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Metallica promovió la reventa de sus entradas

Una información publicada por «Billboard» confirma las sospechas: Live Nation desvió entradas para la reventa, pero lo hizo a petición de los artistas.

Una información publicada por «Billboard» confirma las sospechas: Live Nation desvió entradas para la reventa, pero lo hizo a petición de los artistas.

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Cuando en 2016 un ejecutivo de Live Nation, el gigante de la música en directo, recibió las primeras acusaciones por desviar entradas a la reventa antes de ser puestas a disposición del público por su precio nominal, el responsable de la división transalpina de la empresa Roberto de Luca trató de defenderse y lamentó la existencia de una práctica perjudicial para la industria, el artista y el consumidor. Según las últimas revelaciones de la revista «Billboard», de la lista de perjudicados habría que retirar a los dos primeros, ya que, según unas grabaciones a las que han tenido acceso, tanto artistas como la principal promotora del mundo, habrían actuado en connivencia para vender entradas a un precio superior al marcado. La sospecha, de sentido común, se ve confirmada pero además queda registrada la manera en que la codicia y la ambición corrieron a partes iguales entre los artistas y la empresa.

Una «docena» de artistas

En el ojo del huracán de estas revelaciones estaría la banda estadounidense Metallica que ha protagonizado dos giras mundiales seguidas (una en pabellones y otra en escenarios aún más grandes, que en Madrid alcanzó los 68.000 espectadores) y que sería el objeto de las grabaciones publicadas por «Billboard». La llamada interceptada tuvo lugar entre el presidente de Live Nation EE UU, Bob Roux, y un antiguo asociado de Metallica Tony DiCioccio, que implicarían también a un promotor independiente, Vaughn Millete. En ella, se sienta la estrategia de cómo las entradas serían desviadas al cauce de reventa, donde el precio es libre y lo fija el vendedor, en los lotes que los organizadores reservan a clubes de fans o patrocinadores. La mayor parte de los aficionados a la música ya habían asumido esta práctica como una obviedad, después de numerosos casos en los que, al minuto de salir a la venta, los tickets estaban agotados y mágicamente aparecían al doble de su precio en portales de segunda mano. Sin embargo, según asegura la compañía a la revista para aportar su versión de los hechos, en todos los casos que han llevado a cabo la reventa fraudulenta, ésta es el resultado de la petición del artista, y no de la compañía. Entre 2016 y 2017, según reconoce Live Nation, en torno a una docena de músicos «nos pidieron» desviar las entradas a los revendedores.

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Sin embargo, tanto en las grabaciones publicadas como en sus comentarios posteriores se aprecia una sospechosa descarga de culpas general. En primer lugar, se insiste en que la reventa no se produce sin la iniciativa del artista. Luego Live Nation no asume la responsabilidad. Y segundo, que no siempre son los propios músicos quienes toman la decisión, sino que habitualmente son sus mánagers o consultores externos los que piden elevar el margen de beneficio de un concierto en particular. La información, que surge a raíz de uno de estos «hombres de confianza» hace referencia a los californianos Metallica, pero no ofrece más nombres de artistas ni se precisa si la práctica se extendió a su gira europea. Además, exime de responsabilidad a James Hetfield y los suyos, que nunca habrían llegado a tener conocimiento directo de los números.

De esta manera, según lo publicado, se desviaron 4.400 entradas por concierto durante los 20 de la gira Norteamericana de 2017, que, aproximadamente, se repartían en 2.640 entradas «premium» a las que le pudieron sacar mucho más valor del nominal, y otros 1.780 asientos «problemáticos» por hallarse en lugares de visibilidad reducida o en las filas más altas de los pabellones, que son complicadas de vender pero de las que puede obtenerse una recaudación mayor de la previsto de inicio con compras de fans irredentos o de último minuto. La ironía del asunto es que, pese a que la gira de Metallica de aquel año fue la novena de mayor recaudación (facturó 111 millones de dólares), el ejecutivo encargado de colocar estas entradas en el mercado secundario comunicó que, para el montante global de esos tickets desviados, el resultado fue que perdieron dinero. Incluso Millete, encargado de poner los pases a la venta, se quedó con parte de los ingresos como su comisión, con lo que la banda ni siquiera obtuvo beneficio alguno. Eso, en todo caso, esa experiencia no les disuadió de volver a colocar entradas en el mercado secundario en 2018, en colaboración con Live Nation, aunque con un intermediario diferente.

