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Zeffirelli desconocido: Del apellido inventado a la película que no pudo hacer

  • El director de cine y escenógrafo italiano Franco Zeffirelli / Foto: Rodríguez Aparicio
    El director de cine y escenógrafo italiano Franco Zeffirelli / Foto: Rodríguez Aparicio

Tiempo de lectura 2 min.

15 de junio de 2019. 16:12h

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Gema Pajares 15/6/2019

Gianfranco Zeffirelli nació el 12 de febrero de 1923 en Florencia, de padre desconocido (Ottorino Corsi, un comerciante de lana que estaba casado) hasta la muerte de su madre, Adelaide Garosi, que apasionada de Mozart, quiso darle al niño el nombre de una de las arias de “Idomeneo”, la titulada precisamente “ Zeffiretti”, pero el funcionario del registro civil se equivocó al escribirlo y lo cambió por Zeffirelli. Ése sería su apellido para el resto de su vida. Su abuelo, que era director de orquesta, creyó que el pequeño Franco había heredado su pasión por la música. El tiempo lo acabaría por confirmar. Su madre falleció cuando el niño contaba seis años de edad y su tía lo acogió.

En los años cincuenta del siglo pasado arrancó su colaboración Maria Callas, con quien mantuvo una sólida amistad. La primera vez que trabajaron juntos fue en “El turco en Italia”, de Rossini, mediados los años cincuenta. A partir de ese momento la relación se estrecharía y trabajarían juntos en gran cantidad de proyectos, todos ellos dominados por la espectacularidad. La “Traviata” que estrenaron en la Ópera de Dallas en 1958, haría historia al arrancar por el final, la muerte de la protagonista, y recordar la vida a través de continuos “flashbacks”. Juntos coincidieron también en 1964 en París con “Norma”, de Bellini y en el último papel operístico de la diva, “Tosca”, de Puccini, en el Covent Garden de Londres en 1965, que se convirtió en un éxito memorable.

Visconti dirigió a la Callas en 1955 en La Scala de Milán. El esposo de la cantante le había regalado a ésta un imponente anillo de esmeraldas para que lo luciera; sin embargo, el regista persuadió a Callas de que solo luciera joyas auténticas y no mezclara con piezas de bisutería. El resultado fue la creación de un sorprendente collar con rubíes y perlas barrocas de Swarovski que lució sobre su pecho, creado ex profeso por el Atelier Marangoni, que siempre trabajó para ella.

Entre los proyectos que le quedaron por hacer a Zeffirelli hay uno especial. Quizá llevar a la pantalla la vida y rivalidad de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarrotti, recrear la atmósfera en la que ambos genios vivieron, cómo era al Italia de la época. Fue un proyecto que acarició largamente, pero que finalmente no pudo materializar. Él quería a los mejores y un holgadísimo presupuesto que le permitiera recrear ese universo tal y como él lo concebía. Quizá demasiada exigencia para tiempos de bolsillos enflaquecidos.

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