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«El paso decisivo a la modernidad»

Pere Gimferrer, autor de esta declaración, habla para LA RAZÓN, junto con Jaume Plensa, Antonio Rivero Taravillo, José Luis Ferris, Alberto Conejero y Mario Gas del legado literario y la actualidad de la Generación del 27

Tiempo de lectura 4 min.

16 de diciembre de 2017. 00:35h

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Víctor Fernández 16/12/2017

Probablemente sea el grupo poético del 27 uno de los que ha logrado más adeptos, más lectores, en los últimos años. Este diario ha hablado con algunos de ellos sobre el legado de aquella generación. El artista Jaume Plensa es el más escueto: «Me quedo con Rafael Alberti».

Por su parte, el poeta y académico Pere Gimferrer apunta que «la Generación del 27 representa el último y decisivo paso a la modernidad literaria; Rubén Darío la había iniciado salvando el anacronismo de gran parte de la poesía hispánica de la segunda mitad del XIX con muy pocas excepciones, Bécquer entre ellas. Juan Ramón Jiménez dio el siguiente paso hacia la modernidad que por su temprana muerte no pudo ser abarcada enteramente por un posible Rubén Darío de madurez. Pero se trataba de dos genios individuales: lo llamativo del 27 es que es una puesta al día llevada a cabo en zonas muy diversas por un grupo considerable de poetas, en su mayoría de primer orden, imposible sin la existencia previa de Bécquer y Juan Ramón, pero capaz de la plena inserción en la modernidad occidental coetánea».

El grupo poético que nació con la excusa de un homenaje a Luis de Góngora es uno de los que ha conocido más estudios, con ensayos biográficos ya definitivos de buena parte de sus miembros. El escritor y traductor Antonio Rivero Taravillo, autor de la más completa biografía de Luis Cernuda, asegura que «en lo personal me ha servido de educación sentimental y poética; la obra de los poetas de 27 se confunde con mi propia vida. Me quedo con ese apoyarse en la tradición (Góngora pero también Garcilaso) que les da impulso y los hace clásicos a ellos mismos. Es ocioso decirlo, pero mi poeta favorito del grupo es Cernuda, que lo reúne todo: honda voz lírica y acento moral. Pero ninguno sobra. Puestos a recordar a un miembro poco conocido y algo periférico, reivindicaría a Pedro Garfias».

El reloj de Europa

Quien también ha estudiado al 27 es José Luis Ferris, que recientamente ha publicado una biografía de María Teresa León. «La generación del 27 es para mí la conquista de la modernidad, la sincronización de nuestra historia y nuestra cultura con reloj de Europa, y el momento más brillante de nuestra literatura desde el Siglo de Oro. De ella me quedo con el sueño que les impulsaba a cambiar la sensibilidad de un país, a alcanzar la libertad a través de la cultura y, por supuesto, me quedo con Aleixandre, Cernuda, Lorca, Maruja Mallo, María Teresa León y con un muchacho que llegó tarde, pero llegó: Miguel Hernández», apunta Ferris en declaraciones a este diario.

Vayamos ahora hasta los escenarios porque no son pocos los autores del 27 que dieron el salto a las tablas teatrales. El caso con una mayor repercusión es el de Lorca, pero también tenemos a Alberti o Bergamín. El dramaturgo Alberto Conejero afirma que «si me pregunta por una nómina de urgencia contestaría Lorca, Cernuda y Zambrano; si hay un poco más de desarrollo le diría que fue uno de esos raros y breves momentos en los que España multiplicó sus luces y no sus sombras, en los que se creyó en una república de hombres y mujeres libres de espíritu y hambrientos de poesía, en los que el teatro se asomó tanto a las vanguardias con la pértiga del pasado (la recuperación del teatro clásico) y la del futuro. Aquí te hablaría de Manuel Fontanals, Cipriano Rivas Cherif y la gestión de la Xirgu del Español; de los intentos de democratización del teatro (Misiones, Barraca, etc.) y de los Ateneos Libertarios y los Clubes».

Abiertos a lo cotidiano

Otro hombre de teatro, Mario Gas, añade que «no solo es una de las más grandes generaciones poéticas españolas, sino de toda Europa. Me queda más cerca la de los 50, pero la del 27 sigue formando parte de mi vida y continúo releyéndola, de Salinas a Cernuda. Sí, vuelven a Góngora, pero también a Juan Ramón e incluso a Machado, aunque no les gustase reconocerlo. Estaban abiertos a lo anglosajón e iniciaron esa abertura a lo cotidiano que luego explotaría con los poetas del 50. La primera vez que fui consciente de estos poetas –prosigue– fue en bachillerato, cuando cayó en mis manos los poemas de amor de Pedro Salinas. Hablamos horas y horas de esos poemas con nuestro profesor, así como de los de Dámaso Alonso, Guillen o Aleixandre. A parte de Lorca, claro, y ciertas cosas de Alberti, que son muy buenas, no destacaron mucho en teatro, pero son unos maestros, con una poesía culta, existencial y amorosa».

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