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Augusto Ferrer-Dalmau: «La traición es un síntoma que se da entre los débiles para conseguir lo que no merecen»

Se fue a Siria para pintar al Ejército ruso –«no me lo pensé dos veces», afirma– y recopila sus obras en «Bocetos para la Historia».

  • Augusto Ferrer-Dalmau: «La traición es un síntoma que se da entre los débiles para conseguir lo que no merecen»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de enero de 2019. 15:11h

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C.S. Macías Madrid. 2/1/2019

En su estudio, una roca de óleo seco le guarda el secreto de sus batallas con el lienzo. «Bocetos para la Historia» (Espasa) es el nuevo recopilatorio de los trazos que pintó. Dice que él es del Quijote a muerte y, en algunos casos, de Sancho Panza. De no haber pintado cree que sería chef. Porque le encanta la cocina, y dice que le salen platos exquisitos que por ser improvisados no es capaz de volver a repetir.

–Hágame un boceto de la historia de hoy...

–Más que un boceto, le haría una caricatura como las que realizaban Miranda o Juan Vallejo en el XIX de pasillos y despachos.

–¿Es más Don Juan Tenorio o del Conde de Montecristo?

–Tengo poco de Montecristo, más bien Tenorio.

–¿Se ve igual de seductor?

–No, por Dios. Él tenía tiempo y un pico de oro. Yo no tengo tiempo ni para dormir...

–Pasa por la guerra pintando soldados valientes. ¿Qué le parecen los traidores?

–A los traidores los sufrimos desde los albores de los tiempos. Es un síntoma que se da entre los más débiles para conseguir lo que no merecen, pero son efímeros y su recompensa es el desprecio.

–¿Le han traicionado alguna vez?

Sí, alguna vez, pero los que me traicionan solo lo hacen una vez. Yo no perdono ni olvido.

–Se trasladó a una zona de operaciones. ¿Cómo han sido sus días en ese lado de la batalla?

–Estuve en diferentes lugares de Siria. Me impresionó Alepo. La guerra está presente todos los días. Los míos eran los mismos que los de cualquier soldado, seguía las normas establecidas.

–¿Cómo pinta ahora Rusia?

–Surgió la oportunidad de ir a pintar al Ejército ruso en Siria, y no me lo pensé dos veces; cogí los lápices, las botas y la mochila y me fui. Poder ser el primer artista español que pinta y convive con este Ejército es un privilegio.

–¿Siria tiene solución?

–Sí, aunque se combate en Alepo y algún sitio más, la situación creo que está controlada. Tengo entendido que los rusos se quedarán un tiempo allí dando su apoyo.

–¿Qué es el miedo para usted? ¿Lo ha sentido alguna vez?

–Claro, ¿quién no? Yo tengo miedo de lo que siento y no puedo ver, pero de las guerras, no. Mi inconsciencia me supera. Para mí la muerte no es el final.

–¿En qué contienda hubiera combatido?

–La caballería es lo que más me gusta. Pienso que la carga del Regimiento Alcántara estaría entre mis preferidas, aunque ahora supiera el trágico final, como también lo sabían ellos.

–Sus armas son el pincel y los óleos... ¿De qué o de quién tendría que defenderse?

–De la sinrazón, del pensamiento único, de los que quieren imponer lo políticamente correcto.

–Posee licencia para pintar. ¿Alguna más?

–Tengo licencia para razonar, opinar y hacer lo que me dé la gana, siempre y cuando respete las leyes de todos.

–¿Cuánto tiene ahora de agente especial?

–(Risas). Poco, soy un mal espía. Los rusos en Tartús (Siria) me enseñaron un submarino por dentro y me fijé más en las dependencias y los camarotes que en los torpedos.

–¿Ha pensado en introducir en sus cuadros a alguna dama misteriosa?

–Claro que sí, a la periodista que me entrevista ahora.

–¿Le han tentado para la política?

–Sí, alguna vez, pero no sirvo para ello, no podría dormir tranquilo, tengo muy mal genio y quiero demasiado a España.

–¿Su rincón de batallas?

–El restaurante o bar que algún día montaré decorado con mis cuadros, sables...

–De la guerra civil, ¿qué batalla dibujaría?

–La de Teruel, con el frío, la nieve y los capotes manta, aunque también la de Belchite, ese escenario de ruinas dantesco da para mucho.

–¿Se ha planteado hacer una incursión por la antigua Roma?

–Me gustaría pintar Sagunto o una Numancia. A estas dos defensas titánicas les tengo muchas ganas, son tantas cosas las que quiero pintar...

–¿Y de Cataluña, a quién pintaría? ¿A Rufián, Torra, Puigdemont?

–Me gusta pintar soldados anónimos, hombres que con su esfuerzo, sacrificio y mucho dolor crearon esta nación. A estos políticos y su batalla ya los dibujan en los periódicos.

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