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Cambio climático: cómo hemos mutado

En diez años nos esperan incendios, temperaturas extremas, inundaciones y devastadoras consecuencias económicas.

  • Cambio climático: cómo hemos mutado
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de julio de 2019. 03:23h

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Juan Scaliter Madrid. 17/7/2019

Ya en 2020 era bastante obvio que, pese a las reuniones en Brasil, Japón, Francia e Inglaterra, habíamos fallado. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que incluye a más de 1.300 científicos de todo el planeta pronostica un aumento de la temperatura de 1º a 4 ºC durante el próximo siglo. Esto cambiaría la meteorología del planeta en vario aspectos. Algunos de ellos positivos, como la extensión de la superficie cultivable en regiones boreales, principalmente en Canadá, países escandinavos y Rusia. Esto es algo positivo, pero es apenas uno de los efectos del cambio climático. La otra cara de la moneda no es tan esperanzadora.

Según el IPCC las temperaturas continuarán subiendo en todo el planeta y las olas de calor se extenderán ya no por días ni semanas, sino por meses. Hoy estamos sufriendo esas temperaturas. A esto se le ha unido que muchas ciudades costeras de España (A Coruña, Gijón, San Sebastián, Barcelona, Valencia o Málaga por citar algunos ejemplos) han visto cómo el mar las ha invadido en mayor o menor medida. Una situación, ya anticipada por el CSIC en 2018, especialmente visible en el delta del Ebro, el Llobregat y la Manga del Mar Menor. Las pérdidas provocadas no son solo materiales, ya que el aumento del nivel del mar produjo la salinización de acuíferos costeros, incrementando la crisis de agua del país.

Mientras tanto, en el interior, la sequía se ha cebado con comunidades como Andalucía, Extremadura o Murcia. En 2017 un estudio, realizado por un equipo internacional de científicos, entre los que había expertos del CSIC, había demostrado que este fenómeno afectaría principalmente a los árboles más grandes y de mayor altura. Y si ya eran vulnerables por la sequía, los vientos y el calor extremo y duradero los convirtió en pasto de los cada vez más frecuentes incendios.

Lluvias torrenciales

El informe también señalaba que superar el límite de 1,5 º C depararía un mayor incremento del calor extremo y lluvias torrenciales, algo que lógicamente afectó de forma directa a la agricultura y a la ganadería. Muchas provincias han debido adaptarse a este nuevo clima, cambiando cultivos tradicionales, experimentando con nuevas cosechas y perdiendo importantes denominaciones de origen, algo que ha inclinado aún más la balanza de los efectos económicos tangibles del cambio climático.

Mientras, en el mar, la situación no era muy favorable. El Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) señaló, más de una década atrás, que la combinación del cambio climático y la sobrepesca podría provocar una auténtica devastación de la fauna marina. Mientras tanto, las ciudades costeras del Cantábrico han comenzado a experimentar lo que nunca se había vivido: huracanes. De hecho, en todo el Atlántico norte, la intensidad, la frecuencia y la duración de los huracanes ha ido aumentado de forma predecible.

También en el mar el incremento de temperaturas ha desencadenado una proliferación de especies invasoras y de medusas que ha alterado por completo el paisaje de todo el Mediterráneo. Básicamente el cambio climático ha comenzado a alterar el paisaje de la península. Antes se hablaba de inundaciones y riadas que no se habían visto en 50 o 70 años, ahora son cada 5 años. Muchos centros de esquí han visto cómo la cantidad y calidad de la nieve ha descendido notablemente y el turismo, tanto el de invierno como el de verano, ha cambiado por completo, profundizando la pobreza de algunas regiones y sembrando el desconcierto en otras

¿Cuándo deberíamos haber actuado? El problema es que no se trata únicamente de lo que se podría haber hecho en España, es un problema global, que debe tratarse con todos los implicados.

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