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«C'est la vie», una buena comedia francesa

  • Los directores de "Le sens de la Fete", Eric Toledano y Olivier Nakache y el actor Gilles Lellouche, hoy durante la presentación de su película en la sección oficial de la 65 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián
    Los directores de "Le sens de la Fete", Eric Toledano y Olivier Nakache y el actor Gilles Lellouche, hoy durante la presentación de su película en la sección oficial de la 65 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián

Tiempo de lectura 2 min.

24 de septiembre de 2017. 20:38h

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24/9/2017

Los autores de “Intocable” vuelven a hacernos reír, sonreír, y pasarlo muy bien en la proyección con su nueva comedita “Le sens de la fête / C’est la vie”. Ellos son Olivier Nakache y Éric Toledano, quienes cuentan con unos magníficos actores y actrices que asumen con perfección los personajes creados por los autores. Por ejemplo, Jean-Pierre Bacri y Gilles Delouche. La historia, desenfrenada, transcurre en unas horas en un castillo convertido en lugar para bodas y otros festejos. Con extraordinaria habilidad, se construye la trama y durante el banquete de boda ocurre de todo: el cordero está en mal estado, van otro lugar en busca de un amigo que le resuelva ese segundo plato, tratan de darles a los invitados el máximo de hojaldre salado para hincharlos... Este es el marco de un montón de relaciones muy bien entretejidas: amorosas, laborales, malentendidos, fotógrafo que odia a quienes le hacen la competencia con móviles, etc... Comedia, pues, muy recomendable.

No es el caso de la otra película a concurso. “Handia”, de Jon Garaño y Aitor Arregi, codirector el primero y coguionista el segundo de la apreciada “Loreak / Flores”, presentada hace unos años en este mismo festival. “Handia” comienza muy bien, parece como un cuento en el que asistimos a una de las guerras carlistas, para a continuación, en un caserío guipuzcoano, volvemos a encontrarnos con los protagonistas, dos hermanos, de los cuales uno comienza a crecer sin pausa hasta convertirse en un gigante de dos metros y medio que, para ganarse la vida, se exhibe como atracción de feria. Esta especie de cuento se estropea cuando acuden a Stonehenge, en Inglaterra: a partir de ese momento, todo es muy grotesco, y además entra en acción otro gigante, e incluso una giganta, al parecer para alegrarle la vida al protagonista.

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