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En busca de Emanuela Orlandi, desaparecida en 1983, “donde indica el ángel”: abrirán dos tumbas dentro del Vaticano

Una carta anónima con una posible pista sobre el paradero de la joven desaparecida en 1983, ha logrado la autorización del Vaticano para que se abran dos sepulturas del cementerio el próximo jueves.

  • Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983. Tenía 15 años y nunca se supo más de ella.
    Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983. Tenía 15 años y nunca se supo más de ella.
Roma.

Tiempo de lectura 8 min.

11 de julio de 2019. 10:09h

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Ismael Monzón Roma. 10/7/2019

Las tumbas de dos princesas alemanas que se encuentran en un cementerio dentro de las murallas del Vaticano serán abiertas mañana para comprobar si esconden los restos de Emanuela Orlandi, la hija de un empleado vaticano desaparecida en 1983.

La fiscalía vaticana dispuso la apertura de las dos tumbas después de la petición de la familia Orlandi, que no se ha rendido nunca en la búsqueda de la joven, cuya desaparición es uno de los grandes misterios del país.

El último capítulo de esta novela negra comienza con una misteriosa carta anónima en la que se lee un mensaje críptico: «Buscad donde indica el ángel». El resto de elementos del relato ya los tenemos. Una niña desaparecida, una familia rota cuyo empeño no ha sido doblegado, un presunto asesinato, la Iglesia, la mafia, miles de hipótesis y ninguna certeza. Y ahora, un ángel. Una pista que lleva directamente a una figura, en un cementerio del Vaticano, donde van a intentar poner fin a un suspense que dura ya 36 años.

El Vaticano ha ordenado que el próximo jueves sea exhumada la tumba de la princesa alemana Sophie von Hohenlohe y de la monarca de Dinamarca y Noruega Carlotta Federica di Meclemburgo. Ambas llevan enterradas desde hace siglos en el Cementerio Teutónico, un minúsculo camposanto ubicado dentro de los muros vaticanos, en el que se da todavía sepultura a personajes de relieve de origen germánico que hayan prestado servicio a la Iglesia. La localización sigue acrecentando el misterio. Y es que resulta que, en las lápidas de estas dos buenas mujeres, un ángel de piedra acompaña la famosa inscripción de «descanse en paz».

Para facilitar el acertijo, el remitente de la carta había adjuntado una fotografía que se corresponde con este lugar. No iba a ser todo tan difícil. Esta información llegó a manos de la familia de Emanuela Orlandi, la hija de un funcionario de la Santa Sede de la que no se ha vuelto a saber nada desde el 22 de junio de 1983, cuando salió de casa para ir a clase de música y nunca más volvió. De modo que la abogada de los Orlandi, Laura Sgrò, se presentó en la Secretaría de Estado vaticana para dar parte de lo ocurrido. Las investigaciones se han prolongado durante algunos meses, pero finalmente la oficina del Promotor de Justicia de la Santa Sede ha dispuesto que se abran las tumbas y se analicen los huesos que allí se encuentran, por si hay restos genéticos que correspondan con los de la pequeña Orlandi.

Indicios

El proceso llevará días o semanas. Un inconveniente para una época de noticias instantáneas, pero que debería resultar insignificante cuando estamos hablando de una historia que se escribe desde hace ya demasiado tiempo.

El encargado de la toma de muestras para el posterior examen de ADN, el profesor de medicina legal en la Universidad de Tor Vergata Giovanni Arcudi, explicó a la página de información del Vaticano que se examinarán los restos óseos "para su clasificación y datación y para todos los demás diagnósticos que se puedan hacer en antropología forense, para establecer la edad, el sexo, la estatura, etc".

Después de este primer examen, se podría "excluir la hipótesis de que los restos óseos pertenezcan a personas diferentes a las dos que fueron enterradas allí", agregó.

Pero en el caso de que se encuentren otros restos humanos, añadió, "el tiempo de la operación se alargaría y podría ser útil la identificación odontológica, el estado de los dientes, a partir del cual se puede rastrear hasta la edad".

Posteriormente se realizará el examen de ADN "para llegar a certezas y excluir de forma definitiva y categórica que en las dos tumbas haya algún resto atribuible a la pobre Emanuela".

"Para la prueba del ADN pueden ser necesarios 20 días, 30 días, e incluso pueden ser 60 días porque a veces hay que repetir la prueba", destacó el médico forense.

Solo 15 años

Emanuela tenía solo 15 años cuando desapareció en un día tan normal como cualquier otro. Un mes antes, a Mirella Gregori, otra romana de la misma edad, también se le perdió la pista. Las chicas no se conocían entre sí, pero tenían amigos en común, por lo que su caso siempre se asoció. Desde entonces ha habido innumerables indicios que han dado esperanzas de dar con su paradero, pero siempre han terminado en fiasco.

