Bárbara Lennie: «No me apetece coger mi maleta y empezar de cero en Hollywood»

A punto de estrenar dos películas en Cannes, la «Magical girl» asegura que el teatro «ayuda a reencontrarse con lo esencial de la interpretación».

A punto de estrenar dos películas en Cannes, la «Magical girl» asegura que el teatro «ayuda a reencontrarse con lo esencial de la interpretación».

Dicen los críticos que es la mejor actriz española de su generación, pero ella le resta importancia. Es humilde y realista. Poco amiga de las alabanzas exageradas y fiel defensora del trabajo duro para alcanzar el éxito. El 8 de mayo inaugura «Todos lo saben» en Cannes junto a Penélope Cruz y Javier Bardem. También presentará allí «Petra», de Jaime Rosales. La agenda de esta «Magical Girl» (película con la que consiguió el Goya a mejor actriz protagonista) está que echa humo. Además, acaba de recibir el premio Belleza Comprometida de L’Oréal Professionnel, un galardón solidario que celebra ya su 8ª edición y cuyos 6.000 euros de premio van destinados a la investigación sobre el VIH. Cuando acabe la promoción de sus nuevas películas sueña con poder descansar y aunque Hollywood no es su prioridad, confiesa a LA RAZÓN que ya tiene previstas algunas entrevistas en la meca del cine.

–Se encuentra en la cresta de la ola. Tras estrenar en Berlín «La enfermedad del domingo» ahora va con dos trabajos a Cannes. ¿Él éxito depende solo del esfuerzo o también hay suerte de por medio?

–Acostumbrarse a lo bueno siempre es mucho más fácil, pero este oficio es muy imprevisible y uno nunca sabe. Me acuerdo cuando empezaba que hice «Obaba» y Juan Diego Botto me decía: «Yo estoy acostumbrado a comer el caviar más acojonante del mundo y depende qué mes, espaguetis con mantequilla». Y es muy cierto que nunca se sabe lo que nos va a pasar a los actores. Con lo de Cannes estoy alucinando. Este festival es muy «heavy», es el más importante a nivel mundial, y no me apetece estar estresada de más, quiero disfrutarlo incluso con todo lo que implica estar en el arranque junto a Bardem y Penélope...

–¿Pesa el ser la mejor actriz española de su generación, tal y como afirman los críticos de cine?

–Lo que siento realmente ahora es que necesito descansar. Estoy muy agradecida y muy feliz por todos mis trabajos de los dos últimos años, de hecho yo tenía una gran necesidad y voluntad de entregarme a grandes directores y hacer personajes que te dejan en carne viva. Pero ahora lo que necesito es recogerme un poco para ver qué quiero hacer después, porque esa entrega es maravillosa pero también agotadora, sobre todo con personajes tan exigentes y dramáticos. Mi objetivo más serio ahora mismo es darme un tiempo para no saturar y no saturarme y preservar lo más bonito que tiene una actriz, que es su trabajo.

–¿Cree que su formación en el teatro ha sido la clave de su éxito en la gran pantalla?

–Para mí ha sido bastante importante, sobre todo porque el teatro te ayuda a ubicarte. Al haber menos dinero y menos poder, hay menos diferencias entre unos y otros, y te ayuda a reencontrar lo más esencial de tu trabajo. Yo he estado desde en La pensión de las pulgas, La casa de la portera, el OFF del Lara, el Español, y todo eso me ha dado una visión del oficio desde ángulos muy diferentes.

–¿Está Hollywood entre sus planes futuros?

¿Por qué no? Este año voy a intentar ir a Los Ángeles y hacer entrevistas, y sin que sea un objetivo que me obsesione, sí que me apetece probarlo. Eso sí, Hollywood no tiene una cinematografía que me encante siempre ni me apetece ahora mismo irme con una maleta a empezar de cero en allí... Pero tener acceso a pruebas sí que me resulta interesante, como si surgen en París o en Londres.

–Está claro que la belleza suele ser un punto a favor del que la posee, ¿en su caso ha sido un obstáculo en alguna ocasión?

–La belleza tiene que ver con la honradez y con tener una visión positiva y humorística de la vida. Como actriz nunca he jugado a ser la bella, y en mi vida tampoco he ejercido nunca ese papel. Me encanta que me den premios como L’Oréal Professionnel, o que me llamen guapa, pero no es una cosa con la que yo me identifique. Mi identidad no se conforma en torno a mi físico. Crecer supone «asumirse» y no siempre resulta fácil, incluso siento que en ocasiones he sido muy torpe con respecto a mi cuerpo, a cómo aprovecharme. Lo físico siempre tiene que ver con cómo te sientes por dentro.

–¿Cómo ha vivido el «caso Weinstein»? ¿Es una realidad que le ha resultado cercana en su carrera?

–Me lo han preguntado mucho y yo sinceramente ni lo he vivido ni he escuchado de cerca a ninguna compañera que me haya contado algún capítulo de abusos. Eso no significa que aquí no haya existido, pero tenemos una industria que como es menos poderosa, se mueven menos intereses en ese sentido. Sí creo que dar voz al tema y todo este revuelo ha servido para que el posicionamiento de los hombres hacia las mujeres en el ámbito laboral sea otro.