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El verano del primer placer

Antonella Sudasassi denuncia en su ópera prima, "El despertar de las hormigas", las estructuras familiares patriarcales y reivindica la sexualidad femenina

  • El verano del primer placer

Tiempo de lectura 2 min.

02 de agosto de 2019. 17:27h

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Marta Moleón 2/8/2019

La tierra se queda dormida en un pequeño pueblo de Costa Rica donde el verano y el sudor colonizan de forma progresiva los rincones del deseo y la intimidad de Isabel. Nacida y criada para ser buena madre, buena hija, buena esposa, buena nuera y mejor mujer, la joven de apenas treinta años esconde entre la longitud de su pelo unas ganas irrefrenables de cambiar aspectos de su vida que se atascaron en un tiempo demasiado arbitrario y una sociedad excesivamente patriarcal como para querer quedarse. Dentro de un contexto tan poco alentador deambula la protagonista de la ópera prima de Antonella Sudasassi, «El despertar de las hormigas», toda una proclama contra las estructuras familiares arcaicas que constituye, en palabras de la costarricense, «una historia que no pretende convertirse en una película inmensa con grandes giros de guion. Esta es una cinta vista desde la realidad, desde lo cotidiano, desde lo que pasa en casa cada día».

No se equivoca la directora cuando señala la cotidianidad como elemento estrella del relato. Y es que, gracias a la ayuda de los silencios y placeres soterrados con los que Isabel va dibujando la estructura de su vida, vemos cómo el cuidado de la casa, su independencia económica (sustentada con pinzas en pequeños arreglos de costura), la preocupación por la crianza de sus dos hijas, la frustración sexual que experimenta con su marido y la imposición social para tener otro hijo, se convierten en el pan de cada día de alguien que está pidiendo a gritos salvarse. «Es absolutamente necesario y urgente que las mujeres hablen de sexo en el cine. Es indispensable ver reflejada la sexualidad femenina en la gran pantalla porque durante siglos nos hemos dedicado a ver la masculina. Nuestra concepción sobre la masturbación por ejemplo sigue siendo tabú, mientras que en el caso de los hombres, es algo completamente natural», asegura con firmeza Sudasassi acerca de un asunto explícitamente reflejado en la cinta.

La necesidad de que la mujer decida autoexplorarse sin dudas ni prejuicios sobre su cuerpo subyace a lo largo de toda la historia para convertir el ruido de los insectos que taladra las tardes, el agua de la ducha inundando las palmas de las manos y el calor impertinente en una delicada «reivindicación de la belleza».

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