El último se produjo el pasado octubre, cuando encontraron unos extraños huesos en la nunciatura vaticana en Roma. La Santa Sede lo anunció con un inusual comunicado oficial bien entrada la noche, por lo que se dispararon los rumores de que podíamos haber llegado al final del culebrón. Los periodistas italianos recuperaron la historia de Emanuela Orlandi, uno de sus misterios favoritos. El furor llegó al ridículo en el momento en el que un instituto especializado de la ciudad de Caserta determinó que los restos óseos eran de una etapa que va desde el año 90 al 230 d.C., en la época paleocristiana. Estábamos ya en enero, el nexo con las niñas desaparecidas había sido descartado semanas antes y poco después apareció la carta como nuevo elemento. Años atrás también se había exhumado otra tumba en la basílica romana de San Apolinar después de que la mujer de un jugador del equipo de fútbol de la Lazio de Roma afirmara que los restos de la niña se encontraban allí. Las investigaciones también fueron infructuosas, pero la historia es demasiado jugosa como para no ser contada.

Y esto sucede cada vez que hay un nuevo elemento. Un año antes de que Emanuela desapareciera, había quebrado el Banco Ambrosiano, una entidad católica de carácter privado en la que habían metido mano su presidente, Roberto Calvi; el cardenal Paul Marcinkus, presidente del IOR, conocido como el banco vaticano; y el empresario vinculado con la mafia Michele Sindona. Por obra divina, Marcinkus consiguió inmunidad diplomática y se largó a Estados Unidos, donde nunca fue juzgado. Pero Sindona fue envenenado en la cárcel y a Calvi lo encontraron colgado de un puente de Londres. Ambas debieron ser muertes accidentales, porque tampoco se les encontró un culpable.

¿Una deuda con la mafia?

Una de las teorías más asentadas del caso Orlandi es que la Iglesia había contraído una deuda tan grande con la mafia romana de La Magliana que no podía pagar y, como mecanismo de presión, los criminales raptaron a la niña para obtener su dinero. Ésta es la teoría que mantiene Pino Nazio en su libro «El secreto de Emanuela Orlandi». Según sus indicios, habría muerto poco después de ser secuestrada y habla de un fin bastante escabroso, por el que resultaría imposible hallar ahora sus restos. Otra de las hipótesis es que la menor fue víctima de algún episodio macabro de pederastia en el que estarían involucradas personalidades del Vaticano.

Y, por suponer, en el libro «Los impostores» del periodista italiano Emiliano Fittipaldi se especula con que la Santa Sede se habría encargado de ocultarla en un convento de Londres. La familia nunca ha cesado en su búsqueda, en ocasiones con una fuerte presencia mediática, esperando incluso encontrarla viva en algún momento. La conspiración siempre ha funcionado muy bien en Italia. A Juan Pablo II lo intentaron matar en un extraño atentado en la Plaza de San Pedro cometido por un hombre turco llamado Ali Agca, al que después el Papa perdonó tras visitarlo en la cárcel. Precisamente el terrorista que intentó acabar con la vida del Papa Wojtyla ofreció otra de las pistas.

Poco después de la desaparición de Orlandi, una voz misteriosa que se identificó como «el americano» decía tener bajo custodia a la niña y ofreció un intercambio con Ali Agca. Juan Pablo II hizo un llamamiento desde la Plaza de San Pedro para que fuera liberada, pero no consiguió nada. Ha quedado claro que un rompecabezas que se prolonga desde hace más de tres décadas tiene tantas piezas que a estas alturas resulta difícil creer que una nueva resulte la clave.

Solo la época de la posverdad y la inquietud de la familia han devuelto este caso, que parecía convertirse en uno de tantos misterios sin resolver, a primera línea. Gianfranco Girotti, ex regente de la Penitenciaría apostólica, ha expresado que «la decisión de abrir las dos tumbas tiene la única intención de poner fin a esta historia con tintes de fábula». El Cementerio Teutónico está solo a 200 metros de la casa en la que vivía la familia. El relato circular triunfa entre los bestsellers y a veces novelas negras –y artículos como éste– terminan por donde empezaron.

Un polémico caso para el Vaticano

Pietro Orlandi, el hermano de la muchacha, ha actuado durante todos estos años como portavoz de la familia. Su padre, Ercole, murió hace años tras varias intervenciones en el corazón. Mientras que su madre, Maria, dice que ha sufrido demasiado como para ponerse al frente. Pietro ha sido el rostro de los Orlandi para la Prensa, sobre todo, en sus constantes apariciones en el programa «¿Qui l’ha visto?» (la versión italiana de «¿Quién sabe dónde?», que se sigue emitiendo en la RAI), pero también cuando ha habido que contactar con el Vaticano. El hermano ha acusado en multitud de ocasiones a la Santa Sede de no haberse involucrado en el misterio de Emanuela e incluso de complicidad. Aunque la decisión de abrir las tumbas en el Cementerio Teutónico ha cambiado esa percepción. Ahora agradece el empeño al secretario de Estado, Pietro Parolin, y al comandante de la Gendarmería vaticana, Domenico Giani. Según él, que la noticia la diera además la sala de Prensa vaticana confiere al caso un tono de oficialidad. «No sé qué pasará, pero antes de excluir ciertas cosas, es necesario aclararlas. Estamos contentos con que se nos escuche», dijo Pietro al diario «La Stampa».

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