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El fin de una era: Keith Richards deja el alcohol a los 74 años

Como decía el cantante y compositor estadounidense Bob Dylan, el mundo está cambiando: el componente más polémico de The Rolling Stones ha dejado el alcohol

  • Keith Richards, de 74 años, es el componente más polémico de la mítica banda The Rolling Stones
    Keith Richards, de 74 años, es el componente más polémico de la mítica banda The Rolling Stones

Tiempo de lectura 2 min.

15 de diciembre de 2018. 01:16h

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Gonzalo Núñez 15/12/2018

Los polos se derriten, Europa se desgaja, el PSOE pierde Andalucía ... y Keith Richards, la madre superiora, se ha quitado el hábito. Sí, señores, como decía Dylan, el mundo está cambiando. Es un hecho: el más satánico de sus majestades ha dejado el alcohol. Licorerías del mundo, toquen a rebato. «Simplemente me cansé», confiesa en una entrevista a «Rolling Stone» que es el punto y final a la leyenda del santo bebedor, el mito del guitarrista conservado en Jack Daniels hasta los 74 años. Richards, todos lo saben, se ha bebido el Niágara y luego parte del Nilo.

Nunca ha ocultado sus vicios; a veces, los ha blandido con orgullo mediante frases que hubieran hecho palidecer de envidia a Oscar Wilde: «Siendo claros, yo nunca he tenido problemas con las drogas; solamente con los policías». O bien: «Nunca he tenido una sobredosis en el baño de otra persona. Me parece la cumbre de los malos modales». Cuando estuvo al borde de la muerte por una caída de un cocotero en Fidji, la Prensa habló de inmediato sobre sus devaneos con el genio verde de la botella. Él negó la mayor: «He visto la muerte muy cerca y si algo he aprendido es que...no debo sentarme nunca más en la rama de un cocotero».

Ahora, el hombre que «aprendió a vomitar apropiadamente», asegura llevar un año a base de una copita o una cerveza cada tanto. «Era hora de dejarlo. Es interesante tocar sobrio. Ahora lo hago de forma más concienzuda, más pendiente de los huecos y los espacios». En la misma revista, Ronnie Wood mantiene que «es mucho más apacible ahora. Es un gusto trabajar con él». Es probable que su enemigo íntimo, Mick Jagger, que se las ha visto y deseado con Richards, haya pensado lo que Jess Franco verbalizó tras la muerte del no menos salvaje Klaus Kinski: «Descansemos en paz». Con una gira en vistas en Estados Unidos, habrá que ver si la decisión del guitarrista afecta al tono, el timbre y el mito de los Stones.

Al fin y al cabo, todos necesitamos malditos en los que mirarnos, y el provecto Keith Richards, el tipo que se esnifó las cenizas de su padre o que, pasado de rosca en su cameo en «Piratas del Caribe», le dijo al director que si buscaba «a alguien erguido» él no era «la persona indicada», era un último asidero para los borrachos optimistas del mundo. Pero el músico ha decidido dejar el alcohol antes de que le deje. En un último gesto inesperado, le ha sacado la lengua a la botella. En esta hora solemne, no queda sino acogernos a la oración del Santo Bebedor: «Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte».

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