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Dos Planeta habitados por mujeres

Santiago Posteguillo, ganador del galardón con «Yo, Julia», y Ayanta Barilli, finalista del premio con «Un mar violeta oscuro», presentaron en Madrid sus obras, donde las grandes protagonistas son ellas

  • Santiago Posteguillo y Ayanta Barilli, durante la presentación de los Premios Planeta en Madrid, que tuvo lugar en el Instituto Cervantes / Foto: C. Pastrano
    Santiago Posteguillo y Ayanta Barilli, durante la presentación de los Premios Planeta en Madrid, que tuvo lugar en el Instituto Cervantes / Foto: C. Pastrano

Tiempo de lectura 8 min.

07 de noviembre de 2018. 01:56h

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Javier Ors 7/11/2018

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Dos historias, dos escritores y dos literaturas diferentes. Santiago Posteguillo, Premio Planeta 2018, y Ayanta Barilli, finalista de este galardón, abordan sus narraciones desde ópticas distintas y épocas alejadas entre sí, pero con un claro denominador común: las mujeres como conductoras y eje principal de sus respectivos textos. Él, desde la reivindicación de una figura del pasado: Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo y una de las mujeres más sobresalientes y relevantes que ha dado el imperio romano, pero cuyo nombre, por diversas circunstancias, había permanecido alejado del conocimiento del gran público hasta ahora. Ella, desde las esquinas íntimas de los recuerdos, en una valiente batalla literaria que desafía la memoria y que intenta deslindar lo que suele haber de verdadero y falso en las turbulentas y a veces sorprendentes memorias familiares.

Unas obras que apuestan con claridad por rescatar nombres y relatos del desconocimiento o el olvido, pero que desde el inicio captan la atención del lector, como justamente subrayó ayer José Creuheras, presidente del Grupo Planeta, quien reconoció que «estos libros me han robado muchas horas. Me han atrapado». Y, para demostrarlo, procedió a leer un pasaje de cada uno de los títulos, «Yo, Julia», de Santiago Posteguillo, y «Un mar violeta oscuro», de Ayanta Barilli. Durante la presentación de los galardonados en el Instituto Cervantes de Madrid. En una conversación moderada por la periodista Sandra Golpe, Santiago Posteguillo reveló uno de los secretos que suelen rodear a los escritores: cómo concibe su obra, cómo la desarrolla, cuál es el punto de origen. «Cada día me interesan más los personajes femeninos, porque la historia está escrita por los hombres y cuenta los hechos de los hombres. La igualdad se puede construir en el presente y el futuro, pero también en el pasado, aunque no alterándolo o modificándolo, sino contando las vidas de las mujeres relevantes del pasado, que son la otra parte de la historia. Julia Domna es un personaje atractivo, una persona que hizo un doble viaje. El primero era interior, que era comprenderse a sí misma. El segundo, desenvolverse en un mundo de hombres, el que no puede evitar y que es exterior».

Extraña normalidad

El punto de arranque de Ayanta Barilli, que debuta en la novela entrando por la puerta grande, tiene un punto de partida distinto, aunque su mirada también es retrospectiva. Cuando enterró a su abuela y se dio cuenta de que ni siquiera era capaz de recordar el nombre de su abuelo, al que ha conocido siempre a través de un apodo inquietante, Belcebú, decide ahondar en sus raíces, iluminar los puntos oscuros de su propia intimidad. «Siempre supe que deseaba escribir una historia de la familia, porque era de donde habían nacido todos los relatos fantasiosos que había escuchado. La figura de mi abuelo se mezclaba a través de varias leyendas, entre verdades y maldades; unos relatos que yo tomé, sin embargo, como normales».

Santiago Posteguillo entroncó la silueta histórica que los libros y los documentos nos han dejado de Julia Domna con los retos que todavía se afrontan en pleno siglo XX: «Las mujeres de hoy en día pueden aprender de ella a desemvolverse en un mundo de hombres. Y a hacerlo sin complejos, planteándose un objetivo y después ir a por él. Ella pertenece a las grandes personalidades que vivieron dentro del imperio romano, como Cornelia, hija de Escipión el Africano, o desde fuera de él, como era el caso de Zenobia, reina de Palmira, que mantuvo a raya al imperio o ese paradigma de la oriental que es Cleopatra, que fue justo la que marcó el miedo que sentían los romanos hacia las mujeres orientales, como Julia, aunque esta se los comió, porque transforma Roma y que se entendiera la idea de que ella es Roma». Para Posteguillo, la aportación que las mujeres tuvieron durante las centurias de dominio de Roma fue su contribución a crear dinastías. «Ellas son las que influyen y determinan cómo son».

