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Cine

Festival de Málaga

"Las buenas compañías": insumisas e insolentes

La también intérprete Sílvia Munt vuelve a la dirección con una historia centrada en las mujeres que ayudaban a otras a abortar cuando todavía era ilegal en España

"Las buenas compañías", de Sílvia Munt
"Las buenas compañías", de Sílvia MuntFILMAXFILMAX

Si algo viene dejando claro cada nuevo 8 de marzo es que, en nuestro contexto, como país y como sociedad, es imposible hablar de un solo feminismo hegemónico. Lo expansivo del movimiento, desde lo más radical a lo más transversal, es en realidad florecimiento ideológico. En democracia, por suerte, es mucho más fácil no estar de acuerdo en todo. Por eso la lectura política de una película como «Las buenas compañías», que presentó ayer la directora y actriz Sílvia Munt en la Sección Oficial a competición del Festival de Málaga, se siente tan acertada, tan interesante, tan luminosa e inteligente.

Munt, que no pisaba la Costa del Sol como realizadora desde el mismo día en el que compartió cartel y día de presentaciones con la primera película de Rodrigo Sorogoyen, hace ya 15 años, viaja en su certero filme hasta la Rentería de la Transición. Ahí, de la mano de una Itziar Ituño titánica como madre impasible y de la joven Alicia Falcó como activista tímida, la realizadora se apoya en los cientos de relatos de mujeres que, ante lo ilegal del aborto en España, se veían obligadas a convertir la práctica en un ejercicio de riesgo. Bien mediante métodos chapuceros o insalubres, bien hipotecando media vida para poder pasar a Francia o viajar hasta Inglaterra. Pero lejos de lo morboso, huyendo de lo gráfico y, por supuesto, desechando lo panfletario, «Las buenas compañías» termina en película de percepciones, de medias verdades conscientes, de estados de ánimo, casi. Todo un acierto, dado lo delicado, incluso todavía hoy, de la materia.

Itziar Ituño en "Las buenas compañías"
Itziar Ituño en "Las buenas compañías"FILMAX

Evitando los clichés del «coming-of-age», la nueva película de Munt toma, por momentos, forma de «road movie». Y lo hace sin subir a su protagonista más que a un bus de manifestantes, porque el viaje es en realidad el que va desde lo individual hasta lo colectivo. Firmando aquí un ejercicio magistral de dominio de las perspectivas, buscando que la cámara siempre nos enseñe los miedos y anhelos de la protagonista, más allá de hechos objetivos, "Las buenas compañías" bien podría entenderse como un híbrido entre la "Amanecer" de László Nemes y, claro, "El acontecimiento", de Audrey Diwan.

La comparación con el filme galo ganador en Venecia, eso sí, no debería obviar cómo Munt es capaz de narrar sobre lo abyecto sin mostrarlo. El tabú del aborto, aquí, tiene una dimensión mucho más emocional que física. Y la perspectiva, conscientemente pueril, apela más a lo empático que a lo estomagante. La película de Munt es mucho menos visceral, pero, quizá por estar cruzada por una sensación nostálgica y personal (la Bea protagonista no deja de ser un recuerdo de la ansiedad juvenil de la directora), la identificación que puede lograr en el espectador es mayor. Si todo el cine es político, el abordaje del aborto como cuestión social aquí llega de manera más clara, más inmediata y más preocupante para toda la ciudadanía, no tanto como esa amenaza exclusivista y del pasado que es en el filme de Diwan.

Instalada en esa nueva vertiente del cine de pata ancha en España, donde también podríamos situar a "Las leyes de la frontera" o "Modelo 77", "Las buenas compañías" es, en último término, una película sobre la insolencia. Las mujeres insumisas que dibuja aquí Munt, en realidad reivindicadoras del llano respeto, son reflejo de un tiempo en el que ya había poco que perder. Y ese retrato, levantado alrededor de la brecha generacional entre el personaje de Ituño y su hija, y entre las diferencias de clase entre esta y la joven pudiente a la que acompaña en el filme, son dos pilares enteros, sinceros, cimientos de una película didáctica pero no aleccionadora, empática pero no sentimentalista, realista pero no historicista.