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El Egipto que no ven los turistas

El joven Abu Bakr Sawky expone el problema de los leprosos en el país en su ópera prima «Yomeddine» a través de la historia de un hombre que busca sus orígenes.

  • El Egipto que no ven los turistas
Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

15 de marzo de 2019. 04:07h

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Marta Moleón.  Madrid. 15/3/2019

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Las grietas de un Egipto que se acartona socialmente mientras sus habitantes caminan perdidos por el filo de la marginalidad sirve como escenario descriptivo del debut cinematográfico del director Abu Bakr Sawky. «Yomedddine» es una historia visceral y redentora que muestra la lucha personal de Beshay, miembro activo y desplazado eventual de la colonia de leprosos que bordea El Cairo cuya máxima aspiración vital recae en una aceptación que parece no llegar nunca. «Siempre supe que esta película hubiera sido muy diferente con un actor maquillado. Tenía una relación previa con la leprosería que aparece y conocía a gente de allí. Es el lugar en el que empecé a buscar a los candidatos necesarios. Fue una decisión consciente porque si había algo que no dudé es que teníamos que encontrar a alguien que hubiera vivido esa vida con un nivel de detalle y veracidad que no hubiese podido darnos un actor con una prótesis», comenta el director acerca de la elección del protagonista. Rady Gamal, resultó ser finalmente la persona elegida para sustentar un relato que se adentra en las profundidades de una lucha diaria constante por sobrevivir con la que tienen que lidiar muchos egipcios en un país que señala, estigmatiza y desplaza al diferente.

Reglas injustas

Sawky se muestra especialmente sensibilizado con esta cuestión y señala «dentro de Egipto hay diferencias de todo tipo, diferencias, además, que proceden de todas partes. Todas son tan individuales que resulta peligroso intentar meter a todo el mundo en una misma cesta. Encasillarles en el “así es como piensan” “así es como son”» al tiempo que añade que «un marginado siempre va a tener que enfrentarse a más obstáculos. Tiene más desventajas que el resto de la sociedad. Por eso, cuando consiguen lo que quieren, es bastante más interesante, más satisfactorio. Y eso es lo que quería reflejar con la peripecia de Beshay». Tras la dolorosa muerte de su mujer el entrañable protagonista toma la irrevocable decisión de marcharse con las escasas pertenencias que tiene para lograr encontrar unas raíces y una familia que se perdió por el camino del rechazo. Acompañado por Obama, un joven huérfano de Nubia que halla refugio en los coletazos de cariño y ternura que Beshay le ofrece, emprende un viaje que parte en palabras del cineasta «de unas reglas del juego que no son justas». El humor se convierte en la tabla de salvación de alguien que muestra animadversión por la compasión y se esfuerza por construir los pilares de una felicidad seca y suficiente. «No le gusta que se compadezcan de él. Que le recalquen sus desgracias. Esta ha sido la principal intención. Mostrar cómo ve él la vida. No cómo podemos verla nosotros», remata.

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