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«El gran showman»: Cántanos otra vez, Jackman

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Tiempo de lectura 2 min.

29 de diciembre de 2017. 02:39h

Comentada
Carmen L. Lobo.  29/12/2017

Michael Gracey. Michael Arndt, Jenny Bicks, Bill Condon. Hugh Jackman, Michelle Williams, Zac Efron, Zendaya. EE UU, 2017. 139 minutos.

Veamos. En la peli sale Hugh Jackman. Empezamos bien. Porque, ¿hay alguien que pueda resistirse a los encantos de Lobezno? Pocos, y no quiero mirar a nadie. Hace unos días estuvo en Madrid para presentar la cinta, y aparte de confirmar que sigue siendo un encanto de señor, a los periodistas nos convencía de cabeza cuando confesaba fervorosamente que estuvo años detrás de este proyecto necesario, o sea, de volcar en el cine la vida, obra y estrafalarios milagros de P. T. Barnum, quien, en el Estados Unidos del siglo XIX, y tras perder su empleo como oficinista porque la empresa para la que trabaja se ha ido a la bancarrota, decide crear un espectáculo de circo formado por criaturas únicas, de las mujeres barbudas a las trapecistas colosales o un tipo hasta arriba de tatuajes. Los designios de una estrella son inexcrutables, de ahí que muchos puedan preguntarse todavía qué le vio Jackman a «Los miserables» a este «biopic» en formato musical Disney moderno que, aunque muchos lo digan, tampoco quiere demasiados paralelismos con «Moulin Rouge» porque aquel invento era mucho más canalla. Y tanto. Así el tema, y deseoso de ofrecer a su annegada esposa Charity y a las dos hijas de ambos la vida que siempre les había prometido, Barnum (según Jackman, el inventor del «show bussines» en aquel país, y quién dice si tiene razón o no) trabaja duro para ofrecer al público lo nunca visto, o sea, aquello que en «La parada de los monstruos», el enorme Tod Browning buscó con mayor tragedia, poesía, espesura y desesperación. Surgido de la nada, Barnum consigue que su apuesta fuera considerada como una sensación mundial mientras demuestra un cariño desmedido hacia sus trabajadores que éstos, pobres tipos acostumbrados a los palos y el desprecio, no conocían. Vistoso, epatante y colorista, el arrítmico debut en la dirección de Michael Gracey confirma, sobre todo, lo antedicho: hay estrellas guapas y carismáticas que levantan un filme hasta con una fregona en la cabeza haciendo el ganso por la pista.

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