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Éluard a Gala: «Tu ausencia me mata»

Las cartas que el poeta francés dirigió a Gala, quien fuera su esposa, se pondrán ahora a la venta en París el 19 de junio por un precio de salida de 300.000 euros.

  • Esta imagen evoca la relación del poeta con la musa del surrealismo, una relación emocional, intensa, apasionada, que ahora, la salida a subasta de sus cartas, recupera
    Esta imagen evoca la relación del poeta con la musa del surrealismo, una relación emocional, intensa, apasionada, que ahora, la salida a subasta de sus cartas, recupera
Barcelona.

Tiempo de lectura 8 min.

12 de junio de 2018. 01:32h

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Víctor Fernández.  Barcelona. 12/6/2018

Es uno de los epistolarios más importantes de la historia de la literatura francesa del siglo XX. En su contenido hay amor, mucho amor, una pasión encendida que poco a poco se va apagando a consecuencia de la aparición de un tercero. Es también la constatación de unos deseos insatisfechos, de un amor que se fue acabando por la indiferencia de ella. Hablamos de un conjunto de 266 cartas escritas por el poeta surrealista Paul Éluard a quien fue su primera esposa y musa, una rusa llamada Elena Ivanovna Diakonova y que ha pasado a la historia como Gala. Esta colección de cartas es una de las estrellas de la subasta que se celebrará el 19 de junio en Drouot de París, junto con otros manuscritos, algunos de ellos también pertenecientes a Paul Éluard. Entre ellos destaca una carta de Salvador Dalí, segundo esposo de Gala, además de un manuscrito de René Char titulado «Artine» de veinte páginas. ¿Por qué sale todo esto ahora a la luz? Es muy probable que estemos ante una parte de los papeles del poeta francés guardados por su hija Cécile, fallecida en agosto de 2016, ya casi centenaria. Fue precisamente ella la encargada de recuperar y dar a la luz las cartas de su padre a su madre.

Las misivas llegaron a Cécile de una manera peculiar. En 1982, tras la muerte de su madre, los entonces responsables de controlar al agonizante Salvador Dalí quisieron alcanzar a un acuerdo con ella. Cécile estaba lógicamente enfadada y dolida al comprobar que su madre había tratado de desheredarla. Pudo llegarse a una solución de consenso con la que se evitaron los futuros problemas testamentarios, es decir, reclamaciones, que podrían aparecer con el fallecimiento de Dalí. Cécile Éluard recibió, entre otras cosas, el retrato que el pintor surrealista hizo deÉluard, un dibujo original de Giorgio de Chirico y un grabado de Picasso. En el conjunto también estaban las cartas que se publicarían dos años después en Gallimard, bajo el cuidado de Pierre Dreyfus y con prólogo de Jean-Claude Carrière, que incorporaba 18 misivas de Gala a Éluard. En 1986 el volumen apareció en España de la mano de Tusquets.

Antes del surrealismo

Lo que se ofrece en Drouot son 266 cartas y postales autógrafas que han sido conservadas en un álbum, una correspondencia íntima que nos lleva de 1924 a 1948, cuatro años antes del fallecimiento del poeta, todo ello con un precio de salida de 300.000 euros. Éluard aparece siempre como el hombre enamorado desde la primera misiva, con matasellos del 12 de mayo de 1924: «Mi niña querida, espero que pases pronto por aquí. Me aburro. Te he escrito. Deberías haber preparado los sobres antes de salir. Pero te consolará la forma en que voy a amarte. Verás cuando llegue los regalos que tengo para ti. Eres la única preciosa. Eres mi único amor, jamás he amado a otra. No puedo amar a ninguna otra».

La vida de Gala antes de ser la musa del surrealismo es todavía hoy un enigma. Se sabe que perdió pronto a su padre, que su madre se casó en segundas nupcias y que su padrastro fue quien la animó en los estudios. Una tuberculosis la obligó a instalarse en el sanatorio suizo de Clavadel. Fue allí donde conoció a un jovencito con aspiraciones literarias llamado Eugène Grindel, aunque sería luego más conocido por su seudónimo: Paul Éluard. No tardaron mucho en prometerse, casarse en París y en ser padres de una pequeña llamada Cécile.