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Un ángulo interesante de la historia es que, según revela «Billboard», Live Nation ganó la subasta por incorporar al grupo a su nómina de artistas al ofrecer a la banda el 95 por ciento de los ingresos. Hasta ese momento, el grupo había tratado de trabajar con compañías independientes y tenía una oferta de otro gigante del sector, AEG. Además, Live Nation es propietaria de la principal plataforma de venta de entradas del mundo, Ticketmaster, compañía que ante las polémicas y sospechas generadas en los últimos años cerró sus webs Get Me In! y Seatwave dedicadas a la reventa, pero, para el caso particular de Metallica, la operación de colocación de entradas de reventa habría sido operada a través de Stub Hub, propiedad de eBay.

Sin embargo, la propia compañía reconoce que esta práctica fraudulenta empezó a caer en desuso porque comprobaron que resultaba mucho más beneficiosa y menos polémica las múltiples variantes de entradas «premium», «VIP», «platino», «golden circle» y demás opciones de trato o acceso preferencial, así como la posibilidad de comercializar tickets con «precio dinámico» en función de la demanda, de manera que el desvío al mercado secundario ha caído «virtualmente a cero».

«No estamos a favor»

Según se defienden, esta es la mejor manera de acercar la recaudación del tour a su verdadero valor de mercado y de aumentar los beneficios también para la promotora de la gira. La reflexión que hacen tanto artistas como las empresas es que, si hay público dispuesto a pagar un 30 por ciento más por una entrada en la reventa, ese beneficio no debe ir a terceros sino a los promotores del evento y al artista. Sin embargo, ni unos ni otros quieren enfrentarse a la mala prensa, las críticas en las redes y, en suma, a la ira de los fans, que ven en la reventa consentida la codicia que no aprecian en la misma situación de, por ejemplo, los espectáculos deportivos, los reyes de la reventa normalizada. En el caso de la música, la identificación emocional entre el público y sus grupos es tal, que los segundos temen enfurecer o decepcionar a sus propios seguidores. Así que el dilema al que se enfrentan es claro: o mantienes precios bajos para agradar a tus fans, ganar menos y permitir a terceros enriquecerse... o lo haces tú mismo aunque luego te llamen codicioso.

Ante los intentos del Ministerio de Cultura por regular esta práctica en España, los directivos de Live Nation han mostrado su apoyo a que exista una normativa. «Parece que nosotros estamos a favor de la reventa, pero estamos en contra y nos parece bien cualquier acción para regular el mercado secundario, que está en un limbo, porque hay particulares que lo utilizan para deshacerse de entradas que no pueden aprovechar, mientras otros se benefician de ello, en algunos casos de manera profesional», declaró a Efe Roberto Grima, presidente de LiveNation España en 2018. No será la última vez que hablemos de esto.

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Vacío legal en España

Tras las polémicas desatadas en España con las entradas disponibles para el público en los conciertos de U2, las asociaciones de consumidores y los fans denunciaron la situación y el Gobierno decidió tomar cartas en el asunto. Primero fue Méndez de Vigo (PP) y luego José Guirao (PSOE) quienes se comprometieron a desarrollar una normativa. La conferencia sectorial presentó un informe preliminar, pero no han conseguido culminar una normativa que unifique el marco legal para las 17 comunidades autónomas. La normativa vigente tiene más de 30 años y no preveía el entorno digital como contexto de la compraventa de entradas. Quizá en la próxima legislatura.