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Don Juan de Borbón, el cazador y el amigo

El padre de Alfonso Ussía escribió un libro sobre aquel a quien siempre reconoció como «su rey» y a quien ambos conocieron de cerca. Y ahora su hijo lo publica para rendir homenaje a la figura del progenitor de Juan Carlos I y también a la denostada caza de la perdiz.

  • Una ilustración del libro que presenta a Don Juan y Alfonso Ussía a finales de los 80
    Una ilustración del libro que presenta a Don Juan y Alfonso Ussía a finales de los 80
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

26 de noviembre de 2018. 23:19h

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Óscar Reyes .  Madrid. 26/11/2018

Con Juan de Borbón podría haber pasado a la historia simplemente como el padre del Rey Juan Carlos I. Pero ha logrado tener reconocimiento a su figura gracias al enorme interés que ha causado su persona entre historiadores, intelectuales y escritores. Y no es para menos, ya que a lo largo de su vida acumuló numerosas vivencias que construyeron a un carismático personaje histórico. Alfonso Ussía presentó ayer, en un abarrotado Auditorio Abante de Madrid, un libro que relata algunos de los curiosos acontecimientos que le rodearon, «Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Cacerías de perdices en España 1976-1991» (Ediciones El Viso).

En concreto, las experiencias que narró el conde de los Gaitanes, Luis de Ussía y Gavaldá, el progenitor de Alfonso Ussía (que se ha responsabilizado de la edición con la colaboración de José María Torrego e Íñigo de la Serna) están relacionadas con la caza de la perdiz, uno de los «hobbies» de Don Juan. Precisamente, el libro es un homenaje tanto a ello como al padre de Juan Carlos I, comentó el presidente de Abante, Santiago Satrústegui. Para él, la obra viene además a resaltar a una persona que «nos hace falta en estos momentos porque se trataba de un hombre con gran sentido de Estado».

«Comentarios indiscretos»

Sin embargo, realmente la caza no era una de las mayores aficiones de Don Juan. De hecho, según Ussía, para él solo fue una «excusa para encontrarse con los amigos y quitarse la melancolía». Toda la que había acumulado durante sus años alejado de España y de su gente. Entre esos amigos estaba el conde de los Gaitanes, que desde los 13 años ya escribía diarios sobre la caza de la perdiz, pues era un verdadero entusiasta de dicha actividad. Y ahora su hijo, Alfonso Ussía, ha decidido publicar este libro de vivencias con Don Juan como protagonista a pesar de que su padre no hubiese querido que así fuera. Entre otras cosas, porque «hay comentarios que no son discretos. Por ejemplo, ciertos nuevos ricos no salen bien parados en la narración original», según explicó el escritor antes de disculparse por la indiscreción de publicarlo.

Al servicio de la nación

Ussía destacó asimismo que el libro, en su sentido más profundo, es en realidad una «historia de amistad». Y es que en sus páginas se puede descubrir la admiración que el conde de los Gaitanes le tenía a Don Juan, a quien siempre se refirió como «su rey», tal como cuenta Ussía. Para él, su padre fue un hombre de «lealtad callada, que se mantuvo en un segundo plano y que nunca quiso destacar. Como era habitual en todas las personas con título real que rodeaban a Don Juan, jamás cedió en su fidelidad a él». Al contrario, se la ganó a base de mostrar un fuerte compromiso con la monarquía borbónica y los que a ella pertenecían. Una de las demostraciones es que Don Juan «trajo a España los restos de todos los miembros de la familia que estaban enterrados fuera por razones históricas. Incluso cuando estaba deteriorado de salud, logró que se trasladase a su querido hijo Alfonso desde Cascais», explica Ussía.

Él mismo pudo conocer a Don Juan y disfrutar de su compañía. Y las conclusiones que saca de su persona son bastante cercanas a la admiración y la lealtad que su padre sentía por él. Para Ussía, cuando hablamos del padre de Juan Carlos I, lo hacemos de la figura «más importante del siglo XX en España». «No solo porque siempre se puso al servicio de la nación, adaptándose a lo que el transcurso de la historia exigía, sino que también fue extraordinario por su personalidad. Se trataba de un ser de lo más profundo, un verdadero señor, muy cariñoso, valiente y español», le describe Ussía.

