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Enrique Bunbury: «Un camerino con niños es el gesto más auténtico del rock »

Actúa el martes en el Teatro Real y empieza gira en España. El artista habla de sus proyectos, sus miedos, sus pasiones y su paternidad

  • Enrique Bunbury: «Un camerino con niños es el gesto más auténtico del rock »
Nueva York.

Tiempo de lectura 8 min.

23 de julio de 2016. 23:20h

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Nueva York. 23/7/2016
Enrique Bunbury es, con diferencia, la estrella más internacional del rock and roll español. Adorado en toda América, su trayectoria es un prodigio de eclecticismo y un romance con el rock en todas sus vetas pero también con el tango, la chanson francesa, la tradición de los cantautores italianos, el pop más radiante, el country, el cabaret, la electrónica, la ranchera, el tango, la música balcánica, el glam, el blues y el folk. Su último disco, El libro de las mutaciones, es un directo grabado para la MTV. Después de recorrer con el Mutaciones Tour Colombia, Argentina, Guatemala, Ecuador, México y EE.UU., este verano gira por España. El 26 de julio toca en el Teatro Real de Madrid y entre septiembre y octubre llenará cuatro noches el Auditorio Nacional de Ciudad de México.

–Dicen que es un hombre reservado, incluso tímido. ¡Cualquiera lo diría viéndole en directo!

–La timidez se diluyó con los años. Pero sí que soy discreto y reservado hasta el extremo. Encima de un escenario me dejo llevar por la música y el espectáculo. El escenario concede licencias que no me permito en la vida real. Entiendo sin reservas la diferencia entre el mundo del espectáculo y la vida terrenal.

–Casado y con una hija. ¿Qué fue del sexo, drogas y rock and roll?

–Mis giras son un carromato nómada en el que viajamos toda la familia. Para mí un camerino con niños es el gesto más auténtico del Rock’n’ Roll. No entiendo a los que consideran las giras como una escapada de fin de semana y el resto del tiempo llevan vidas de burgueses de adosado. Las drogas sólo me interesan como estado alterado de conciencia. El sacrificio y constancia que exige la vertiente lúdica no creo que compense. Y el sexo sin amor es una pérdida de energía innecesaria.

–¿Por qué Oscar Wilde, Mr. Bunbury?

–Hace muchos años que elegí el pseudónimo por la obra de teatro de Wilde. Era un adolescente en busca de mi propia identidad. Las expectativas sociales, familiares y del entorno, siempre son cargas de las que es bueno desprenderse, o por lo menos hacer oídos sordos.

–Hace poco menos de un año dijo que quería un respiro y sin embargo aquí está, otra vez en la carretera.

–Se me cruzó el MTV Unplugged y dio al traste con mis planes de vida contemplativa. Me pareció el momento y el proyecto. Y claro, ahora lo defiendo con una gira. No es tan larga como lo habitual, pero está siendo muy intensa y me está regalando momentos mágicos con el público de todos los países visitados.

–También explicó que estaba cansado de producirse y ha vuelto a hacerlo.

–Ya. He aceptado mi sino. No he conocido en quién delegar. Me resulta difícil escribir un guión y dárselo a otro para que lo dirija, si me aceptas el símil. Puede desvirtuarlo totalmente. A mí, me supone el doble de trabajo, pero obtengo un control absoluto sobre el resultado final.

–¿«Unplugged» no significa en español «desenchufado»? Lo digo porque el disco, que está repleto de detalles y capas, aunque también espontáneo y orgánico, escapa de ese concepto.

–El término «desenchufado» no me interesa. No estoy ni vital ni musicalmente en esa etapa sonora. No me apetece la simplificación. Ni los palos puristas. Me salté ciertas normas e interpreté a mi manera el concepto que me propusieron. Y lo dejé claro desde el primer momento. Si no, que hubieran llamado a otro.

–¿Y el nuevo disco?

–Trabajo en nuevas canciones desde que terminé «Palosanto» (2013). Estoy listo para grabarlo en cuanto tenga un hueco. Mientras tanto, va evolucionando. Escribo canciones en los periodos de descanso y cada canción nueva me parece que funciona mejor que lo que escribí antes. Así que el tiempo que está pasando está mejorando considerablemente el material que aparecerá en el álbum.

–¿El bloqueo, si llega, cómo se puede curar?

–Trabajando. Lo he tenido infinidad de veces, pero nada que un encierro no haya solucionado. El gran problema es cuando tienes un bloqueo y no te apetece ponerte a trabajar, que también sucede a veces.

–¿Se ponen muy pesados algunos con la vuelta de Héroes?

–No me interesa repetir el pasado. Alguna vez me propusieron hacer una gira conmemorativa tocando en su integridad el disco «Pequeño» (1999), que es el favorito de muchos. Vivir o repetir el pasado, sin aportar artísticamente, ni evolucionar y desarrollar tu propio lenguaje, me parece una memez. Y, mientras tenga canciones en el tintero, el futuro siempre me parecerá mucho más interesante. También he recibido ofertas para resucitar a Héroes del Silencio, casi una tradición anual, y me siento halagado. Que alguien recuerde tus canciones con tanto cariño después de tanto tiempo es un honor y un privilegio que no sucede todos los días.

–¿Pagó algún precio por dejar el grupo?

