Cultura

«El candidato»: El político adúltero

Director: Jason Reitman. Guión: Matt Bai, Jay Carson, J. Reitman. Intérpretes: Hugh Jackman, Vera Farmiga, J. K. Simmons. EE UU, 2018. Duración: 113 minutos. Drama político.

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El plano secuencia que abre «El candidato» nos hace albergar esperanzas: como filmado por Robert Altman, la cámara vaga de periodista en periodista, de unidad móvil a micrófono en mano, dispuestos a la salida del hotel donde se aloja el senador demócrata Gary Hart, que, en 1984, acaba de perder las primarias frente a Walter Mondale por una distancia mínima. Es un plano que resume, en cierto modo, el principal problema de la película: la indecisión errante de su foco de interés, que nunca sabe si quedarse con el retrato de un político idealista, que echa su futuro presidenciable por la borda por su tendencia al adulterio, o centrarse en la radiografía de un momento crucial en la historia del periodismo, en el que la privacidad de las figuras públicas ha desaparecido, en la que el escrutinio de la intimidad acelera la descomposición de los hombres de Estado que, tal vez, habrían gobernado con criterio. A esa altmaniana apertura le corresponde otro hermoso plano secuencia, próximo al final, en el que, de espaldas, después de su desastrosa rueda de prensa para pedir disculpas por su desliz con la modelo Donna Rice, en plena campaña para las elecciones de 1988, el declive de Hart se percibe por cómo reacciona su entorno ante un rostro que no vemos, porque ya ha perdido su relevancia pública, ya no existe ante el espectador. Si Jason Reitman hubiera mostrado, en el resto de la película, este dominio de la puesta en escena, «El candidato» podría haberse alineado con sus modelos (pensamos en un «Nashville» en clave modesta) o haberse erigido en un dignísimo contraplano al idealismo de «Los archivos del Pentágono». Lo que queda es una narración coral, dispersa, multifocal, que desarticula el punto de vista de Hart para que, desde el montaje frenético, que superpone voces y espacios, se nos transmita esa sensación de hipervigilancia, irradiada desde el equipo de comunicación de su partido o desde los medios que le acorralan. En ese tránsito, es evidente que Reitman está con Hart, a pesar de que su forma de enfocar el relato le aleje de él. Entiende al hombre que se aferra a una separación entre lo público y lo privado que ya es agua pasada, y cuyo dilema moral resuena con fuerza en un presente desquiciado por las redes sociales. También entendemos a Hart gracias a la mezcla de vulnerabilidad y testarudez de la inspirada interpretación de Hugh Jackman.