El escritor Alfonso Ussía, ayer, durante la presentación del libro, junto a Gonzalo Satrústegui y Gonzalo Saavedra
- El escritor Alfonso Ussía, ayer, durante la presentación del libro, junto a Gonzalo Satrústegui y Gonzalo Saavedra

Peor que Alfonso XIII

El escritor sólo guarda buenos recuerdos del Borbón, y eso que, como ayer recordaba, a él le puso en algún que otro apuro. Ussía recordó una anécdota, navegando en el mar de Vigo, hacia las islas Cíes, a bordo de una embarcación. Don Juan era un competidor nato cuando se trataba de jugar al mus. Allí, durante la travesía, estaban enfrentándose Ussía y el Conde de Barcelona, cada uno con sus respectivas parejas. La derrota le dolió tanto al padre del Rey Juan Carlos I que le pidió al escritor y autor de LA RAZÓN que desembarcarse, a unos 25 kilómetros de la costa, y que se buscase la vida para regresar a puerto. A Ussía no le duró mucho el susto, ya que Don Juan se disculpó por la reacción y todo quedó en una divertida anécdota para rememorar en días como el de ayer. Finalmente, y a pesar de que el libro toma como excusa y se aproxima a la caza de la perdiz, Ussía reconoce que Don Juan no era un buen tirador, sino que más bien era malo, mucho peor que su padre Alfonso XIII y que su hijo Juan Carlos I, según el criterio del autor del libro. A pesar de ello, la perdiz funciona como símbolo, ya que la obra también quiere conmemorar un «tiempo de oro» para esta actividad, ahora tan criticada. Y justo durante el evento se entró en ese debate, centrándose en si el ecologismo cuestiona con razones la caza de animales. Según Ussía, esta disciplina, la cinegética, sí que es ecologista, igual que lo es quien tiene un coto o las escuelas que enseñan a cazar.

Para cerrar la presentación y posteriormente continuar con un caluroso brindis, tuvo lugar un emocionante momento. Alfonso Ussía entregó a la Infanta Elena una estatuilla en recuerdo de Don Juan de Borbón y también de Juan Carlos I sin perder la ocasión de destacar otra de las estupideces contemporáneas, como es la de llamar «Rey emérito» a quien debería ser calificado, simplemente, y para siempre, de Rey.

Churchill, «el gran armero»

Las anécdotas que Alfonso Ussia narra en el prólogo de su libro sobre Don Juan son tan variadas como entretenidas. Sobre todo, ofrecen una mirada íntima y, por tanto, única del Conde de Barcelona. Una de ellas, a modo de ejemplo: «Una tarde me llamó mi padre para que Pili, mi mujer, y yo, recogiéramos a Don Juan en La Moraleja. Había aterrizado en Madrid la esplendorosa María Gabriela de Saboya y Don Juan la había convidado a cenar. No quería hacerlo en soledad. Poco a poco los comensales fueron aumentando. Y reservé en El Pescador de Evaristo García para siete personas, con la advertencia de que no informara de quiénes se trataba. Los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofia, Don Juan, María Gabriela de Saboya, Alfonso de Borbón Pérez del Pulgar, comandante de Caballería y gran amigo del Rey, Pili y yo. Copa en el Ritz y cena en El Pescador. Don Juan, Pili y yo, conmigo al volante, nos desplazamos en mi Seat 127 amarillo, conocido como ''La Cremona''. La cabeza del Rey padre chocaba con el techo, y me exigía más velocidad. ''Vas como una tortuga''; ''Señor, es una tortuga''. De vuelta a La Moraleja –prosigue Ussía– en ''La Cremona'' tuvimos un coche de escolta de la Policía Nacional que el Rey mandó disponer. Nadie podía figurarse que, en un 127 amarillo, más flan chino ''El mandarín'' que otra cosa, se desplazara el jefe de la Casa Real española sin el menor problema, exceptuando la incomodidad». Ussía narra igualmente pequeñas grandes historias sobre su padre, conde de los Gaitanes, en cuyos meticulosos diarios de cacería se basa el volumen. Como la ocasión en que viajó a Londres para cazar junto a «Churchill, el gran armero». «Mi padre disparaba y Churchill, situado detrás, apuntaba datos técnicos, concediendo mucha importancia al gesto de encararse con la escopeta». Posteriormente, el primer ministro británico le hizo a medida un trío de escopetas que más tarde heredaría uno de sus nietos.

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