El do de pecho de William Kentridge

El Reina Sofía inaugura «Basta y sobra», la primera exposición dedicada a los proyectos teatrales y operísticos que ha acometido este creador.

El Reina Sofía inaugura «Basta y sobra», la primera exposición dedicada a los proyectos teatrales y operísticos que ha acometido este creador.

La cultura es mestizaje, maridaje de contrarios, que es de donde proviene William Kentridge. Él es un artista blanco en un continente negro. Un hombre que ha heredado unas raíces culturales que nacen de la tradición europea, pero que vive sumergido en esa Caja de Pandora que es la realidad de Suráfrica. Él fagocitó el bagaje literario, cinematográfico, teatral y artístico del Viejo Continente para repensarlo bajo una luz nueva, para readaptarlo al mundo hostil de su entorno, enredado en múltiples injusticias y protestas. Sus pinturas comparten muchos vértices con la obra de Max Beckmann, George Grosz o Francisco de Goya, que resultaron unos pintores contestatarios, inconformistas, que se negaron a vivir en el aburguesado limbo de una torre de marfil y, por convicción o ética, rehuyeron la tentación habitual de apartar la mirada del sufrimiento, que es una costumbre más común de lo que se reconoce.

Un desobediente

Kentridge, que siempre ha sido un rebelde, un desobediente con bufanda y chaqueta, se negó en su juventud a suscribir el dicho común de que para triunfar en la vida hay que prosperar en un oficio, solo en uno, que es un consejo muy de padre a hijo, y concentrarse únicamente en la pintura, la escultura, el cine y nada más. Kentridge, a lo largo de su trayectoria, se ha dedicado a barrenar esa mentira extendida. Lo ha hecho aplicándose con vigor a las distintas artes existentes hasta el punto de que el público, al contemplar sus trabajos es incapaz de determinar si un dibujo ha nacido del destello de una imagen de cine o si un documental es el resultado acertado de una unión consecutiva de una serie de esbozos, pinturas, apuntes...

Desde ayer, el Museo Reina Sofía acoge la exposición «Basta y sobra», que es la primera muestra dedicada a explorar una de las aristas más desconocidas del reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes: sus proyectos en teatro, ópera y performance. «Ha sido muy generoso y nos ha permitido rebuscar en sus cajones. De hecho, parte de la obra que se ha traído, como dibujos preparatorios, jamás se habían visto anteriormente en ningún espacio », ha comenado Soledad Liaño, comisaria, junto a Manuel Borja-Villel, director de la institución, de esta exhibición. El recorrido es una visión general por las principales preocupaciones temáticas que han ocupado el imaginario de artista y permite observar cómo ha adaptado mitos universales para profundizar con acierto en cuestiones como el colonialismo y el «apartheid».

A través de «collages», maquetas, dibujos, apuntes, inquietantes marionetas y películas, la muestra, que es un repaso por su labor como artista multidisciplinar, se centra en siete piezas de diferente hondura, pero que han sido orquestadas y meditadas por él: «Woyzek en el Alto Veld», «¡Fausto en África!», «Ubú y la Comisión de la verdad», «El retorno de Ulises», «La nariz», «Lulú» o «Wozzeck». Todas diferentes, pero todas con un denominador: un protagonista único que se encarga de guiar al espectador hacia unas realidades de honduras y complejidades diferentes.

Kentridge, que ha reconocido que esta «exposición nace de la supervivencia a través del fracaso» al reflejar sus múltiples experiencias en diferentes áreas artísticas, explicó que el título de la exposición está vinculado a un concepto de origen freudiano: «Este filósofo llamó sobredeterminación cuando en un paciente existen muchas manifestaciones de un mismo síntoma. A lo mejor, los cuarenta dibujos que puedo llegar a hacer tienen un solo tema. En principio, un dibujo sería suficiente para poder expresar algo, pero, sin embargo, haces quince. Esto es la presión que ejercen las imágenes en un artista, su lucha por emerger». El artista también comentó el vínculo que existe entre el dibujo y la «performance» en su obra y cómo su relación «está determinada por el movimiento en ambos casos, por el desplazamienyo que se hace al dibujar, una actividad que está condicionada por el relax o el estrés de un artista».