A Éluard le fascinaba su esposa hasta el punto de llevar orgulloso una fotografía de ella desnuda que no dudaba en mostrar a sus amigos. En las misivas queda expuesto ese deseo, así como la angustia cuando la pareja está separada. Eso es lo que nos encontramos en una nota del 29 de mayo de 1927: «Mi bella, mi adorada, tu ausencia me mata. Todo está vacío, solo tengo tus vestidos para besar. Echo de menos tu cuerpo, tus ojos, tu boca, toda tu presencia. Eres la única, te amo desde toda la eternidad. Todas las desdichas que he sufrido no son nada. Mi amor, nuestro amor las abrasa. Cuando vuelvas hoy a equiparte ma-ravillosamente. Dime la talla para el pijama (!!!). Quiero que tengas cuanto sea posible tener, lo más hermoso. Prolonga tu ausencia lo menos posible. Vuelve pronto. Sin ti yo ya no soy nada. Mis otros deseos los hago realidad soñando. Mi deseo de ti lo realizo en la realidad. Absuelve la realidad».

Pero este matrimonio no fue tan fácil como da la impresión y no parece, tampoco, que Gala tuviera demasiado interés en mostrarse como una madre dedicada y cariñosa. De hecho, otro célebre miembro del grupo surrealista, Max Ernst, se convertiría en una de sus parejas esporádicas, aunque con el visto bueno de Éluard. Sería Ernst uno de los primeros en convertir a Gala en modelo de dibujos y la incluiría en su celebérrimo cuadro «Reunión de amigos» como única mujer del grupo. A Gala, acompañada de su marido, también la encontraremos en un cuadro de Chirico realizado en 1923, o tiempo después como modelo fotográfica ante la cámara de Man Ray.

Todo cambió de repente en 1929. Durante ese verano, Gala acompañó a su marido y a su hija, además de a otros amigos y compañeros surrealistas, para conocer a uno de los responsables de la película que tanto había impactado en el movimiento artístico dirigido por André Breton: les esperaba Salvador Dalí en Cadaqués. El pintor ampurdanés se enamoró locamente de Gala y ella lo dejó todo, absolutamente todo, por quien sería desde entonces su inseparable pareja.

Una distancia insalvable

El epistolario a subasta demuestra que Paul Éluard tenía la esperanza de que su esposa volviera pronto a su lado. El 4 de febrero de 1930 le apunta a su esposa: «Gala, si se me ocurre pensar que todo puede haber terminado entre nosotros, soy en verdad como un condenado a muerte, y a qué muerte. Mi niña pequeña, ¿cuándo volverás? Ahora estoy bien. Pero escríbeme. Te cubro de besos».

Un mes más tarde, Éluard incluso se presta a ir a por ella: «¡Me daban ganas de irte a buscar a Barcelona! Ten la seguridad de que te amo, de que te deseo todo cuanto tú desees. Pienso en ti incesantemente, cada minuto. (...) Estoy bastante bien. Char es muy simpático. Escríbele a la misma dirección. Te quiere mucho. Saludos amistosos a Dalí. Te adoro. Puedes estar tranquila siempre».

A medida que la distancia es una evidencia, en las cartas se constata el interés de Éluard en ayudar a Dalí, de apoyar la comercialización de su obra. Las misivas también nos proporcionan algunas interesantes informaciones sobre el funcionamiento interno del grupo surrealista, con encuentros y desencuentros.

Está también la preocupación por recibir noticias de Gala mientras en el Viejo Continente se vive la Segunda Guerra Mundial y antes, en España, la contienda civil. Las últimas misivas conservadas en el álbum que sale ahora a subasta nos revelan los problemas financieros que padeció Paul Éluard, algo que contrasta con el éxito económico que Dalí ha cosechado especialmente en Estados Unidos. Así se lo dice el escritor en febrero de 1948: «Este invierno la vida ha vuelto a ponerse muy difícil. El billete de 1.000 F tiende a convertirse en unidad de moneda. Su marido [se refiere al de su hija Cécile] ya no gana nada, nadie compra. Yo le doy desde hace mucho 10.000 frs. al mes, pero eso no es ni mucho menos suficiente. La hija cuesta dinero. Todo es muy difícil. Ya nadie me paga, y vivo cada vez más solo. Y encima nieva y hace mucho frío. Para calentar mis 4 habitaciones no tengo más que una miserable estufa de leña, y hacerme la comida es un problema. Tus paquetes nos ayudaban mucho. Pero ya no recibimos. Entiéndeme bien. No quisiera que te preocuparas, pero sobre todo Cécile está angustiada. (...) Cree que ya no la quieres y que no volverá a verte. Aunque es una mujer bastante dura, llora cada vez que habla de ti».

Poco tiempo más tarde, Paul Éluard destruyó todas las cartas que recibió de Gala y le pidió a la que había sido su esposa que hiciera lo mismo. Afortunadamente, ella no hizo caso a esa petición y ahora se ponen en venta.

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