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El sentido de la historia

  • El saqueo de Roma por Alarico
    El saqueo de Roma por Alarico

Tiempo de lectura 2 min.

18 de agosto de 2019. 05:56h

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Jorge Fernández Díaz 18/8/2019

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El año 410 las hordas de Alarico I saqueaban Roma, cuyos ciudadanos contemplaron, desconcertados, cómo en 100 años pasaron de la persecución del Cristianismo por Diocleciano, al establecimiento de la libertad religiosa, para llegar –finalmente– a su proclamación como religión oficial en 380. No es de extrañar que la caída posterior del Imperio fuera interpretada como la venganza de sus dioses por haberles abandonado.

Intentar comprender el significado de los acontecimientos es algo propio del hombre, que ha reflexionado desde la antigüedad acerca del «sentido de la historia»: responder a la pregunta de si la sucesiva relación de acontecimientos producidos a lo largo del tiempo son el fruto del azar, combinado con el libre albedrío y la actuación de las leyes naturales o si, por el contrario, considerando ambos, todo tiene un sentido predeterminado dirigido a un fin.

Diversas han sido las interpretaciones sobre el fin de la Historia desde Platón y Aristóteles, hasta el contemporáneo Fukuyama. Para Hegel era la grandeza de Prusia, para Mao el «hombre nuevo».

Los cristianos tenemos como referente a san Agustín con su obra La Ciudad de Dios, quien, en la encrucijada histórica de la caída del imperio romano, estableció la «Teología de la Historia», determinando el sentido cristiano de la misma: Las dos Ciudades, la de Dios y la mundana el bien y el mal—, que conviven incluso dentro de nosotros, y que están en lucha permanente desde la creación, hasta el fin del mundo.

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