–El precio fue menor que el favor del público recibido. He tenido la fortuna de tener el favor y fervor del público en las diferentes etapas de mi carrera, con Héroes del Silencio, con el Huracán Ambulante y ahora con los Santos Inocentes. Mis intereses musicales son múltiples e intento satisfacer mis pasiones. Quedarse en una única fórmula sonora o dentro de un terreno más o menos acotado, desde luego que es una opción válida, pero no es la mía.

–Ha trabajado con infinidad de leyendas. ¿Quién le falta?

–Aunque canté con muchos de los grandes de la canción hispanoamericana todavía me quedan unos cuantos grandes que, quién sabe... Participé en un homenaje a Caetano Veloso, pero no canté con él. Me gustaría hacerlo con Rubén Blades. Y porqué no con Sabina y con Santiago Auserón. Quizá también con Vicente Fernández y con Rosendo y el Drogas.

–¿Realmente, tal y como dijo un día, quiere aprender el arte del trapecio y, entre otras cosas, sacarse la licencia de piloto?

–Es una pena que no tengamos el coraje de vivir varias vidas en este tiempo que se nos otorga. Me gustaría hacer otras cosas. Algunas empecé a hacerlas con modestia, humildad y privacidad. Pero dedicar más tiempo a otras facetas que me apasionan es un propósito muy en serio que pretendo cumplir alguna vez.

–¿Cree que España sospecha de los artistas?

–Es cierto que «Ex-pain» no solo no respeta a sus artistas, sino que los ve sospechosos por el hecho de tener un éxito más o menos constatado. Es así, no le demos más vueltas. Cada país y cultura tiene sus cosillas. Es imposible un Charly García, un Johnny Cash, un Bob Dylan, una Mina, un Juan Gabriel o un Johnny Hallyday. Ni los gobiernos, ni la sociedad han fomentado ni celebrado la excepcionalidad. Gusta demasiado lo normal, el vecino del quinto, el «qué simpático». Pero si ¡Hasta hemos tenido una monarquía basada en la campechanidad!

–Vive en L.A. ¿Qué encontró allí?

–Vivo en Los Angeles desde hace seis años. Vine por unas razones y permanezco por otras. La ciudad es culturalmente una de las más generosas del mundo. Solo comparable, quizás, a New York, Londres, Tokio o París. Es una ciudad en la que cualquier pasión puede ser desarrollada a cualquier nivel. Es la ciudad más independiente y alternativa y la más «mainstream». Mentalmente tiene muy poco que ver con el resto de los Estados Unidos y mantiene un «link» muy importante con la latinidad. Actualmente, además, se ha puesto a la cabeza del mundo del arte y es una ciudad básica para pintores y artistas contemporáneos.

–¿Y cómo ve la situación política y social en España desde Estados Unidos?

–La situación política española, desde aquí o desde allí, parece que está en un callejón sin salida. Creo que todavía hay demasiado miedo a realizar los cambios evidentes que necesita el país. Entiendo el miedo, no lo comparto.

–¿Le gustaría producir a algún grande, como hicieron en su momento con Johnny Cash?

–Producir es un trabajo muy mal pagado y quita mucho tiempo. Lo hice con algunos artistas y no quiero volver a hacerlo, aunque fantaseo con la idea que planteas. Creo que Jaime Urrutia tiene un «American Recordings» pendiente, por ejemplo.

–¿Nos recomienda un libro, un disco y una película?

–Estoy muy obsesionado con una poeta polaca maravillosa: Wislawa Szymborska. «Paisaje con grano de arena», que publica la editorial Lumen, es una buena manera de introducirse en ella. Hace un buen recorrido por su obra a través de cien poemas fantásticos. El último disco de Bowie es obligatorio, demuestra la grandeza de un músico que no se conforma con su legado y que hasta el último momento cree que puede aportar algo distintivo y diferencial. Muchos se quedaron con el Bowie de los 70 y no hacen caso a sus grandes obras posteriores. Para mí «Blackstar» (2016) junto con «Outside» (1995) y «Earthling» (1997) están a la altura de lo mejor de su legado. Me gustó mucho «Beasts of no Nation», de Cary Joji Fukunaga, que fue quien dirigió la primera temporada de True Detective. Todos creíamos que la grandeza de «True Detective» estaba en el guionista Nick Pizzolatto, pero cuando se fue Fukunaga, la cosa naufragó. Fukunaga en cambio, dirigió esta obra maestra desde el corazón de África con mayoría de actores aficionados.

Llegar a América con la chulería del conquistador

¿Por qué ya no pinta nada el rock? Enrique Bunbury responde rápido, casi sin dejar tiempo de acabar la pregunta: «La música española de cualquier género debería aceptar sin complejos su complicidad con el mundo latinoamericano, del que tenemos más que aprender de lo que nuestra prepotencia europeísta nos hace creer. La mayoría de bandas fueron de visita a América con la chulería del conquistador y volvieron con el rabo entre las piernas. No sólo no nos necesitan, sino que están un poco hartos de esa actitud. Además, no es sólo querer ir a América, sino poder. No es igual el Turismo Rock que practica la mayoría que la realidad de un intercambio con un público con el que estableces una comunicación real, dispuesto a comprar un ticket o un disco. Los festivales son, en este sentido, una burbuja en la que entiendo que es agradable vivir; pero el mundo está ahí fuera y que paguen por ver un concierto tuyo es otro cantar».

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