Por su parte, Ayanta Barilli reconoce que durante mucho tiempo le sucedió lo mismo que a la mayoría de las personas, que no deseaban alterar la paz y tranquilidad que reinaba en su pasado, «pero en un momento dado he tenido la preocupación de conocerlo. Esto, por supuesto, ha coincidido con un instante de crisis personal que me empujó a indagar quién soy y sobre mi entorno».

Durante la presentación, Santiago Posteguillo, conocido por la trilogía de Trajano, recordó que una de las cosas que más ilusión le hace es que la «gente que se aproxime a este libro piense que van a leer una novela de romanos, y lo que han terminado leyendo es la vida sobre una gran mujer». Y añadió, bromeando: «La gran ventaja que tiene acercarse a mis libros, que están llenos de historia, es que al final no te tienes que examinar». A continuación aprovechó para hacer un paralelismo con una célebre serie: «Si hubiera un personaje en la actualidad que podría parecerse a Julia Domna es Claire Underwood, de “House of Cards”, por su capacidad para mediar en la política norteamericana. Claire, en el fondo, es una Julia Domna del siglo XXI, pero con una diferencia, es que esta identifica con mayor claridad y rapidez a sus enemigos. Y lo hace, incluso, antes de que sus propios enemigos se den cuenta o lo perciban».

Posteguillo comentó además que antes de emprender la redacción de un libro desarrolla la estructura en unas veinte o treinta páginas y que «para evitar el miedo al folio en blanco, que ahora, es un ordenador», comienza a escribir, no desde el primer capítulo hacia el último, sino desde aquellos que tiene más claro y mejor dibujados en la cabeza, para luego internarse en los demás. «Por supuesto, luego hago un repaso general para evitar que un personaje que esté muerto en un lado aparezca en otro», comentó con risas. Ayanta Barilli, a diferencia de él, reconocía que empezó por el final, por el capítulo que remata su novela, y «que es donde yo, en realidad, deseaba llegar y, a pesar de que no estaba segura de que luego concluiría ahí sucedió». Solo después de añadir el punto final, la escritora emprendió la dura tarea de ir al comienzo del libro.

Una senda de pistas

Ayanta Barilli, que se ha adentrado en los meandros que jalonan la historia de una saga de mujeres que, como ella declaró, comparten una serie de rasgos, como «sus relaciones problemáticas con los hombres, la enfermedad del cáncer y el ser unas adelantadas a su tiempo», admite que uno de los aspectos determinantes para que cogiera la pluma y se decidiera a escribir fue que «he tenido la gran fortuna de tener una familia escritora tanto en España como en Italia». Y, también, habría que añadir, unos antepasados que han ido dejando diarios, cartas y pistas que le ayudaron a reconstruir el puzle del árbol íntimo. «Las familias siempre dejan rastros y si uno se pone a buscar, los encuentra».

Santiago Posteguillo, que se ha centrado en Julia Domna y la historia de amor que mantiene con el emperador, al que conoció cuando ella era aún joven y se casaron cuando él perdió a su primera esposa en la Galia, yque fue uno de los escasos matrimonios imperiales que se casaron respondiendo a unos sentimientos que eran realidad y no por intereses políticos o dinásticos, señaló que «era un hombre enamorado, pero también entrevió en ella a una mujer con una enorme intuición para abordar los problemas del imperio y tener en cuenta sus opiniones. De hecho, muchos coincidían en que él sería capaz de darle lo que ella quisiera, incluso temían que si Julia le pedía lo imposible, también intentaría dárselo». El contrapunto a un personaje femenino de semejante envergadura es nada menos que una figura bien conocida por todos: Galeno, uno de los médicos más célebres de la antigüedad y uno de los hombres que, precisamente, revolucionaron esta ciencia.

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