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Del “Maine” al “USS Maddox”: Los barcos señuelo que provocaron una guerra

El ataque a dos petroleros en el Golfo de Omán, del que EE UU culpa a Irán, recuerda la historia del acorazado «Maine» en Cuba

  • El acorazado «Maine» se hundió en la bahía de La Habana en febrero de 1898.
    El acorazado «Maine» se hundió en la bahía de La Habana en febrero de 1898.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de junio de 2019. 00:29h

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David Solar.  15/6/2019

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El acorazado «Maine» llegó a La Habana el 25 de enero de 1898. Se trataba de un buque de 6.682 toneladas, 98 metros de eslora y cuatro cañones de 250 metros. Nada extraordinario, pero superior a los buques españoles en Cuba, como el «Alfonso XII», insignia del almirante Manterola, que se hallaba a unos 140 metros de la boya Nº 4, en el centro de la bahía, en la que amarró el «Maine». Washington envió al barco, a petición del cónsul Lee, apóstol del intervencionismo, con el pretexto de que la colonia norteamericana se hallaba en peligro a causa de las conspiraciones que él mismo fabulaba. Cuando Washington lo comunicó a Madrid el jefe de Gobierno, Práxedes Mateo Sagasta, fue consciente de la amenaza de intervención que entrañaba, pero la aceptó calificándola como «visita de buena voluntad», gesto al que correspondió enviando al crucero Vizcaya a Nueva York.

Pasaron tres semanas, se incrementó la tensión diplomática entre Estados Unidos y España, y el «Maine», como centinela de Washington, seguía en la bahía de La Habana cuando llegó la tragedia. A las 21:30 del 15 de febrero la tripulación se disponía a acostarse cuando –según narró un testigo– un «resplandor vivísimo» surgió del acorazado y simultáneamente se produjo «una terrible detonación» que lanzó al aire masas incandescentes; luego el buque, rodeado de «terribles resplandores y explosiones secundarias», se hundió de popa. Desde el «Alfonso XII» se organizaron los socorros, compitiendo sus marineros en arrojo al meter sus botes entre los restos ardientes para salvar a los heridos. Hubo, incluso, marineros que se lanzaron al agua para rescatar a los náufragos pese a la presencia de tiburones. Se registraron 260 muertos y desaparecidos y 94 supervivientes, 76 de ellos con heridas de importancia, de las que se recuperaron gracias a las atenciones médicas y a la generosa ayuda de autoridades y población.

«Recordad el Maine»

El agradecimiento norteamericano por el generoso socorro duró apenas días. La prensa sensacionalista acusó a España de haber destruido el buque con una mina... Fue imposible una investigación conjunta. La española demostraba que la explosión había sido interna; la norteamericana se perdió en disquisiciones y posibilidades para no enfrentarse al belicismo de la Prensa que diariamente sacudía a la opinión pública con la frase «recordad el “Maine”». Finalmente, se produjo un ultimátum de Estados Unidos a España y el 25 de abril declaró la guerra.

España no disponía de medios para afrontar aquella contienda desigual y fue derrotada, perdiendo lo que quedaba del gran Imperio americano. El origen inmediato para la declaración de guerra, la destrucción del barco, quedó en el misterio hasta que la investigación del almirante estadounidense Hyman Rickover, creador de la marina nuclear estadounidense, concluyó en 1975 que la explosión había sido interna. Un accidente, probablemente a causa del recalentamiento de la carbonera, que provocó la explosión de la vecina santabárbara donde se almacenaban 4,5 toneladas de pólvora. Por supuesto, Washington no emitió disculpa alguna.

En 1964, cada vez más enredados en el embrollo indochino, Estados Unidos, presidido por Lyndon B. Johnson, creó la ocasión para intervenir y liquidar la amenaza que, según la «teoría del dominó» –heredada de John Foster Dulles y sostenida por el secretario de Estado Dean Rusk– pesaba sobre el Sudeste asiático si continuaba la expansión comunista de Vietnam el Norte por Vietnam del Sur, Laos, Camboya Tailandia... El 2 de agosto, el destructor «USS Maddox» denunció ataques de tres torpederos vietnamitas en aguas internacionales. Repelió el ataque con su artillería y el apoyo de su aviación. El día 4, durante una violenta tormenta, los destructores «Maddox» y «Turner Joy» se cañonearon con buques comunistas. El presidente Johnson declaró que aquellos incidentes constituían un «casus belli» para intervenir en Vietnam.

Después se supo que fue un invento de la CIA: el día 2 los torpederos vietnamitas trataron de alejar al «Maddox» de sus aguas, pero no dispararon, aunque sí fueron tocados por el fuego norteamericano. El combate del día 4 no existió: los destructores USS cañonearon a la tormenta. Aquella fabulación costó una larga guerra y millones de vidas y su casus belli fue exactamente igual de verídico que las «armas de destrucción masiva» denunciadas por el presidente Bush para atacar Irak. ¡Como para fiarse de las pruebas en las agresiones a los petroleros!

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