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Cinco momentos clave en la vida de una de las grandes de la lírica

La técnica vocal de Montserrat Caballé la llevó hasta lo más alto de la música lírica

  • Montserrat Caballe y su marido Bernabé Martín en "Madame Buterfly"
    Montserrat Caballe y su marido Bernabé Martín en "Madame Buterfly"
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

06 de octubre de 2018. 12:02h

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larazon.es.  Madrid. 6/10/2018

Montserrat Caballé consiguió a base de trabajo y una magistral técnica vocal llegar a lo más alto de la lírica. Nacida en una familia humilde, comenzó a estudiar solfeo gracias a su madre. Era la posguerra. Su primer gran momento le llegó a los 11 años, cuando logró ingresar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. Caballé dedicó su vida a la música. Su gran timidez no fue obstáculo para que en 1950 se subiera por primera vez a un escenario. Lo hizo a lo grande, en el Teatro Fortuny de Reus, interpretando el papel protagonista de "La serva padrona", de Giovanni Battista Pergolessi.

En 1956 dio el gran salto y entró a formar parte de la compañía del Teatro municipal de Basilea, con la que debutó en la ópera con "La flauta Mágica" de Mozart y con la que debutó fuera de España con un gran repertorio de los clásicos. Desde "La Bohème", "Tosca" o "Aída". La Ópera de Bremen decidió contar con ella en 1960, donde comenzó a especializarse en el bel canto. Tardaría dos años más en regresar a España, para debutar en el Liceo con "Arabella", donde inició su "reinado", aunque sus interpretaciones se han podido escuchar durante años en los principales escenarios de todo el mundo. En 1964 coincidió con Bernabé Martí, el que se convertiría en su marido, en el reparto de "Madame Buterfly".

Mujer cercana, de gran humanidad y que siempre demostró un particular sentido del humor, la soprano fallecida hoy a los 85 años de edad empezó a forjar su mito cuando el 20 de abril de 1965 tuvo que sustituir en el Carnegie Hall de Nueva York a una indispuesta Marilyn Horne, recordándose desde entonces su interpretación de Lucrecia Borgia.

El prestigioso The New York Times llegó a resaltar que Montserrat Caballé era poseedora de una voz combinación entre las legendarias Maria Callas y Renata Tebaldi. De su voz se ha destacado que era plena, potente y bella, que estaba dotada de tersura, nitidez, pureza o suavidad, y que su timbre era iridiscente y tornasolado.

Además de en el Liceo, la Caballé fue habitual en los más importantes cosos operísticos, ya fuera la Scala de Milán, el Covent Garden de Londres, las óperas de París y Viena o la Metropolitan Ópera de la ciudad de los rascacielos.

Sin embargo, siempre se sintió especialmente unida al Liceo de Barcelona, donde cantó por primera vez el día 13 de abril de 1953, un año antes de finalizar sus estudios de canto en el conservatorio de la institución musical, aunque profesionalmente no debutó en el teatro operístico barcelonés hasta el 7 de enero de 1962, siendo aclamada por el público y la crítica.

Cuando, en 1994, un incendio devastó el teatro, cantó emocionada entre las ruinas, destinó 36.000 euros para la reconstrucción y nunca tuvo un "no" para una función en el coliseo de la Rambla.

Tampoco dejó pasar el 50 aniversario de su debut en ese escenario y el 3 de enero de 2012, apoyada en una muleta forrada de negro, vio como el teatro de las grandes ocasiones se rendía a ella, arropada por amigos como Josep Carreras, Joan Pons o Juan Diego Flórez, y su hija Montserrat Martí.

"Me siento ufana de llevar el nombre del Liceo por todo el mundo", había proclamado en más de una ocasión, y, de hecho, en 2002 se convirtió en la primera mujer socia del elitista Círculo del Liceo en sus 165 años de historia.

Al cumplir medio siglo en los escenarios, Caballé explicó que, para conseguir una extensa carrera como la suya, "necesitas que el cerebro funcione bien para saber qué cantar, desarrollar un repertorio adecuado para cada edad".

En su prolífica trayectoria, nada se le resistió y tanto interpretó "Così fan tutte", de Mozart, como "Norma" o "I puritani", de Bellini, como el repertorio verdiano, o las protagonistas de "Isolda" y "Sieglinde", de Wagner.

"Tosca", "La Bohème", "Madame Butterfly" y "Turandot", el cuarteto de Puccini, también formaron parte de un repertorio que alcanzaba cerca de noventa personajes.

Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Josep Carreras, Jaume Aragall, Joan Pons o su propio marido, el tenor aragonés Bernabé Martí, cantaron a su lado en numerosas ocasiones.

Tampoco pueden olvidarse su actuación en la Casa Blanca en 1985 ante Ronald Reagan; el entrañable homenaje que le dedicó el madrileño Teatro de la Zarzuela tres años más tarde o quizá el momento más inolvidable de su carrera y uno de los grandes de la historia de la música fue su dúo con Freddy Mercury, líder de Queen. Mercury quedó enamorado de la voz de Caballé e hizo todo lo posible por coincidir con ella. Finalmente grabaron "Barcelona", un himno de la ciudad que se convirtió en el himno oficial de los Juegos Olímpicos de 1982. La colaboración entre ambos, a los que les unía una gran timdez y un enorme talento, fajó una gran amistad.

Durante esos años, Caballé se atrevió con todo. De hecho grabó con Sara Montiel una versión de "La violetera", que se convirtió en disco de platino. Sus más de cincuenta años de carrera han estado trufados de premios y reconocimientos, como el Príncipe Asturias de las Artes en 1991 o varios doctorados "honoris causa" de universidades como el de la Internacional Menéndez Pelayo o la de Barcelona, también colaboró con la UNESCO y fue embajadora de buena voluntad de la ONU.

Con la llegada del nuevo siglo, llegaron los malos momentos de Caballé. Primero fueron sus problemas con Hacienda por tributar en Andorra cuando residía en Barcelona. La artista reconoció el fraude de medio millón de euros y aceptó una condena de seis meses de cárcel.

Los problemas con el fisco empeoraron su salud. En 1983 tuvo una insuficiencia cardiaca y tres años más tarde se le diagnosticó un tumor cerebral benigno (lo que hizo público en 2006); en 1996 fue operada de hernia epigástrica, una dolencia que la volvió a llevar al quirófano en 2000 y 2001, pero la más grave le llegó en 2012, cuando sufrió un ictus en Rusia que le causó fractura de húmero.

Estos problemas fueron espaciando cada vez más sus apariciones en público, aunque Caballé nunca anunció una retirada definitiva de los escenarios. Su última actuación se produjo en agosto de 2014, dentro del Festival de Música de Cambrils, donde actuó junto a su hija Montserrat Martí.

Su estado de salud era delicado en los últimos meses. A mediados de septiembre tuvo que ingresar en el hospital por un problema en la vesícula. El tratamiento estaba siendo positivo y la familia aventuraba que podría recibir el alta pronto. Sin embargo, una complicación en su estado de salud hizo que falleciera la pasada madrugada.

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