El pacto Fáustico de Barceló

El pintor ilustra la obra emblemática de Goethe, un conjunto de 72 acuarelas que aportan su visión del deseo y la inmortalidad.

El pintor ilustra la obra emblemática de Goethe, un conjunto de 72 acuarelas que aportan su visión del deseo y la inmortalidad.

Toda obra literaria tiene una traslación en imágenes, que, en el fondo, no es más que la relectura que hace el pintor, el director de cine o el grabador de un libro. Miquel Barceló podría haberse limitado a ser un viñetista, un nuevo Doré, un artista con bastante mano y filigrana para los detalles y las variadas minuciosidades de la ilustración, pero ha querido desmarcarse del papel de «dibujante de escritor», de amanuense o traductor pictórico y en esta versión ilustrada de «Fausto», que publica Galaxia Gutenberg, ha preferido dejarse llevar por los ríos de la inconsciencia y la inspiración, dejarse arrastrar por las sugerencias que le ofrecía la lectura de la emblemática novela de Johann Wolfgang von Goethe, para crear unas acuarelas distintas, muy suyas, pero, a la vez, fieles al texto y leales al significado del libro. «“Fausto” es una reflexión sobre el poder, el mal y el bien. No es una sucesión de metáforas, que también lo es, pero lo más importante que tiene es que todavía dice cosas que nos afectan», comentó el pintor.

El artista, que ya ha ilustrado la «Divina comedia» y que ha publicado «Cuadernos de África» o «Cuaderno de Himalaya», reveló que estas obras surgieron del ambiente y la atmósfera que encontró en el norte de la India. «Empecé a trabajar en un ámbito budista. Y, de hecho, hay en estas acuarelas algo de los colores de allí, de la escenografía que encontraba, como la de los guerreros tibetanos, que se puede ver en alguna de las representaciones de Mefistófeles. A mí no me gusta hacer folclore, pero esa influencia está ahí». Barceló reconoció que no es un ilustrador típico y que enfocó esta labor desde una esquina muy diferente: «Creí que podía aportar algo diferente, porque soy pintor, no ilustrador. La inspiración la encontraba releyendo. De repente, leía un pasaje y me venía una idea. En un momento, Goethe nombra un mono, pues entonces yo dibujé un planeta lleno de monos. Todo viene del texto, pero, a la vez, no quería hacerlo visible, sino crear ilustraciones».

La sombra de Mefistófeles

Barceló renunciaba así a enmarcarse en tradiciones o en escuelas y optaba por seguir su propio trayecto. Pero eso sí, admitiendo algo que muchos intuían: «Pintar es vender tu alma todos los días; es como jugar al póquer, que unas veces se gana y otras se pierde». Con esta similitud y desdeñando, a la vez, la última acción de Banksy («Cosas como esas suceden desde que Male-vich pintó blanco sobre blanco. No es nada nuevo. Ha pasado siempre»), el artista reconoció también que «todos tenemos un Mefistófeles dentro, una sombra de Fausto».

Barceló habló de los libros que lee y sobre los que le gustaría trabajar. Habló de los volúmenes de «En busca del tiempo perdido», de Marcel Proust, del interés que le suscita la «Biblia», que sería un buen tema, «El libro de los muertos» o la «Crónica de indias», «que es como un western, algo que también es un poco tabú en la actualidad», y, también conversa sobre la modernidad que todavía rodea a este texto de Goethe que leyó por primera vez en su juventud y que ahora le ha acompañado en docenas de paseos. «El tema de Fausto es algo que compartimos todos los seres humanos. Es lo que nos inquieta. Se trata de una reflexión sobre la vida, muy actual. Trata del conocimiento, el olvido, el deseo, la pérdida del deseo, el poder y su perdida, la idea de Dios o la ausencia de Dios. Por todo eso se llama clásico».

Este primer volumen (el segundo saldrá en 2019), que cuenta con una edición bilingüe en alemán y español, consta de 240 páginas, pero 72 de ellas, o sea, casi un tercio, pertenecen a los dibujos de Barceló, que ha desarrollado su particular universo en el contexto de esta obra. «Hacer libros me parece urgente. He hecho muchas exposiciones, quizá demasiadas, pero libros nunca son los suficientes. Es algo que falta, aunque algunos piensen justo lo contrario. Y esto no lo hacemos como regalo de Navidad, sino para que quede para siempre, no es ningún plan comercial o estratégico», dijo el artista. Barceló ha jugado con la ambigüedad, ese terreno tan atractivo para los artistas, creando una serie de acuarelas inquietantes, que poseen una doble lectura, que pueden contemplarse de dos maneras, derechas o invertidas, originando una figura distinta o pintando figuras que se duplican en el contacto con la página siguiente y que parecen multiplicarse al dar la vuelta al folio.