho con la buena intención de recuperar un fresco, aunque se le fuera de las manos».

Pero le dieron «la vuelta a la situación», explica la familia. «Un día vinieron a casa –recuerda la protagonista– y escuché que me aplaudían, decían que me querían y me trajeron ramos de flores. Entonces, fue cuando vi que el sufrimiento se había terminado. Al principio me destruyeron un poco. Después no».

Todavía había fuerzas para tirar para delante y demostrar que aquello no fue más que un error. Nunca se había dedicado a los retratos, pese a que su obra más famosa fuera un intento de ello y así lo cuenta Cecilia en «Fresco fiasco»: «Mi chapuza ha servido para que la ciudad de Borja la conozcan en todo el mundo. Perdonadme porque no lo he hecho con ánimo de sacar dinero. Lo vi estropeado y me daba pena». Ése es el espíritu que quiere recoger «Fresco fiasco», como cuenta Serna, «la historia de cualquier sitio se ve mejor con objetividad, desde fuera. Es una visión positiva, sobre todo porque los ingleses tienen grandes maestros del documental y sólo pretenden ver los pros y que la gente tenga su visión de la historia».

Cecilia, que ha pasado más de 70 años yendo y viniendo a un santuario en el que incluso se casó, vio cómo hace cuatro una de sus «chapuzas» le revolvía su mundo. Ahora, recuerda todo con humor y cariño, el mismo que le tiene a su «Ecce homo»: «Lo he visto y arreglado tantas veces que ahora me parece hasta normal el pobre. Se ha hecho un icono».

Filón turístico y publicitario

Lo que empezó como un despropósito y un nido de chistes ha terminado siendo la mejor campaña turística que Borja (Zaragoza) podía imaginar. Hace cuatro años saltaban a los titulares con el «Ecce homo» de Cecilia –arriba, en una imagen del documental– y desde entonces se han subido al carro para aprovechar el tirón. En «Fresco fiasco», el alcalde del pueblo comenta cómo rápidamente tuvieron que hacer chapas, camisetas, vinos y todo tipo de productos conmemorativos para que los turistas que se acercaban hasta allí se llevaran un recuerdo. José María Aznar, responsable del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, rápidamente puso un mapa para que cada visitante dejara una marca en su lugar de origen. Semanas después tuvo que poner otro, y otro, y otro... Hasta poner una bandera en 150 países diferentes. Tal fue el impacto del «Ecce homo» que en Estados Unidos se estrenó una ópera inspirada en la historia de Borja: «Behold the Man». Y ahora, cuatro años después, es Inglaterra la que se ha acordado de ella para este documental.

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