La madurez era esto

Fanny Ardant protagoniza «Mis días felices», de Marion Vernoux

Truffaut cambió su vida. La convirtió en protagonista en «La mujer de al lado» (1981), papel que le abrió las puertas del cine con mayúsculas. En los ochenta, el cine francés la confirma como una gran actriz con sus trabajos con Alain Resnais y Costa-Gravas. También Hollywood la quiso. Después, y ya convertida en una estrella, François Ozon y Franco Zeffirelli (en «Callas forever», en la que encarnó a la diva entre todas las divas, Maria Callas) confirman su estatus de actriz atemporal. A sus 64 años, regresa con «Mis días felices», de Marion Vernoux, en la que interpreta a una mujer que se enfrenta a la incertidumbre que supone la jubilación.

–¿Piensa usted también en jubilarse?

–¡No! Seguiré trabajando hasta que me muera. Siempre quise ser actriz. Durante mi carrera he elegido sólo los proyectos que me interesaban, y lo sigo haciendo. ¿Por qué iba a querer dejarlo?

–¿Entiende a esta mujer que, a su edad, se enamora de un joven?

–Para mí, la edad no es importante. No considero una victoria enamorarse de un joven, sino una fatalidad. Ocurre en la novela del siglo XIX; era un tema recurrente en las obras maestras clásicas. No entiendo por qué ahora se ve mal. Comprendo a esta mujer en el sentido de que el amor da vitalidad, es como una especie de sobredosis de vitaminas. A veces resulta triste y proporciona momentos difíciles. En este caso, el problema es que ella sigue enamorada de su marido, a la vez que este chico le resulta irresistible.

–Una vez más logra una química especial con la cámara. ¿Cómo lo consigue?

–No tengo ni idea, pero gracias. A veces es simplemente suerte. Otras, que la cámara es buena. Depende, básicamente, del director de fotografía. Por otra parte, creo que hay que destacar que el cine es arte, no es un documental, así que, porque seas mayor no quiere decir que tengas que salir fea en la gran pantalla. Y, desde luego, no es un pecado ser mayor.

–¿Cree que las mujeres afrontan mejor en la actualidad el paso de los años que antes?

–Creo que la cuestión es no luchar contra la edad. La pregunta que todos nos podemos hacer es qué vamos hacer con la madurez, ese periodo en el que tienes más tiempo libre y, en general, menos responsabilidades. La respuesta es fácil: vivirla. Precisamente en el momento en que percibimos la muerte más cerca, justo en la etapa anterior, que es la madurez, ¿qué vamos a hacer si no?

–Sin embargo, muchas mujeres se quejan de que al llegar a cierta edad no les ofrecen papeles interesantes, de que los mejores personajes siempre son para las jóvenes.

–Es cierto que eso ocurre, pero cuando era joven también me ofrecían cosas que no me interesaban. Al final, todo depende de lo que quieras o no quieras hacer.

–¿Cómo es su relación con Hollywood en comparación con el cine europeo?

–En mi opinión, el cine más interesante proviene de Europa. Si pensamos en los grandes directores de Hollywood, muchos de ellos son europeos. Con la Segunda Guerra Mundial, la fuga de talentos a esta industria resultó brutal. Lo que menos me gusta es que, en general, las películas de las «majors» son muy comerciales. También es cierto que la producción independiente de Estados Unidos es maravillosa, pero sus artífices no son los que tienen el poder. Ése es el problema.