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Muere R. Lee Ermey, el duro sargento de «La Chaqueta Metálica»

R. Lee Ermey ha fallecido por una complicación de una pulmonía

  • R. Lee Ermey
    R. Lee Ermey / Reuters
Nueva York.

Tiempo de lectura 2 min.

17 de abril de 2018. 09:07h

Comentada
Julio Vadeón.  Nueva York. 16/4/2018

Si reprodujéramos los insultos que dedicó al Recluta Patoso explotaría la página con un pitido de alarma área. Forman parte de la historia del cine. Los escupió R. Lee Emery, actor visceral, ex sargento e instructor de los marines, veterano de la guerra en Vietnam, para solaz de un Stanley Kubrick feliz con sus excesos, que ayer falleció, aunque permanecía en la memoria de muchos gracias a su interpretación. La violencia que supuraba, el mordisco de unas palabras como pepitas de ametralladora, sajaba al espectador y dio los mejores momentos de «La chaqueta metálica». Aquella película sublime y a la postre fallida con la que el director de «Senderos de gloria» trató de reeditar su magistral aproximación al género bélico. Emery da todo lo que le falta al largometraje desde el momento en el que la cámara abandona el campamento de reclutas y viaja hasta el sudeste asiático: dolor y verdad. Violencia sin cartón piedra. Paroxismo y miedo. El olor de la muerte. La canción de la guerra.

Nacido en Emporia, Kansas, en 1944, el joven Emery tuvo una adolescencia tumultuosa. Se enderezó al viejo estilo: en el ejército por «consejo» de un juez. Fue instructor en la base de los marines en San Diego, feroz combustible del que bebe su sargento Hartman. En el 68 lo enviaron a Vietnam, donde combatió durante 14 meses. Su carrera en el cine comienza con Francis Ford Coppola, al que asesoró para «Apocalipsis Now», película en la que incluso tiene un pequeño papel. Sobrevivió con papeles menores, generalmente asociados a la vida castrense, hasta que voló la cabeza del metódico Kubrick y lo convenció que el Recluta Bufón, el Recluta Patoso y el resto de desgraciados necesitaban su mano de acero. El resto es historia. Su interpretación lo llevaría a la antesala de los Globos de Oro, a los que fue nominado. Desde entonces trabajó en decenas de películas. Nadie necesitado de adrenalina bélica quiso perderse el látigo de un Emery imparable. Incluso aparece en «Toy story» como el jefe del batallón de unos soldaditos de plomo leales a la justa causa de los juguetes. Ha muerto de neumonía, a los 74 años, y Hollywood, y también los marines, lloran su ausencia.

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